martes, 17 de marzo de 2020

Escriño. En tiempos de cuarentena que no nos falten las palabras...



Segunda palabra del confinamiento.

escriño. m. Cofre pequeño o caja para guardar joyas, papeles o algún otro objeto precioso.
         Teniendo en cuenta las anteriores, y aun las que vendrán después, es difícil darle a escriño la palma de palabra desusada por excelencia. Ignorada lo es, y mucho. Y es voz, sin embargo, de constitución sonora relativamente común, porque algunas hay, bien familiares, además, como armiño, hiño (de heñir), corpiño, niño, cariño, pestiño o la vulgar piño que *ripiarían con ella de mil amores. Aun tratándose, pues, de una palabra que no llama la atención por su sonoridad, sí que sorprenderá a no pocos el hecho de que haya permanecido tan olvidada cuando su significado nos pone en relación con un objeto tan común, pues no hay casa en la que no haya un escriño por lo menos, y en muchas incluso más de dos. Ahora sabemos ya que, en vez de guardar las joyas en el redundante joyero, las podemos depositar en el escriño, palabra que produce un efecto de revalorización inmediata, como le pasa al oro en tiempos de crisis. Apenas la hayan oído vuestros interlocutores, creerán a pies juntillas, ¡y hasta casi de hinojos!, que guardan vuestras mujeres en esos escriños las joyas de la corona, o poco menos. Aunque la igualdad de las dos sílabas iniciales parezca  inducir a pensar que algo ha de tener en común escriño con escribir, nada más lejos de la realidad. De hecho, el primer significado de la palabra es el de cesta de mimbre donde se les daba de comer a la yunta de bueyes que tiraban del carromato cuando se iba de viaje. Ello nos da a entender el buen sentido práctico de los romanos y su aptitud para saber apreciar el valor real de lo verdaderamente importante. Es escriño, pues, la palabra que les da valor a las joyas; no éstas a aquél. Como se trata de un objeto apropiado para regalo, podéis usarla en variadas circunstancias. La más socorrida es siempre la de las serias dificultades que tiene el cónyuge en parejas longevas a la hora de encontrar un regalo de aniversario o de Reyes. Contexto apropiado lo es también la descripción medio jocosa de lo que la cónyuge puede llegar a tardar en componerse para salir de casa: “...Y cuando ya creí que saldríamos por la puerta…, ¡zas!, abre el escriño y comienza a revolver en él como si buscara una olvidada joya de su tatarabuela... que, como era de esperar, no encuentra. Entonces se inicia el temido baile de las probaturas sobre el pecho y sobre la oreja, el vals encadenado e infinito de quien no está dispuesta a salir de casa hasta que el decoro se lo permita...” “El escriño de una mujer atesora su naturaleza telúrica”, puede alguien  arriesgarse a decir, o mejor dicho, a repetir*. La complicación viene después, porque no hallaréis interlocutor que omita, pensativo, complacido y generoso, el interrogativo ¿por qué? que os forzará a una alambicada explicación sobre carnalidades y gemologías. Confiad en vosotros. Improvisad. O, mejor aún, sacad del escriño  un buen par de aforismos que los dejen ayunos de habla y a vosotros saciados de elocuencia.
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*Pozaforismos, inédito de Juan Poz

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