Un
juguete apasionante en manos de creadores lúdicos.
Me llega, de
manos de mi buen amigo Francisco M. Ortega, un original volumen publicado por
Gabriel Santo Erruza, quien ha tenido la brillante idea de trabajar con el
ChatGPT para conseguir unas narraciones que, partiendo de autores y obras muy
conocidas, permitieran ofrecer una nueva visión de algunos clásicos de siempre.
El punto de partido es nítido: ¿Qué
ocurriría si los autores no pudieran escapar de sus propios mundos ficcionales?
Atados y bien atados a su producción emblemática, Santo Erruza concluye que
la ficción sobre la ficción no solo reimagina a los autores universales en sus
propios mundos, sino que les da voz como participantes en la narrativa que
ellos mismos crearon.
El
procedimiento creativo se explica al final del breve volumen (disponible en
Amazon.es), y no creo arruinar ninguna sorpresa si lo adelanto a esta
introducción para que todo el mundo sepa exactamente cuál ha sido el proceso
creativo de los textos, redactados por el ChatGPT a partir de las indicaciones del
autor, tal y como él atestigua: Estos cuentos comenzaron a escribirse, bajo
mi dirección y con ideas motoras a través de prompts* que le facilité,
basadas en textos originales, a ChatGPT, el cinco de enero y se acabaron de
producir el nueve de enero de dos mil veinticinco.
*Para los no iniciados, los prompts
son las «indicaciones» que se le da a la IA para interactuar con ella o que
produzca aquello que se le ha requerido. Esta claro que en la medida en que
dichas indicaciones sean más claras, mejor resultado se obtendrá de la IA. A
mí, que soy ultracurioso de todo, me falta algo más de claridad en la mecánica
de ese proceso, porque, desde mi
reciente experiencia con el ChatGPT, de la que ya he dejado constancia hace un
par de entradas en este mismo Diario,
advierto que conviene precisar cómo de mascadas le hemos dado las
indicaciones a la máquina para que esta combine sus poderosos algoritmos y nos
dé lo que le hemos pedido. Ignoro si hay, en estos Cuentos artificiales, mucha
o poca intervención del autor, pero, por lo leído, creo que el esfuerzo
narrativo ha corrido más por parte de la IA, y eso se percibe en la relativa
calidad de la narración, sobre todo en el uso de fórmulas hechas que cualquier
creador humano desdeñaría por manidas y marginaría en favor de nuevas
expresiones. Recordemos la cita famosa de Valéry según la cual el poeta se
reconocía imposible novelista porque quería evitar tener que escribir frases
como «La marquesa salió a las cinco».
Por pura curiosidad, y recurriendo a mi archivo de ocurrencias, rigurosamente ordenadas, a la espera de que el famoso numen me indique que tire de una para sacar lo que sea, una narración, un ensayo, una obra de teatro o un nuevo libro de aforismos, le pedí un día a ChatGPT que escribiera un cuento breve a partir de esta sencilla y solo apuntada trama: La papelera o Camarero de las musas. Un camarero con sobradas uces sirve cada día en un cafe literario, que lo es porque al lado de cada mesa se ubica una papelera metálica en la que, a lo largo del día, los candidaos a escritores y los escritores con nombre van tirando los ensayos fallidos de sus obras, en un gesto muy a la usamericana, esto es, apenas un párrafo, tres tachones y la hoja casi impoluta.
El resultado fue catastrófico. Escribió una nadería sin sustancia que me abochornó, porque di en pensar que la responsabilidad era mía, por el escaso potencial narrativo del asunto ofrecido. Pero no, la superficialidad del desarrollo, del que no conservé copia, ¡y ahí sí que fallé yo!, era de tal naturaleza que prácticamente desarrolló todo aquello que yo hubiera descartado enseguida. Mi conclusión fue que aún le queda mucho a la señora IA para siquiera acercarse al grado de complejidad de una febril mente creadora, o dicho de otro modo: la IA palidece al lado de Lezama Lima, de Góngora o de James Joyce, e incluso al del mismísimo Pérez Galdós o Leopoldo Alas, por recoger tendencias más próximas a sus capacidades.
Gabriel Santo le ha
dado, pues, unas indicaciones a la máquina que condicionan el relato que esta
ha hecho, por eso se percibe enseguida una cierta uniformidad de estilo que no
nos permite reconocer a cada uno de los autores sobre los que se ha planteado
el experimento narrativo. Y si Una mañana, tras un sueño intranquilo, Franz
Kafka se despertó transformado en una Inteligencia Artificial, la
correspondencia entre Galdós y Pardo Bazán se nos resuelve en un plano: Emilia
y Benito, dos corazones destinados a encontrarse, vivieron su relación como una
novela apasionada que nunca llegó a escribirse del todo, pero que quedó grabada
en sus almas para siempre, que acaso avergonzara a ambos, tan fugitivos de
los lugares comunes. De igual manera, sabemos que [Patricia] Highsmith no respondió. Había pasado la mayor parte del
día absorta en su libro, un estudio de casos sobre la mente criminal. Desde que
descubrió ese género en la biblioteca del barrio, no podía soltarlo.
Se trata en
consecuencia, de situar a ciertos autores en el marco de sus obras y verlos
actuar, sorprenderlos, como una parte innovadora de sus ficciones, como es el
caso de Melville, transformado en su personaje: Bartleby, intrigado por su
actitud tranquila, decidió darle una oportunidad. La notaría necesitaba a
alguien que pudiera copiar documentos con precisión, y Melville, a primera vista,
parecía ideal para el puesto.
―Melville, ¿vive
usted aquí? ―preguntó Bartleby, atónito.
―Preferiría no
responder ―fue la contestación, seguida de un silencio sepulcral.
Lo que sí es innegable es que los
algoritmos de la máquina son muy eficaces, porque Carmen Laforet interpreta su propia
novela, Nada, pero ambientada en México ―y supongo que esta sería una
indicación, un prompt, propio del autor―, razón por la que, a la hora de
referirse a las casas de hormigón, usa el mejicanismo «concreto», que allá usan
por influencia del anglicismo concrete.
Bueno, tampoco quiero yo chafarles la
lectura a los posibles lectores de este experimento curioso que marca muy
nítidamente, no solo las posibilidades de la IA, sino también sus fuertes
limitaciones en el ámbito de la creatividad literaria, una esfera de actuación
que, a mi humilde parecer, creo que va a resistírsele bastante tiempo.





