El placer de la inmersión diacrónica en los usos léxicos de un idioma en permanente ebullición semántica.
Me he preguntado muchas veces de donde me viene esta
suerte de fetichismo de la palabra con el que convivo desde ni sé cuando y que,
lejos de mitigarse con la edad y las lecturas, ha ido fortaleciéndose de una
manera que roza la obsesión. Es obvio que no soy el único lector aficionado a
leer diccionarios, glosarios y libros que se centren en el léxico, pero
reconozco que, a veces, un buen glosario se lo pone muy difícil a una buena
novela, un poemario o algún ensayo. Foucault ya escribió en Las palabras y
las cosas, que «lo que nos dejan las civilizaciones como monumentos de su
pensamiento no son los textos, sino más bien los vocabularios y las sintaxis».
Más tarde supe, leyendo a Eco, que esa idea no es original de Foucault, sino de
Jospeh Marie Degérando, autor de Des
Signes et de l'Art de penser considérés dans leurs rapports mutuels, obra
en cuatro volúmenes, de los que he encontrado tres en las digitalizaciones de
Google y que ya me he descargado en mi Biblioteca online para acercarme a ella
en cuanto pueda. El caso es que los lexicones siempre han formado parte de
nuestra cultura e incluso se han especializado por materias y disciplinas, por
lo que no es inusual encontrarse diccionarios de arquitectura, de términos médicos,
jurídicos, botánicos o taurinos, entre miles de ellos. ¡Hasta tuve en mis manos
uno sobre la masonería y otro sobre la numismática! Como la vida es corta, he
de seleccionar. Pero no he podido resistirme a leer la selección que hizo
Carmen Fontecha de estas voces que se presentan ante mí sobre todo desde los
siglos xvi y xvii, aunque hay algunas anteriores y
posteriores, por supuesto.
Nunca he sabido responder a la
pregunta sobre el origen de mi afición, aunque no me extrañaría que tuviera mucho
que ver con un desagradable suceso de mi adolescencia, cuando, con once o doce
años, en el curso de una pelea fraternal se me ocurrió insultar a mi hermano
con una «palabro», así lo concebí entonces, que desconocía: «¡Sifilítico!», le grité
con rabia. Llegado el insulto a oídos de mi padre, ignoro si vía materna,
aunque es muy probable que así ocurriera, recibí una somanta de bofetadas y
puñetazos que me dejaron baldado —mi progenitor era un gran aficionado al boxeo
y a los toros, ¡y lo que agradecí entonces que no se metamorfoseara en un
minotauro para zurrarme!—, pero en ningún momento me explicaron ninguno de los
dos, ni mi padre ni mi madre, el significado del «palabro» en cuestión. Aún no
tenía la costumbre de buscar en el diccionario, y toda mi ignorancia era por
transmisión oral, de ahí que tardara algunos años en saber exactamente la barbaridad
con que había insultado a mi hermano, quien ni se acuerda del hecho, cuando se
lo he recordado. Haber escogido latín y griego en el bachillerato fue el paso
decisivo, imagino, para ir construyendo una afición que devino pasión en pocos
años. A fuer de justo he de reconocer que el consejo de Fernando Sánchez Dragó,
quien no podía escribir sin tener el Casares junto a él, consejo que imité
cumplidamente, tanto que destrocé nuestro ejemplar y, al final, hube de
jubilarlo, no sin antes quedarme con la parte analógica, que aún sigo usando,
fue decisivo para consolidar la pasión que aún me depara tan excelentes
momentos de placer como el experimentado con la lectura de este glosario. Verificar
el uso correcto de una palabra para mis pinitos literarios suponía hacer una exploración
tan intensa en el Casares que me privó, sin duda. de escribir más, pero me permitió
hacerlo mejor, con lo que salí ganando en el cambio. Tentado he estado de calificar
de «razia» mis incursiones, pero la condición de «territorio amigo» del Casares
me lo ha impedido.
Al margen de las coartadas cultas y
vitales, no sé si engolfarse tanto en los tesoros como yo lo hago tiene algo de
evasión o de búsqueda de esa patria chica de la que todos blasonan y alardean
con ufanidad y hasta un puntito de soberbia, porque no hay más que recordar que
el chovinismo de Alacant, la millor terreta del món tiene su versión en
todos y cada uno de los pueblos de la península e insulares. De todos modos, en
el caso de Alicante, el origen de la frase se relaciona con una suerte de Vim
decimonónico de gran éxito en toda España. Habiendo nacido en Tetuán (Marruecos)
tiene algo de «destino» haber buscado en nuestro léxico la patria chica en
donde, con toda propiedad, he nacido y en la que, de formas muy diversas y
peregrinas, nunca he dejado de habitar. Y aquí estoy hoy, con mis compatriotas,
pasando el rato y disfrutando de lo lindo, porque la parva selección que aquí
ofrezco a mis intelectores es una gota del enorme caudal de noticias
sorprendentes que ofrecen estas voces comentadas de los textos clásicos. Me ha
traído a la memoria el volumen que Castalia dedicó a las voces comentadas en
sus ediciones de clásicos, y que ha permanecido en mi mesa de estudio junto a
otros diccionarios y lexicones, hasta que internet me ha facilitado la búsqueda y he decidió buscarles
un sitio de honor en nuestra biblioteca.
Quizás una selección de la selección
fuera del agrado de los «lectores perezosos», algo que ningún intelector
de estos «ladrillo»s que en este Diario publico es, porque un lector
lento es una exigencia de la sensibilidad, pero un lector perezoso es la
negación de la lectura. Voces hay más sorprendentes que otras, por supuesto,
pero cada intelector sabe descubrir las bellezas filológicas en donde
otros nada ven, porque la sensibilidad está muy repartida. Para mí son todas el
más hermoso y frondoso bosque imaginable, por donde doy estos largos paseos que
me reconfortan y animan para no perder la esperanza en el bien, la verdad y la
justicia; un bosque que respira vida y que impide que lleguen a sus senderos
bajo palio arbolado los gritos desgarrados de la carnicería que algunas actividades
cometen con las palabras, algunas de las cuales darían su vida por no ser
usadas y poder buscar amparo en bosques como este que aquí levanto para solaz
de quienes en él quieran adentrarse.
Estoy convencido de que cada una de estas palabras podría dar
pie a un jugoso intercambio de pareceres con quienes las lean, pero, dada la
imposibilidad de sobrecargar más este edificio de estilo mozárabe (por los «ladrillos»
lo digo...), yo mismo me abstengo de hacer algunos comentarios que me bullen en
los dedos, ansiosos por destacar tal o cual sorprendente significado o
expresión. Abierto está el bosque, erguidos los troncos de árboles tan hermosos
como poco vistos. ¡Que disfruten del «Baño de bosque»!
Abéñola. Pestaña. (Fr. Luis de
León.) Subsistió como sinónimo de orzuelo en Castilla y León, Rioja. Aragón y
Navarra. pinnŭla → piñuela (etapa reconstruida); piñuela → biñuela / beñuela; de
ahí las variantes abeñuela, abéñula, abéñola. Lo que no pudo fue competir con
pestaña.
Abrinquiñado. Delicado, sutil. (López de
Úbeda). Bien pudiera ser un hápax en López de Úbeda. Está emparentado con el
lusismo brinco y brinquiño, y Úbeda lo usa en relación con la obra de
orfebrería de la catedral de León. [El diccionario recoge, sin embargo, con
errata, abrinquinado.]
Absintio. Ajenjo. (Espinel) Aunque
esté cerca de la «absenta», esta es un préstamo tomado del francés absinthe,
que sirve para denominar la planta, nuestro «ajenjo», y la bebida.
Adarvar. Aturdir. (Cervantes).
Causar admiración. (Sebastián de Horozco). Aunque todo parece indicar que sea
un derivado de «adarve», lo es, en realidad, del arabismo ḍarb. «golpe». De ahí
ambos significados.
Agrura. Aspereza. (Autos, farsas,
etc. del siglo XVI).
Aguanoso. Que solo bebe agua y no
vino. (Quevedo). ¡Una maravilla!
Ajigolio. Afeite. (Quiñones de
Benavente). Otra candidata a hápax en este autor. Parece una creación burlesca
de ajolio, salsa de ajo y aceite, «ajiaceite», para indicar que el emplasto de
la cara es como una salsa puesta en el rostro.
Alcachofar. «Alcachofar el alma», 'expansionarse'. López de Úbeda. Aunque
suena a paradoja, dada la cerrazón de la hortaliza, aquí tenemos una visión de
la alcachofa abriéndose para que emerja su hermosa flor de color violeta.
Algesán. Barra de yeso para
escribir. (Bartolomé de Villalba y Estaña, autor de El Pelegrino curioso y
grandezas de España.) He aquí un hermoso ejemplo de voz caída en lucha
contra otra, de posible origen prerromano, más simple y efectiva: tiza. Algesán
está emparentado con aljez, yeso, del árabe hispánico alǧaṣṣ (yeso), y en última
instancia del latín gypsum.
Amapolarse. Pintarse la cara. (López
de Úbeda)- Un uso metafórico que bien podría rescatarse en nuestros días,
aunque andan los tiempos tan revueltos y trastornados, que difícilmente alguien
se avergüenza de nada.
(ambausan). «En el estilo de
ambausan». López de Úbeda. El genio lingüístico del autor crea una voz derivada
del canónico «bausán», que tiene dos significados para el DILE: «1. m. y f.
Figura humana, embutida de paja, heno u otra materia semejante y vestida de
armas, que se hacía para simular un combatiente. 2. m. y f. Persona boba,
simple, necia». Aunque la autora del Glosario la recoge como llana, es obvio
que la lectura correcta ha de ser aguda: «ambausán». Para complicarnos la vida,
el DILE deriva el término de un antiguo «babusana» cuyo origen se pierde en la
abigarrada noche de los tiempos... ¡Mira que si es de origen vasco...!
Anaciado. Atontado. Juan de la
Encina. Teniendo en cuenta que el DILE tiene «enaciado». Que define como
«En la Reconquista, desertor que se pasaba al enemigo adoptando su lengua y su
religión y actuaba como espía», acaso podamos deducir que el uso de Juan de la
Encina es una variación, un caso de término histórico especializado que se desgasta hasta
volverse insulto genérico; pero esto no pasa de hipótesis, por supuesto.
Antepós. Plato o principio con que
se empezaba la comida. (López de Úbeda). Teóricamente, la voz se construye con
«ante» y «pos», este último en calidad de abreviación de «postre», lo que nos
da el significado de plato principal antes del postre. Aunque parezca tener
alguna relación con antipasto, no tiene ninguna, pero ello mismo ya debería
sugerirnos que la usáramos para denominar al primer plato de la comida. «¿Qué
tomarán de antepós?». ¿no es una maravilla léxica? ¡Pues ánimo!
Apantomancia. Adivinación por las cosas
que casualmente se encuentran. (Cervantes) Se relaciona con la «apofenia»,
término propuesto en 1958 por el psiquiatra Klaus Conrad, que consiste en «percibir
patrones o significados donde no los hay». Lo cual se relaciona, a su vez, con
la «pareidolia», que es un caso particular de apofenia: reconocer imágenes o
sonidos familiares en estímulos ambiguos (ver caras en la Luna, por ejemplo).
Arbálias. «Ser un arbálias».
Entremetido y hablador. (Quevedo, La visita de los chistes). Muy
probablemente sea una variante quevedesca de un supuesto *Harbalias, de
Harbar: «Der. del ár. hisp. ẖaráb, y este del ár. clás. ẖarāb 'arruinamiento'; cf. port. afarvarse 'afanarse'», según
el DILE., donde se recoge sin acento, como es de suyo.
Arquimesa. Mueble para escribir.
(Bartolomé de Villalba). El DILE lo define así: «Mueble con tablero de mesa y
varios compartimentos o cajones». Se trata de una voz caída en desuso y
sustituida por otras como secreter y buró, ambas de ascendencia francesa.
Assomado. El que ha empinado el codo
en exceso. (Cervantes). Muy curiosa voz que tiene que ver con otra no menos
inusual: «somo», procedente de summum y que manifiesta en topónimos
norteños como Somo de Pas, Somo de Brenas, Somo de Lora, Somarriba, Somocueva o
Somovilla. Originalmente somo era un apelativo común con el sentido de
"parte alta" antes de fosilizarse en esos topónimos. Teóricamente, el
significado de assomado habría de referirse a quien comienza a estar borracho,
como lo recoge el DILE para la voz «asomado»: «principio de borrachera». De ahí
que sorprenda el que se recoge en este Glosario. Renuncio a pensar que la doble
ese sorda indique el duplo caminar sinuoso de los briagos, por supuesto...
Ataifor. Plato hondo. (Sebastián de
Horozco). De origen árabe, se aplica en primera instancia a ciertas mesas bajas
y redondas usadas por los árabes.
Ataujía. «Retrónicas y ataujía», 'retórica y primores de
lenguaje'. (Mira de Amescua). Curioso uso metafórico por
«damasquinado»: «Labor de adorno que se hace en una pieza de hierro u otro
metal embutiendo filamentos de oro o plata en ranuras o huecos previamente
abiertos», para referirse a los adornos lingüísticos...
Azumbrar. Trasegar copiosamente del
jarro al estómago. (Pedro Espinosa). El DILE no la recoge, pero tampoco recoge «azumbre»
como «jarro o pichel». Es probable que la interpretación de Rodríguez Marín
usara metonímicamente la medida, que sí recoge el DILE, para designar el jarro.
Badajada. Desconcertar las
badajadas. Salir de seso. (Francisco de Rojas). Se explica sola. No atinar con
las campanadas es, en efecto, salir de la cordura...
Ballenato. Natural de Madrid. Apodo
de los madrileños. (Cervantes). Tiene su origen en la conseja de haberse
propagado el rumor de haberse avistado una ballena en el Manzanares y haber
corrido los madrileños a verla y pescarla...
Barveza. Refacción ligera. (Juan de
la Encina). «Aballemos
sin pereza, / vamos a tomar barveza / y a gasajar con su madre». Se canta en
una égloga de Juan de la Encina. Aunque pudiera pensarse que estamos ante una
sonorización inicial de «parva» o un derivado hipotético, *parveza, es
difícil sostenerlo, dada la resistencia al cambio de las consonantes iniciales.
La palabra aparece en portugués: Porque o Senhor olhou a barveza de sua
serva, un versículo de Lucas 1:48, quia respexit humilitatem ancillae
suae, que puede ser traducido como
«Porque el Señor observó la humildad de su sierva». Lo que está claro es
que entre humildad y refacción ligera hay una contigüidad de significado
evidente. De ahí a sacar conclusiones media un trecho largo.
Barzón. Paseo ocioso. (Lope de
Vega). Voz exótica, hoy, para nosotros, pero acaso fácilmente comprensible para
una sociedad eminentemente agraria, porque el barzón es una pieza que gira o
acompaña el movimiento del tiro y como el arado describe trayectorias de ida y
vuelta. Bien puede deducirse de ello que se anda o pasea ociosamente, sin ir a
ningún sitio determinado.
Becoquín. Solideo con orejeras.
Gorra con dos puntas que cubren las orejas. (Lope de Rueda). Recuerdo que en mi
infancia en el frío Madrid, mi madre hablaba el pasamontañas para la gorra con
orejeras, que equivaldrían, imagino yo, a este delicado «becoquín».
Berza. Mezclar berzas con
capachos. (Cervantes) La usa Sancho para criticar que se mezclen cosas
diferentes y se induzca a confusión.
Bribia. Arte picaresca. La bribia.
La vida de los bribones. (Quevedo) De esta derivan «bribiar», que es andar en
vida de mendigo y la expresión «arte bribiática», que vale profesar la
mendicidad por holgazanería.
Bugre. Extranjero. (Quevedo) y
sodomita (Vélez de Guevara). Pues ahí donde se ve y oye, tan cerca de mugre, se
trata de un insulto con cierto pedigrí, porque procede del francés bougre,
que a su vez viene de bulgare 'búlgaro', especializado en ambos
significados porque la Iglesia consideraba herejes a los bogomilos búlgaros. Y
de «hereje» a «pecador nefando» se ve que solo había un paso cortísimo en
aquellos tiempos...
Bujeta. Caja o pomo para guardar
perfumes, que fue primeramente de boj.
(Esteban Manuel de Villegas).
Burrajear. Escribir mal. (Quevedo)
Borrajear con la pluma. De la familia de la «borra» y del «borrón», se trata de
escribir como quien deja esparcidos borrones a diestro y siniestro.
Cabitonso. Calvo. (Bartolomé de
Villalba). Por si no bastara con «recalvastro», aquí aparece este «cabitonso»
tan sonoro como gráfico. ¡Un acierto!
Çacaças. Pan con agujas dentro para
matar perros. (Fernando de Rojas). Desgraciadamente sigue existiendo esa
terrible y cruel costumbre. Ahora rellenan salchichas en vez de trozos de pan,
pero la maldad sigue siendo idéntica.
Cahíz. Hasta que el sol muestra
el cahíz del reloj. (Tirso de Molina).
Es decir, hasta que dan las doce. Y se dice así por las doce fanegas que
contenía un cahíz. ¿No es una maravilla, el ingenio popular?
(callar). «Al buen callar llaman
santo». (Mateo Alemán). Convivió siglos con Sancho y, posteriormente, el éxito
de Don Quijote, consagró Sancho y postergó santo.
Cantarranas. Calle de Madrid
(Cervantes) Hoy es la actual Calle Lope de Vega, en el Barrio de las Musas.
Capitoso. Terco. (Antonio de
Guevara). Está en el DILE, pero no en nuestras bocas, y la verdad es que es un
adjetivo contundente y hermoso.
Caxquillo. El hierro que iba en la
punta de la saeta. (Fernando de Rojas). Curioso cambio semántico de la flecha a
la bala. Y también tenemos el modismo «reír a casquillo quitado», que bien
podríamos revitalizar, de puro gráfico.
Cazasiglos. Persona muy vieja.
(Quevedo) Don Francisco poniendo siempre el dedo en la herida...
Cazolero. Natural de Valladolid.
(Cervantes) Ese gentilicio tan curioso se debe a la fama que tenían los
artesanos que hacían cazuelas de barro en aquella villa.
Cica. En germanía, bolsa.
(Cervantes). Y de ahí «cicatero», que, en origen, era el ladrón de bolsas o
cicas. Ahora, para e DILE es la tercera acepción, por detrás de la mezquindad y
ruindad de la primera, asociada al hispanoarabismo *siqáṭ, que vale la «acción de
remolonear un caballo».
Çinçonte. Pájaro americano. (Vélez
de Guevara). Una célebre película, titulada Matar a un ruiseñor tiene,
curiosamente, el pájaro cambiado, porque mockingbird en inglés no se
refiere al ruiseñor, que es nightingale, sino al «sinsonte», este
çinçonte que usó Vélez de Guevara y que
recientemente ha aparecido en la portada del libro de Walter Tevis, Mockingbird, con toda propiedad.
(clavo) «Poner un clavo y una S en las mejillas», señales de
esclavitud. (López de Úbeda). Forma parte de la popularidad de las
divisas, aunque esta de carácter infamante.
(coleta). «Metí yo mi
coleta». 'adición breve al discurso o materia de que se trata'
(López de
Úbeda); 'razón o palabra que se dice como al descuido para
recordar una especie o motivar que se hable de ella' (Mateo Alemán). La «coleta»
vendría a ser en las conversaciones de las gentes lo que las «morcillas» de los
actores en los diálogos teatrales dichos en escena.
(colorín) Colorín colorado. Un baile de este nombre. (Vélez de
Guevara). Sorprende que antes de que fuera una formula de cierre de los cuentos, «colorín colorado» fuera un baile, por más que no tengamos noticias de cómo fuera, solo el nombre, uno más junto a otros como «bullicuzcuz», «avilipinti», «carcañal» o «zambapalo»...
(consejo). Tribunal. «En consejo de bellacos, razonamiento de
trapos».(López de Úbeda) ¡Para cuántas situaciones es válida esta
afirmación! ¡Sobre todo en cónclaves políticos!
Corchapín. Calificativo injurioso
aplicado a una persona. (Cervantes). Tendríamos que tirar de etimología para
intentar deducir del «corcho» y del «chapín», calzado con suela de corcho, el
carácter injurioso del insulto. El DILE, por cierto, solo lo recoge como
«escorchapin», para una embarcación que transportaba soldados y bastimentos.
Cordelejo. «Dar cordelejo», 'probarle a uno la paciencia
con chanzas o ironías' (Cervantes; 'dar zumba' (Mateo Alemán). El DILE lo
recoge en segunda acepción como «dar largas», pero mucho me temo que esta
expresión se ha vuelto sinónima de la de «dar carrete», no tanto en el sentido
de dar largas, como en el de incitar a alguien a hablar o a seguir haciéndolo.
Cunquibult. Deformación de las
primeras palabras del credo de San Atanasio: Quicumque vult salvus esse,
«todo aquel que quiera salvarse»... Se usaba para denominar a un ridículo
afecto a los latinajos.
Chapa. «Hombre de chapa», 'Hombre de seso y formalidad' (Cervantes). Me llegan
lejanos ecos de la memoria de haber oído esta expresión, aunque en nuestros
tiempos, desde la época de os quinquis, se hable más de los «chaperos», 'prostitutos masculinos', por supuesto.
Damo. «A lo damo», 'a lo señor'. (Cristóbal de Castillejo).
Ya es curioso este masculino de dama que jamás hemos usado de algunos siglos a
esta parte, aunque, en estos desgraciados tiempos del lenguaje inclusivo, bien
pudiera emplearse y recuperar su existencia en el habla.
Desainado. Sin grasa. Es «saín» voz
frecuente en los crucigramas, pero esta voz, desainado, da un paso más allá, en
la medida en que son tantísimos los productos que se venden sin el saín que nos
arruina la figura y desordena la oficina del estómago.
Diacitrón. «Conserva hecha de la
carne de la cidra». (Cervantes y Lope de Rueda). No hay que ser muy espabilado
para darse cuenta de que con enorme dificultad podría diacitrón competir con el
tradicional «cabello de ángel»...
Doncelliponiente. «Joven aún poco
experimentado» (Vélez de Guevara).¡Y anda que no hay doncelliponientes en la
política...!
Dormidura. «Escalfar una dormidura», 'echar un sueño'. (Varios autores). Hay que
reconocer que usar esa expresión para referirse a lo que Cela llamaba el «yoga
ibérico» es todo un lujo léxico, ciertamente...
Edomada. Semana. (Sebastián de
Orozco). Lo propio es hebdómada, según el DILE.
Empleo. Noviazgo. (Lope de Vega).
Ya es curioso que una voz asociada tantísimo al mundo laboral hubiera
significado una relación amorosa en la época clásica. ¡Y cómo no lo iba a saber
Lope, «empleado» ejemplar...
Engomado. «Muy de copete engomado», 'tieso y acicalado'. (Cubillo de Aragón). En
buena lógica, se creó «engomadero» para 'presuntuoso, estirado'.
Escombrar. Limpiar la garganta,
tosiendo y escupiendo. (Cervantes). Es muy probable que proceda del catalán, en
el que vale «barrer».
Espetera. «Estar en espetera», 'se dice de las muchachas que
en un baile están esperando a que las saquen a bailar'. (López de Úbeda). No
recoge el DILE este modismo, pero es de una calidad metafórica extraordinaria,
teniendo en cuenta que en la espetera esperan los utensilios de cocina a ser
usados.
Falsopeto. Faltriquera falsa contra
ladrones de bolsas. (Lazarillo). Bolsillo en el entreforro del sayo (Mateo
Alemán). ¡Qué necesaria esta voz en tiempos de tanta inseguridad ciudadana!
Freza. Estiércol de puerco
(Eugenio de Salazar); «las freces del cocodrilo». (Fray Luis de León).
Curiosamente, yo tenía presente la seta acepción del DILE: «f. Cineg. Señal u
hoyo que hace un animal escarbando u hozando», y desconocía estas dos, tan
dispares, por cierto, pero herederas del mismo origen latino: faex, faecis,
que vale «poso, sedimento, residuo».
(gajo). «Alzar el
gajo», 'ensoberbecerse'. (Varios autores). Es muy
probable que se trate de una expresión de origen portugués: levantar o galho,
que vale por «levantar una rama caída». Lo cierto es que el uso de gajo
sorprendería mucho a nuestros interlocutores, aunque gajo tiene como tercera
acepción en el DILE: m. Rama de árbol, sobre todo cuando está desprendida del
tronco. ¡En fin, esos misterios tremendos de la lexicología...!
Galfarro. Hombre ocioso y de mala vida. (Diego de
Villalobos y Benavides). Es voz que se emplea para el gavilán, en tanto que ave
de presa. El «galfarro» se asociaba con el hurto. Curioso, el origen incierto
de esta voz, tan sugestiva.
Galochear. Picar con la garrocha.
(Bartolomé de Villalba). Garrochero se usa, al parecer, para quien pica a las
reses en el campo, pero bien podría usarse para el «picador» de los festejos
taurinos. Sería un bonito detalle de arcaísmo.
Gazatón. Disparate. (Bartolomé de
Villalba).Es curioso que esta voz se relacione con gazapatón. Según el DILE «del
lat. tardío cacemphăton, y este del gr. κακέμφατον kakémphaton, der. de
κακός kakós 'malo' y ἐμφαίνειν emphaínein 'expresar'. m.
Expresión malsonante en que se incurre por inadvertencia o por mala
pronunciación», esa mala pronunciación que advertimos en «gazatón».
Godeña. Prostituta rica.
(Cervantes). Se deriva del «godeño» usado para personas ricas y principales.
Guadramaña. Ficción o embuste.
(Sánchez de Badajoz). Deformación, al parecer, de «Guadarrama», un puerto
difícil de cruzar por los bandoleros y otras asechanzas.
Guizque. Doble gancho de hierro
fijo en la punta de un palo que usan los tenderos. (Pedro Espinosa). La palabra
también designa al aguijón, y se extiende por zonas muy concretas de la
península. A su manera, se refiere al mismo instrumento que en lengua náutico
llamamos «bichero».
Gulloría. Pajarillo muy sabroso y
delicado. (Cervantes). El DILE identifica ese pajarillo con loa calandria,
famosa para los amantes de la literatura por el Romance del prisionero, y añade
como segunda acepción «gollería», que le sirvió de título a Ramón para un libro
suyo muy entretenido: Gollerías, con el que quiso inventar un nuevo
género con el competir con sus propias greguerías.
Gustonería. Afición decidida por una
cosa. (Bartolomé de Villalba). ¡Qué voz tan expresivísima que nos hemos perdido
durante tanto tiempo para esas aficiones confesables e inconfesables a las que
nos entregamos con deleite y perseverancia!
(hablar) «Hablen
cartas y callen barbas», (Cervantes). 'Indica ser ociosas las
palabras cuando hay pruebas'.
Harbar. Hacer una cosa muy deprisa. (Cervantes). Comer
deprisa.(Juan de la Encina). Es palabra totalmente olvidada en el DILE: «harbar.
Der. del ár. hisp. ẖaráb, y este del ár. clás. ẖarāb 'arruinamiento'; cf. port. afarvarse 'afanarse'. 1.intr.
jadear. 2. intr. desus. Hacer algo deprisa y atropelladamente. Era u. t. c. tr.».
Hebra. La pate magra del jamón.
(Lope de Vega). Ojalá la recuperáramos para sustituir el «corte» o la «veta» actuales, tan minera esta última...
Hembro. Mujer hombruna. (Quevedo)
Como variante de «virago», no deja de llamar la atención, desde luego, y más en
eta época del bien denostado lenguaje inclusivo....
Hominicaco. Hombre pusilánime,
despreciable y de mala traza. (López de Úbeda). Deriva del famoso cruce entre
«monigote» y «macaco», que dio «monicaco, y de esta el «hominicaco» que aquí
traemos...
(hueso) «Desenterrar
los huesos», 'murmurar'. (Quevedo). Cómo se nota la
imaginación quevedesca...
Islilla. Sobaco. (Sebastián de
Horozco). ¡Sorprendente, la evolución léxica de ciertas palabras. Esta que
aquí, hoy, consideraríamos diminutivo de «isla», no tiene nada que ver con
esta, sino con «axila», siguiendo este itinerario: axilla → aliella → aslilla →
islilla. En el xvi, era tan común
para sobaco como lo es esta hoy para nosotros.
Izquierdear. Apartarse del camino
derecho de la razón. (Cervantes). Pues ya está.
Jabonar. Tratar a alguno mal de
palabra. (Cervantes). También se usaba «dar un jabón», con el sentido de
reprimenda o zurra física, por cómo las lavanderas «maltratan» la ropa sobre la
tabla cuando lavan. A partir del XIX, de los efectos del jabón para ablandar la
ropa surgió el «dar jabón» en el sentido de «lisonjear», que es el único de los
dos que ha sobrevivido.
(janual). «Palabras januales». De dos caras. (Mateo Alemán). Un
extensión mitológica precisa y expresiva. Muy útil para los políticos
de nuestros días. Aunque lo propio es que desconozcan quién fue
Jano, cómo se le representaba y qué mes se le
dedica...
(jo) «Jo que te
estriego», 'frase para alejar a una persona molesta'. (López de Úbeda). «Estriego» deriva de «frotar»
o «sacudir». Originalmente, era una frase dirigida a las mulas para obligarlas
a caminar a base de fustazos o golpes, y por extensión, pasó al lenguaje
popular para referirse a alguien que necesita ser reprendido o puesto en
cintura.
(juan) «Hacer San
Juan», 'mudar de amo'. (Lazarillo). «San Juan y
ciégale», 'invocación de los criados a su santo patrono ara que
sus amos no vean sus faltas'. San Juan es fecha señalada
no solo para esas mudanzas de amo, sino también para la renovación de los
contratos por las casas, pagar censos, ajustar salarios, mudar el ganado a
otros pastos, etc. A su manera, San Juan funcionaba como un Año Nuevo a mitad
de año.
(majar). «Majar en
hierro frío», 'trabajar inútilmente'. Lo propio, desde hace
mucho, ha sido «majar ajos», y ahí se nos agotaba este «majar» que para el DILE
es «Der. del ant. majo 'mazo de hierro', y este del lat. malleus
'martillo'». Ahora tenemos la oportunidad de evitar esa confusión tradicional
entre «batirse el cobre» y «*partirse el cobre».
Malívolo. Malévolo. (Micael de
Carvajal). Aun siendo tan iguales, qué duda cabe de que hay en «malívolo» una
reprensión ligera y afectuosa, frente a malévolo, que acusa mayor distancia y
frialdad.
Mamullar. Pronunciar como mamando
por falta de dientes. (Quevedo). De «farfullar» a «mamullar» hay ese abismo de
la edad que acaba con todo, máxime con los dientes, que raramente nos acompañan
íntegros, pasados los noventa. Asociada a
«mascullar», de la que toma ejemplo, porque «mamullar» viene de «mamar»,
este uso es posterior al tradicional «mascullar», que procede de «mascar», pero
tan expresivo como él.
*Manigoldo. Bribón. (Cervantes) Según
la IA, porque el DILE no recoge la palabra, «la etimología más aceptada lo hace
derivar, aunque con algunas dificultades, de un antiguo nombre o término de
origen germánico, relacionado con mundwalt o mundualdo. En español aparece
desde época medieval con el significado de verdugo, sayón, ejecutor de
castigos, y de ahí pasó después al sentido más general de «malvado, canalla,
bellaco». Como Cervantes estuvo en Italia, es muy probable que recogiera allí
el uso que hoy aparece en su obra. La fundación Treccani refuerza la
información de la IA: «manigóldo s. m. [prob. alterazione del germ.
mundwalt: v. mundualdo]. – 1. ant. Carnefice, boia, o anche assassino, aguzzino
e sim. 2. Nell’uso com., furfante, briccone: razza di manigoldi!; spesso con
tono scherz.: guarda che cosa ha combinato quel m. di tuo figlio; con funzione
attributiva: Poi che d’innumerabil battiture Si vide il m. Amor satollo
(Ariosto). Nell’uso pop. è usato anche il femm. manigolda».
*Matalaf. Colchón. (Lope de Rueda).
Pues sí, parece que compartíamos palabra, el catalán y el castellano, para
idéntico objeto: el colchón.
Obispa. La coroza de los
condenados por la Inquisición. (Quevedo) He aquí un uso de obispa que se aparta
del que recoge el DILE, la dignidad eclesiástica de obispo ejercida por mujeres
en la iglesia anglicana. «Obispa» es voz que, por vía metafórica, designa la
coroza de los castigados por la Inquisición, dada su semejanza con la mitra
episcopal.
(pan). «Buscar pan de
trastrigo», 'buscar ocasión de enojo con demasías imposibles”.
(Cervantes). 'Buscar una cosa fuera de sazón, inoportuna'. (Cervantes)
(perro). «El perro de
Alba», 'perro que por instinto descubría y mordía a los judíos'. (López de Úbeda).
¡Extraordinario descubrimiento! ¡Cómo no recordar la terrible e impaftante3
película de Samuel Fuller, Perro blanco, la historia de un perro
adiestrado para atacar exclusivamente a personas negras! «Nunca más perro al
molino», 'dicen esto las gentes escarmentadas del mal que les
sucedió'. (Fernando de Rojas).
Peruétano. Pera salvaje o borde.
(Cervantes). Hoy es prácticamente un fósil léxico, pero no está de más recordar
su existencia y, ¡quién sabe si su uso en contextos muy precisos del ámbito
rural!
(pie). «Con gentil
compás de pie», 'con gran prisa'. (Cervantes). Pues esto es
la elegancia en el decir, ciertamente.
Pinganillo. Carámbano, especialmente
en el que se forma en el alero de los tejados. (López de Úbeda). Ha de saberse
que la voz deriva del leonesismo «pingar», recogido por el DILE con un
significado de «pender, colgar», en su segunda acepción. Ignoro la presencia viva
que tendrá el término en el norte frío y propenso a las nevadas, pero la
acepción de auricular ha eclipsado, no sé si definitivamente a este «hielo
pendiente» en los aleros de las casas del norte de nuestro país.
Pobra. Femenino de pobre.
(Bartolomé de Villalba). ¡Mas leña al lenguaje inclusivo...!
Polaco. Individuo de la claque
teatral madrileña del siglo xviii.
(Moratín). De hecho, «polacos» eran los seguidores del Teatro de la Cruz,
mientras que a los seguidores del Teatro del Príncipe, del que el Teatro
Español en Madrid es su heredero, se llamaban «chorizos». Se desconoce el
origen cierto de «polaco» para definir despectivamente a los catalanes en el
resto de España.
Popar. Adular. (Cristóbal de
Castillejo). Despreciar. (Cervantes). «Dar a otro palmadas con aire de
desprecio»- (Cervantes). Derivado de «palpar», según el DILE, ¡qué significados
tan opuestos nos ofrece el contacto físico entre individuos!
Poralizar. Charlar. (Bartolomé de
Villalba). Al parecer, estamos en presencia de una evolución fonética que nos
lleva de «parlar» a «parolar», y, a partir de aquí, a la evolución popular:
parolar → poralar / poralizar, merced a fenómenos lingüísticos tradicionales en
el uso del castellano en épocas antiguas, la epéntesis, el cambo vocálico y la
derivación expresiva.
Proejar. Remar contra la corriente
con fuerza. (Vicente Espinel). Otro fósil léxico que, sin embargo, bien pudiera
tener uso en el ámbito de la política, donde, tan a menudo, sus protagonistas
están obligados a hacer frente a las adversidades con cuanta determinación les
permitan los datos que obren ya en la Justicia ya en la opinión pública. Desde
aquí abogo por que, en un país de tanta tradición naval, proejar vuelva a
surcar las turbulentas aguas de nuestra habla.
Propina. Estipendio que recibían
los claustrales por su asistencia a los actos académicos. (Diego de Torres
Villarroel). Es curioso que de esa vida académica acabara sobreviviendo en el
mundo extenso de los servicios.
Quellotranza. Angustia. (Juan de la
Encina). El DILE recoge «quillotranza», pero esas variaciones vocálicas son
fruto de las indecisiones que en todas las épocas tienen los hablantes, hasta
que se fija universalmente una forma. El significado es el mismo, y tiene relación
etimológico con «aquello otro», es decir, ese «no sé qué» que tanto y tan bien
uso la mística castellana del xvi.
Redomazo. Golpe dado por agravio con
una redoma llena de cualquier líquido que mancha o huele mal. (Cervantes). La
redoma tiene una larga tradición en nuestras letras, y en las ajenas, como en
el Orlando furioso, de Ariosto, por ejemplo.
Refirición. Relato. (Bartolomé de
Villalba). Ya es extraño que en DILE no recoja el sustantivo abstracto de «referir»,
porque es voz precisa y oportuna. Sí, está fuera de duda que «relato» —¡y más
en estos enrevesados tiempos políticos de agitación y propaganda!— le ha ganado
la partida, pero cuanto más la leo más me convenzo de su idoneidad.
Rijoso. Indómito. Furioso.
(Fernando de Rojas). No tardó mucho en desplazarse el significado de «fogoso» a
la pulsión sexual.
Rocín. Potro que por no tener
edad o ser de mala raza no merece el nombre de caballo. (Cervantes). La
recepción, pues, de Rocinante como un caballo 'para el arrastre' no se compadece con la
realidad.
Santiscario. Caletre. (Cervantes). «De
mi santiscario», 'de mi cosecha'. (Cervantes). No hallo un
origen preciso de esta voz asociada a “caletre”, pero, teniendo en cuenta el
uso de santa o santo para referirse al cónyuge o la cónyuge, es probable que,
por eco del “almario”, como deposito de la interioridad individual, «santiscario»
aparezca como el núcleo de la imaginación creadora propia. Y hasta aquí una
muestra del fértil terreno de las hipótesis que requieren, sin embargo, mayores
conocimientos filológicos para establecer un origen y la razón de un
significado.
Semínima. «La semínima», 'la menor cosa'. (Cervantes). El DILE lo
recoge en plural, «semínimas», como haplología de semi y mínima
con el significado de «menudencias». La verdad es que se nos presenta como una
voz que ni pintiparada para describir infinitos discursos que hemos de sufrir
continuamente por parte de muy variados interlocutores...
Sietepicos. Mujer muy parlera.
(Quevedo). Sin comentarios...
Sobarcar. Llevar alguna cosa de
mucho bulto debajo el brazo. (Fray Antonio de Guevera). Voz expresiva y
necesaria donde las haya, y lo digo en calidad de jefe de intendencia de mi
hogar...
Tabaque. Canastillo de mimbres.
(Lope de Rueda). «Como peras en tabaque», 'guardado y colocado con
esmero'. (Cervantes)
Tapetado. «Cuero envesado, dado
color negro». Vélez de Guevara. «Gente tapetada». 'de color moreno'. (Vélez de Guevara).
Curiosa voz que es prima hermana de «prieto» para «negro». Tapetado viene de «tabido»,
esta de «tupir» y esta, finalmente, de stupēre.
Que, a su vez, tiene que ver con «estupefacto». Prieto, por su parte, viene de appectorare.
Tenebregura. Oscuridad. (Varios
autores). Cualquiera reclamaría, orgulloso, la paternidad de este neologismo
que nos llega de siglos tan distantes sin perder un ápice de su belleza formal
y conceptual. Con razón el DILE la recoge como «desusada». Y por esa misma razón,
qué poderoso acicate para volver a usarla.
(tocar) «tocar de la
tarántula», 'arreglarse el cabello con los dedos'. (Vélez de Guevara). Un
juego conceptual muy propio el barroco: los dedos por el pelo como las patas de
la tarántula.
Toste. «Toste priado», 'Muy pronto'. (Juan de la
Encina).Curioso este fósil casi imposible de ser revivido en nuestra habla,
hoy. Y lo curioso es que el origen lo encontramos en que algo tostado, tostus
se cocina rápidamente. «Priado», por su parte, procede de «priessa»/«prisa».
(tresquilar).
«Tresquilar a cruces», 'sin orden, cruzándose las
tijeradas como se hacía con los blasfemos'. (Fernando de Rojas). Una
manera de humillar a los perseguidos por herejes o simplemente blasfemos.
Vaca. Mujer pública.
(Cervantes). «Meter o tener vaca en la dehesa». 'tener mujer puesta a
ganancia en la mancebía'. (Lope de Rueda). La
pudibundez de la RAE habrá impedido que se recoja esta acepción clásica de
«vaca», aunque el hecho de que haya sido de dominio público en tiempos antiguos
creo que merece que se recoja.
Vedijudo. Peludo. (Lope de rueda). Vedijas es palabra común, pero
este derivado, tan propio de nuestros usos lingüísticos, no ha hallado
fortuna entre los hablantes. A ver si ahora...

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