jueves, 11 de junio de 2026

«Glosario de voces comentadas en ediciones de textos clásicos», de Carmen Fontecha: la lección permanente de las notas a pie de página, ¡ese festín!

 

El placer de la inmersión diacrónica en los usos léxicos de un idioma en permanente ebullición semántica.

        

Me he preguntado muchas veces de donde me viene esta suerte de fetichismo de la palabra con el que convivo desde ni sé cuando y que, lejos de mitigarse con la edad y las lecturas, ha ido fortaleciéndose de una manera que roza la obsesión. Es obvio que no soy el único lector aficionado a leer diccionarios, glosarios y libros que se centren en el léxico, pero reconozco que, a veces, un buen glosario se lo pone muy difícil a una buena novela, un poemario o algún ensayo. Foucault ya escribió en Las palabras y las cosas, que «lo que nos dejan las civilizaciones como monumentos de su pensamiento no son los textos, sino más bien los vocabularios y las sintaxis». Más tarde supe, leyendo a Eco, que esa idea no es original de Foucault, sino de Jospeh Marie Degérando, autor de  Des Signes et de l'Art de penser considérés dans leurs rapports mutuels, obra en cuatro volúmenes, de los que he encontrado tres en las digitalizaciones de Google y que ya me he descargado en mi Biblioteca online para acercarme a ella en cuanto pueda. El caso es que los lexicones siempre han formado parte de nuestra cultura e incluso se han especializado por materias y disciplinas, por lo que no es inusual encontrarse diccionarios de arquitectura, de términos médicos, jurídicos, botánicos o taurinos, entre miles de ellos. ¡Hasta tuve en mis manos uno sobre la masonería y otro sobre la numismática! Como la vida es corta, he de seleccionar. Pero no he podido resistirme a leer la selección que hizo Carmen Fontecha de estas voces que se presentan ante mí sobre todo desde los siglos xvi y xvii, aunque hay algunas anteriores y posteriores, por supuesto.

          Nunca he sabido responder a la pregunta sobre el origen de mi afición, aunque no me extrañaría que tuviera mucho que ver con un desagradable suceso de mi adolescencia, cuando, con once o doce años, en el curso de una pelea fraternal se me ocurrió insultar a mi hermano con una «palabro», así lo concebí entonces, que desconocía: «¡Sifilítico!», le grité con rabia. Llegado el insulto a oídos de mi padre, ignoro si vía materna, aunque es muy probable que así ocurriera, recibí una somanta de bofetadas y puñetazos que me dejaron baldado —mi progenitor era un gran aficionado al boxeo y a los toros, ¡y lo que agradecí entonces que no se metamorfoseara en un minotauro para zurrarme!—, pero en ningún momento me explicaron ninguno de los dos, ni mi padre ni mi madre, el significado del «palabro» en cuestión. Aún no tenía la costumbre de buscar en el diccionario, y toda mi ignorancia era por transmisión oral, de ahí que tardara algunos años en saber exactamente la barbaridad con que había insultado a mi hermano, quien ni se acuerda del hecho, cuando se lo he recordado. Haber escogido latín y griego en el bachillerato fue el paso decisivo, imagino, para ir construyendo una afición que devino pasión en pocos años. A fuer de justo he de reconocer que el consejo de Fernando Sánchez Dragó, quien no podía escribir sin tener el Casares junto a él, consejo que imité cumplidamente, tanto que destrocé nuestro ejemplar y, al final, hube de jubilarlo, no sin antes quedarme con la parte analógica, que aún sigo usando, fue decisivo para consolidar la pasión que aún me depara tan excelentes momentos de placer como el experimentado con la lectura de este glosario. Verificar el uso correcto de una palabra para mis pinitos literarios suponía hacer una exploración tan intensa en el Casares que me privó, sin duda. de escribir más, pero me permitió hacerlo mejor, con lo que salí ganando en el cambio. Tentado he estado de calificar de «razia» mis incursiones, pero la condición de «territorio amigo» del Casares me lo ha impedido.

          Al margen de las coartadas cultas y vitales, no sé si engolfarse tanto en los tesoros como yo lo hago tiene algo de evasión o de búsqueda de esa patria chica de la que todos blasonan y alardean con ufanidad y hasta un puntito de soberbia, porque no hay más que recordar que el chovinismo de Alacant, la millor terreta del món tiene su versión en todos y cada uno de los pueblos de la península e insulares. De todos modos, en el caso de Alicante, el origen de la frase se relaciona con una suerte de Vim decimonónico de gran éxito en toda España. Habiendo nacido en Tetuán (Marruecos) tiene algo de «destino» haber buscado en nuestro léxico la patria chica en donde, con toda propiedad, he nacido y en la que, de formas muy diversas y peregrinas, nunca he dejado de habitar. Y aquí estoy hoy, con mis compatriotas, pasando el rato y disfrutando de lo lindo, porque la parva selección que aquí ofrezco a mis intelectores es una gota del enorme caudal de noticias sorprendentes que ofrecen estas voces comentadas de los textos clásicos. Me ha traído a la memoria el volumen que Castalia dedicó a las voces comentadas en sus ediciones de clásicos, y que ha permanecido en mi mesa de estudio junto a otros diccionarios y lexicones, hasta que internet  me ha facilitado la búsqueda y he decidió buscarles un sitio de honor en nuestra biblioteca.

          Quizás una selección de la selección fuera del agrado de los «lectores perezosos», algo que ningún intelector de estos «ladrillo»s que en este Diario publico es, porque un lector lento es una exigencia de la sensibilidad, pero un lector perezoso es la negación de la lectura. Voces hay más sorprendentes que otras, por supuesto, pero cada intelector sabe descubrir las bellezas filológicas en donde otros nada ven, porque la sensibilidad está muy repartida. Para mí son todas el más hermoso y frondoso bosque imaginable, por donde doy estos largos paseos que me reconfortan y animan para no perder la esperanza en el bien, la verdad y la justicia; un bosque que respira vida y que impide que lleguen a sus senderos bajo palio arbolado los gritos desgarrados de la carnicería que algunas actividades cometen con las palabras, algunas de las cuales darían su vida por no ser usadas y poder buscar amparo en bosques como este que aquí levanto para solaz de quienes en él quieran adentrarse.

Estoy convencido de que cada una de estas palabras podría dar pie a un jugoso intercambio de pareceres con quienes las lean, pero, dada la imposibilidad de sobrecargar más este edificio de estilo mozárabe (por los «ladrillos» lo digo...), yo mismo me abstengo de hacer algunos comentarios que me bullen en los dedos, ansiosos por destacar tal o cual sorprendente significado o expresión. Abierto está el bosque, erguidos los troncos de árboles tan hermosos como poco vistos. ¡Que disfruten del «Baño de bosque»!

 

 

Abéñola. Pestaña. (Fr. Luis de León.) Subsistió como sinónimo de orzuelo en Castilla y León, Rioja. Aragón y Navarra. pinnŭla → piñuela (etapa reconstruida); piñuela → biñuela / beñuela; de ahí las variantes abeñuela, abéñula, abéñola. Lo que no pudo fue competir con pestaña.


Abrinquiñado. Delicado, sutil. (López de Úbeda). Bien pudiera ser un hápax en López de Úbeda. Está emparentado con el lusismo brinco y brinquiño, y Úbeda lo usa en relación con la obra de orfebrería de la catedral de León. [El diccionario recoge, sin embargo, con errata, abrinquinado.]


Absintio. Ajenjo. (Espinel) Aunque esté cerca de la «absenta», esta es un préstamo tomado del francés absinthe, que sirve para denominar la planta, nuestro «ajenjo», y la bebida.


Adarvar. Aturdir. (Cervantes). Causar admiración. (Sebastián de Horozco). Aunque todo parece indicar que sea un derivado de «adarve», lo es, en realidad, del arabismo arb.  «golpe». De ahí ambos significados.


Agrura. Aspereza. (Autos, farsas, etc. del siglo XVI).


Aguanoso. Que solo bebe agua y no vino. (Quevedo). ¡Una maravilla!


Ajigolio. Afeite. (Quiñones de Benavente). Otra candidata a hápax en este autor. Parece una creación burlesca de ajolio, salsa de ajo y aceite, «ajiaceite», para indicar que el emplasto de la cara es como una salsa puesta en el rostro.


Alcachofar. «Alcachofar el alma», 'expansionarse'. López de Úbeda. Aunque suena a paradoja, dada la cerrazón de la hortaliza, aquí tenemos una visión de la alcachofa abriéndose para que emerja su hermosa flor de color violeta.


Algesán. Barra de yeso para escribir. (Bartolomé de Villalba y Estaña, autor de El Pelegrino curioso y grandezas de España.) He aquí un hermoso ejemplo de voz caída en lucha contra otra, de posible origen prerromano, más simple y efectiva: tiza. Algesán está emparentado con aljez, yeso, del árabe hispánico alǧaṣṣ (yeso), y en última instancia del latín gypsum.


Amapolarse. Pintarse la cara. (López de Úbeda)- Un uso metafórico que bien podría rescatarse en nuestros días, aunque andan los tiempos tan revueltos y trastornados, que difícilmente alguien se avergüenza de nada.


(ambausan). «En el estilo de ambausan». López de Úbeda. El genio lingüístico del autor crea una voz derivada del canónico «bausán», que tiene dos significados para el DILE: «1. m. y f. Figura humana, embutida de paja, heno u otra materia semejante y vestida de armas, que se hacía para simular un combatiente. 2. m. y f. Persona boba, simple, necia». Aunque la autora del Glosario la recoge como llana, es obvio que la lectura correcta ha de ser aguda: «ambausán». Para complicarnos la vida, el DILE deriva el término de un antiguo «babusana» cuyo origen se pierde en la abigarrada noche de los tiempos... ¡Mira que si es de origen vasco...!


Anaciado. Atontado. Juan de la Encina. Teniendo en cuenta que el DILE tiene «enaciado». Que define como «En la Reconquista, desertor que se pasaba al enemigo adoptando su lengua y su religión y actuaba como espía», acaso podamos deducir que el uso de Juan de la Encina es una variación, un caso de término histórico especializado que se desgasta hasta volverse insulto genérico; pero esto no pasa de hipótesis, por supuesto.


Antepós. Plato o principio con que se empezaba la comida. (López de Úbeda). Teóricamente, la voz se construye con «ante» y «pos», este último en calidad de abreviación de «postre», lo que nos da el significado de plato principal antes del postre. Aunque parezca tener alguna relación con antipasto, no tiene ninguna, pero ello mismo ya debería sugerirnos que la usáramos para denominar al primer plato de la comida. «¿Qué tomarán de antepós?». ¿no es una maravilla léxica? ¡Pues ánimo!


Apantomancia. Adivinación por las cosas que casualmente se encuentran. (Cervantes) Se relaciona con la «apofenia», término propuesto en 1958 por el psiquiatra Klaus Conrad, que consiste en «percibir patrones o significados donde no los hay». Lo cual se relaciona, a su vez, con la «pareidolia», que es un caso particular de apofenia: reconocer imágenes o sonidos familiares en estímulos ambiguos (ver caras en la Luna, por ejemplo).


Arbálias. «Ser un arbálias». Entremetido y hablador. (Quevedo, La visita de los chistes). Muy probablemente sea una variante quevedesca de un supuesto *Harbalias, de Harbar: «Der. del ár. hisp. aráb, y este del ár. clás. arāb 'arruinamiento'; cf. port. afarvarse 'afanarse'», según el DILE., donde se recoge sin acento, como es de suyo.


Arquimesa. Mueble para escribir. (Bartolomé de Villalba). El DILE lo define así: «Mueble con tablero de mesa y varios compartimentos o cajones». Se trata de una voz caída en desuso y sustituida por otras como secreter y buró, ambas de ascendencia francesa.


Assomado. El que ha empinado el codo en exceso. (Cervantes). Muy curiosa voz que tiene que ver con otra no menos inusual: «somo», procedente de summum y que manifiesta en topónimos norteños como Somo de Pas, Somo de Brenas, Somo de Lora, Somarriba, Somocueva o Somovilla. Originalmente somo era un apelativo común con el sentido de "parte alta" antes de fosilizarse en esos topónimos. Teóricamente, el significado de assomado habría de referirse a quien comienza a estar borracho, como lo recoge el DILE para la voz «asomado»: «principio de borrachera». De ahí que sorprenda el que se recoge en este Glosario. Renuncio a pensar que la doble ese sorda indique el duplo caminar sinuoso de los briagos, por supuesto...


Ataifor. Plato hondo. (Sebastián de Horozco). De origen árabe, se aplica en primera instancia a ciertas mesas bajas y redondas usadas por los árabes.


Ataujía. «Retrónicas y ataujía», 'retórica y primores de lenguaje'. (Mira de Amescua). Curioso uso metafórico por «damasquinado»: «Labor de adorno que se hace en una pieza de hierro u otro metal embutiendo filamentos de oro o plata en ranuras o huecos previamente abiertos», para referirse a los adornos lingüísticos...


Azumbrar. Trasegar copiosamente del jarro al estómago. (Pedro Espinosa). El DILE no la recoge, pero tampoco recoge «azumbre» como «jarro o pichel». Es probable que la interpretación de Rodríguez Marín usara metonímicamente la medida, que sí recoge el DILE, para designar el jarro.


Badajada. Desconcertar las badajadas. Salir de seso. (Francisco de Rojas). Se explica sola. No atinar con las campanadas es, en efecto, salir de la cordura...


Ballenato. Natural de Madrid. Apodo de los madrileños. (Cervantes). Tiene su origen en la conseja de haberse propagado el rumor de haberse avistado una ballena en el Manzanares y haber corrido los madrileños a verla y pescarla...


Barveza. Refacción ligera. (Juan de la Encina). «Aballemos sin pereza, / vamos a tomar barveza / y a gasajar con su madre». Se canta en una égloga de Juan de la Encina. Aunque pudiera pensarse que estamos ante una sonorización inicial de «parva» o un derivado hipotético, *parveza, es difícil sostenerlo, dada la resistencia al cambio de las consonantes iniciales. La palabra aparece en portugués: Porque o Senhor olhou a barveza de sua serva, un versículo de Lucas 1:48, quia respexit humilitatem ancillae suae, que puede ser traducido como   «Porque el Señor observó la humildad de su sierva». Lo que está claro es que entre humildad y refacción ligera hay una contigüidad de significado evidente. De ahí a sacar conclusiones media un trecho largo.


Barzón. Paseo ocioso. (Lope de Vega). Voz exótica, hoy, para nosotros, pero acaso fácilmente comprensible para una sociedad eminentemente agraria, porque el barzón es una pieza que gira o acompaña el movimiento del tiro y como el arado describe trayectorias de ida y vuelta. Bien puede deducirse de ello que se anda o pasea ociosamente, sin ir a ningún sitio determinado.


Becoquín. Solideo con orejeras. Gorra con dos puntas que cubren las orejas. (Lope de Rueda). Recuerdo que en mi infancia en el frío Madrid, mi madre hablaba el pasamontañas para la gorra con orejeras, que equivaldrían, imagino yo, a este delicado «becoquín».


Berza. Mezclar berzas con capachos. (Cervantes) La usa Sancho para criticar que se mezclen cosas diferentes y se induzca a confusión.


Bribia. Arte picaresca. La bribia. La vida de los bribones. (Quevedo) De esta derivan «bribiar», que es andar en vida de mendigo y la expresión «arte bribiática», que vale profesar la mendicidad por holgazanería.


Bugre. Extranjero. (Quevedo) y sodomita (Vélez de Guevara). Pues ahí donde se ve y oye, tan cerca de mugre, se trata de un insulto con cierto pedigrí, porque procede del francés bougre, que a su vez viene de bulgare 'búlgaro', especializado en ambos significados porque la Iglesia consideraba herejes a los bogomilos búlgaros. Y de «hereje» a «pecador nefando» se ve que solo había un paso cortísimo en aquellos tiempos...


Bujeta. Caja o pomo para guardar perfumes, que fue primeramente de boj. (Esteban Manuel de Villegas).


Burrajear. Escribir mal. (Quevedo) Borrajear con la pluma. De la familia de la «borra» y del «borrón», se trata de escribir como quien deja esparcidos borrones a diestro y siniestro.


Cabitonso. Calvo. (Bartolomé de Villalba). Por si no bastara con «recalvastro», aquí aparece este «cabitonso» tan sonoro como gráfico. ¡Un acierto!


Çacaças. Pan con agujas dentro para matar perros. (Fernando de Rojas). Desgraciadamente sigue existiendo esa terrible y cruel costumbre. Ahora rellenan salchichas en vez de trozos de pan, pero la maldad sigue siendo idéntica.


Cahíz. Hasta que el sol muestra el cahíz del reloj.  (Tirso de Molina). Es decir, hasta que dan las doce. Y se dice así por las doce fanegas que contenía un cahíz. ¿No es una maravilla, el ingenio popular?


(callar). «Al buen callar llaman santo». (Mateo Alemán). Convivió siglos con Sancho y, posteriormente, el éxito de Don Quijote, consagró Sancho y postergó santo.


Cantarranas. Calle de Madrid (Cervantes) Hoy es la actual Calle Lope de Vega, en el Barrio de las Musas.


Capitoso. Terco. (Antonio de Guevara). Está en el DILE, pero no en nuestras bocas, y la verdad es que es un adjetivo contundente y hermoso.


Caxquillo. El hierro que iba en la punta de la saeta. (Fernando de Rojas). Curioso cambio semántico de la flecha a la bala. Y también tenemos el modismo «reír a casquillo quitado», que bien podríamos revitalizar, de puro gráfico.


Cazasiglos. Persona muy vieja. (Quevedo) Don Francisco poniendo siempre el dedo en la herida...


Cazolero. Natural de Valladolid. (Cervantes) Ese gentilicio tan curioso se debe a la fama que tenían los artesanos que hacían cazuelas de barro en aquella villa.


Cica. En germanía, bolsa. (Cervantes). Y de ahí «cicatero», que, en origen, era el ladrón de bolsas o cicas. Ahora, para e DILE es la tercera acepción, por detrás de la mezquindad y ruindad de la primera, asociada al hispanoarabismo  *siqá, que vale la «acción de remolonear un caballo».


Çinçonte. Pájaro americano. (Vélez de Guevara). Una célebre película, titulada Matar a un ruiseñor tiene, curiosamente, el pájaro cambiado, porque mockingbird en inglés no se refiere al ruiseñor, que es nightingale, sino al «sinsonte», este çinçonte que usó Vélez de Guevara  y que recientemente ha aparecido en la portada del libro de Walter Tevis, Mockingbird,  con toda propiedad.


(clavo) «Poner un clavo y una S en las mejillas», señales de


 esclavitud. (López de Úbeda). Forma parte de la popularidad de las 


divisas, aunque esta de carácter infamante.


(coleta). «Metí yo mi coleta». 'adición breve al discurso o materia de que se trata' (López de Úbeda); 'razón o palabra que se dice como al descuido para recordar una especie o motivar que se hable de ella' (Mateo Alemán). La «coleta» vendría a ser en las conversaciones de las gentes lo que las «morcillas» de los actores en los diálogos teatrales dichos en escena.


(colorín) Colorín colorado. Un baile de este nombre. (Vélez de


 Guevara). Sorprende que antes de que fuera una formula de cierre de los cuentos, «colorín colorado» fuera un baile, por más que no tengamos noticias de cómo fuera, solo el nombre, uno más junto a otros como «bullicuzcuz», «avilipinti», «carcañal» o «zambapalo»...


(consejo). Tribunal. «En consejo de bellacos, razonamiento de 


trapos».(López de Úbeda) ¡Para cuántas situaciones es válida esta 


afirmación! ¡Sobre todo en cónclaves políticos!


Corchapín. Calificativo injurioso aplicado a una persona. (Cervantes). Tendríamos que tirar de etimología para intentar deducir del «corcho» y del «chapín», calzado con suela de corcho, el carácter injurioso del insulto. El DILE, por cierto, solo lo recoge como «escorchapin», para una embarcación que transportaba soldados y bastimentos.


Cordelejo. «Dar cordelejo», 'probarle a uno la paciencia con chanzas o ironías' (Cervantes; 'dar zumba' (Mateo Alemán). El DILE lo recoge en segunda acepción como «dar largas», pero mucho me temo que esta expresión se ha vuelto sinónima de la de «dar carrete», no tanto en el sentido de dar largas, como en el de incitar a alguien a hablar o a seguir haciéndolo.


Cunquibult. Deformación de las primeras palabras del credo de San Atanasio: Quicumque vult salvus esse, «todo aquel que quiera salvarse»... Se usaba para denominar a un ridículo afecto a los latinajos.


Chapa. «Hombre de chapa», 'Hombre de seso y formalidad' (Cervantes). Me llegan lejanos ecos de la memoria de haber oído esta expresión, aunque en nuestros tiempos, desde la época de os quinquis, se hable más de los «chaperos», 'prostitutos masculinos', por supuesto.


Damo. «A lo damo», 'a lo señor'. (Cristóbal de Castillejo). Ya es curioso este masculino de dama que jamás hemos usado de algunos siglos a esta parte, aunque, en estos desgraciados tiempos del lenguaje inclusivo, bien pudiera emplearse y recuperar su existencia en el habla.


Desainado. Sin grasa. Es «saín» voz frecuente en los crucigramas, pero esta voz, desainado, da un paso más allá, en la medida en que son tantísimos los productos que se venden sin el saín que nos arruina la figura y desordena la oficina del estómago.


Diacitrón. «Conserva hecha de la carne de la cidra». (Cervantes y Lope de Rueda). No hay que ser muy espabilado para darse cuenta de que con enorme dificultad podría diacitrón competir con el tradicional «cabello de ángel»...


Doncelliponiente. «Joven aún poco experimentado» (Vélez de Guevara).¡Y anda que no hay doncelliponientes en la política...!


Dormidura. «Escalfar una dormidura», 'echar un sueño'. (Varios autores). Hay que reconocer que usar esa expresión para referirse a lo que Cela llamaba el «yoga ibérico» es todo un lujo léxico, ciertamente...


Edomada. Semana. (Sebastián de Orozco). Lo propio es hebdómada, según el DILE.


Empleo. Noviazgo. (Lope de Vega). Ya es curioso que una voz asociada tantísimo al mundo laboral hubiera significado una relación amorosa en la época clásica. ¡Y cómo no lo iba a saber Lope, «empleado» ejemplar...


Engomado. «Muy de copete engomado», 'tieso y acicalado'. (Cubillo de Aragón). En buena lógica, se creó «engomadero» para 'presuntuoso, estirado'.


Escombrar. Limpiar la garganta, tosiendo y escupiendo. (Cervantes). Es muy probable que proceda del catalán, en el que vale «barrer».


Espetera. «Estar en espetera», 'se dice de las muchachas que en un baile están esperando a que las saquen a bailar'. (López de Úbeda). No recoge el DILE este modismo, pero es de una calidad metafórica extraordinaria, teniendo en cuenta que en la espetera esperan los utensilios de cocina a ser usados.


Falsopeto. Faltriquera falsa contra ladrones de bolsas. (Lazarillo). Bolsillo en el entreforro del sayo (Mateo Alemán). ¡Qué necesaria esta voz en tiempos de tanta inseguridad ciudadana!


Freza. Estiércol de puerco (Eugenio de Salazar); «las freces del cocodrilo». (Fray Luis de León). Curiosamente, yo tenía presente la seta acepción del DILE: «f. Cineg. Señal u hoyo que hace un animal escarbando u hozando», y desconocía estas dos, tan dispares, por cierto, pero herederas del mismo origen latino: faex, faecis, que vale «poso, sedimento, residuo».


(gajo). «Alzar el gajo», 'ensoberbecerse'. (Varios autores). Es muy probable que se trate de una expresión de origen portugués: levantar o galho, que vale por «levantar una rama caída». Lo cierto es que el uso de gajo sorprendería mucho a nuestros interlocutores, aunque gajo tiene como tercera acepción en el DILE: m. Rama de árbol, sobre todo cuando está desprendida del tronco. ¡En fin, esos misterios tremendos de la lexicología...!


Galfarro.  Hombre ocioso y de mala vida. (Diego de Villalobos y Benavides). Es voz que se emplea para el gavilán, en tanto que ave de presa. El «galfarro» se asociaba con el hurto. Curioso, el origen incierto de esta voz, tan sugestiva.


Galochear. Picar con la garrocha. (Bartolomé de Villalba). Garrochero se usa, al parecer, para quien pica a las reses en el campo, pero bien podría usarse para el «picador» de los festejos taurinos. Sería un bonito detalle de arcaísmo.


Gazatón. Disparate. (Bartolomé de Villalba).Es curioso que esta voz se relacione con gazapatón. Según el DILE «del lat. tardío cacemphăton, y este del gr. κακμφατον kakémphaton, der. de κακς kakós 'malo' y μφανειν emphaínein 'expresar'. m. Expresión malsonante en que se incurre por inadvertencia o por mala pronunciación», esa mala pronunciación que advertimos en «gazatón».


Godeña. Prostituta rica. (Cervantes). Se deriva del «godeño» usado para personas ricas y principales.


Guadramaña. Ficción o embuste. (Sánchez de Badajoz). Deformación, al parecer, de «Guadarrama», un puerto difícil de cruzar por los bandoleros y otras asechanzas.


Guizque. Doble gancho de hierro fijo en la punta de un palo que usan los tenderos. (Pedro Espinosa). La palabra también designa al aguijón, y se extiende por zonas muy concretas de la península. A su manera, se refiere al mismo instrumento que en lengua náutico llamamos «bichero».


Gulloría. Pajarillo muy sabroso y delicado. (Cervantes). El DILE identifica ese pajarillo con loa calandria, famosa para los amantes de la literatura por el Romance del prisionero, y añade como segunda acepción «gollería», que le sirvió de título a Ramón para un libro suyo muy entretenido: Gollerías, con el que quiso inventar un nuevo género con el competir con sus propias greguerías.


Gustonería. Afición decidida por una cosa. (Bartolomé de Villalba). ¡Qué voz tan expresivísima que nos hemos perdido durante tanto tiempo para esas aficiones confesables e inconfesables a las que nos entregamos con deleite y perseverancia!


(hablar) «Hablen cartas y callen barbas», (Cervantes). 'Indica ser ociosas las palabras cuando hay pruebas'.


Harbar. Hacer  una cosa muy deprisa. (Cervantes). Comer deprisa.(Juan de la Encina). Es palabra totalmente olvidada en el DILE: «harbar. Der. del ár. hisp. aráb, y este del ár. clás. arāb 'arruinamiento'; cf. port. afarvarse 'afanarse'. 1.intr. jadear. 2. intr. desus. Hacer algo deprisa y atropelladamente. Era u. t. c. tr.».


Hebra. La pate magra del jamón. (Lope de Vega). Ojalá la recuperáramos para sustituir el «corte» o  la «veta» actuales, tan minera esta última...


Hembro. Mujer hombruna. (Quevedo) Como variante de «virago», no deja de llamar la atención, desde luego, y más en eta época del bien denostado lenguaje inclusivo....


Hominicaco. Hombre pusilánime, despreciable y de mala traza. (López de Úbeda). Deriva del famoso cruce entre «monigote» y «macaco», que dio «monicaco, y de esta el «hominicaco» que aquí traemos...


(hueso) «Desenterrar los huesos», 'murmurar'. (Quevedo). Cómo se nota la imaginación quevedesca...


Islilla. Sobaco. (Sebastián de Horozco). ¡Sorprendente, la evolución léxica de ciertas palabras. Esta que aquí, hoy, consideraríamos diminutivo de «isla», no tiene nada que ver con esta, sino con «axila», siguiendo este itinerario: axilla → aliella → aslilla → islilla. En el xvi, era tan común para sobaco como lo es esta hoy para nosotros.


Izquierdear. Apartarse del camino derecho de la razón. (Cervantes). Pues ya está.


Jabonar. Tratar a alguno mal de palabra. (Cervantes). También se usaba «dar un jabón», con el sentido de reprimenda o zurra física, por cómo las lavanderas «maltratan» la ropa sobre la tabla cuando lavan. A partir del XIX, de los efectos del jabón para ablandar la ropa surgió el «dar jabón» en el sentido de «lisonjear», que es el único de los dos que ha sobrevivido.


(janual). «Palabras januales». De dos caras. (Mateo Alemán). Un


 extensión mitológica precisa y expresiva. Muy útil para los políticos 


de nuestros días. Aunque lo propio es que desconozcan quién fue 


Jano, cómo se le representaba y qué mes se le dedica...


(jo) «Jo que te estriego», 'frase para alejar a una persona molesta'. (López de Úbeda). «Estriego» deriva de «frotar» o «sacudir». Originalmente, era una frase dirigida a las mulas para obligarlas a caminar a base de fustazos o golpes, y por extensión, pasó al lenguaje popular para referirse a alguien que necesita ser reprendido o puesto en cintura.


(juan) «Hacer San Juan», 'mudar de amo'. (Lazarillo). «San Juan y ciégale», 'invocación de los criados a su santo patrono ara que sus amos no vean sus faltas'. San Juan es fecha señalada no solo para esas mudanzas de amo, sino también para la renovación de los contratos por las casas, pagar censos, ajustar salarios, mudar el ganado a otros pastos, etc. A su manera, San Juan funcionaba como un Año Nuevo a mitad de año.


(majar). «Majar en hierro frío», 'trabajar inútilmente'. Lo propio, desde hace mucho, ha sido «majar ajos», y ahí se nos agotaba este «majar» que para el DILE es «Der. del ant. majo 'mazo de hierro', y este del lat. malleus 'martillo'». Ahora tenemos la oportunidad de evitar esa confusión tradicional entre «batirse el cobre» y «*partirse el cobre».


Malívolo. Malévolo. (Micael de Carvajal). Aun siendo tan iguales, qué duda cabe de que hay en «malívolo» una reprensión ligera y afectuosa, frente a malévolo, que acusa mayor distancia y frialdad.


Mamullar. Pronunciar como mamando por falta de dientes. (Quevedo). De «farfullar» a «mamullar» hay ese abismo de la edad que acaba con todo, máxime con los dientes, que raramente nos acompañan íntegros, pasados los noventa. Asociada a  «mascullar», de la que toma ejemplo, porque «mamullar» viene de «mamar», este uso es posterior al tradicional «mascullar», que procede de «mascar», pero tan expresivo como él.


*Manigoldo. Bribón. (Cervantes) Según la IA, porque el DILE no recoge la palabra, «la etimología más aceptada lo hace derivar, aunque con algunas dificultades, de un antiguo nombre o término de origen germánico, relacionado con mundwalt o mundualdo. En español aparece desde época medieval con el significado de verdugo, sayón, ejecutor de castigos, y de ahí pasó después al sentido más general de «malvado, canalla, bellaco». Como Cervantes estuvo en Italia, es muy probable que recogiera allí el uso que hoy aparece en su obra. La fundación Treccani refuerza la información de la IA: «manigóldo s. m. [prob. alterazione del germ. mundwalt: v. mundualdo]. – 1. ant. Carnefice, boia, o anche assassino, aguzzino e sim. 2. Nell’uso com., furfante, briccone: razza di manigoldi!; spesso con tono scherz.: guarda che cosa ha combinato quel m. di tuo figlio; con funzione attributiva: Poi che d’innumerabil battiture Si vide il m. Amor satollo (Ariosto). Nell’uso pop. è usato anche il femm. manigolda».


*Matalaf. Colchón. (Lope de Rueda). Pues sí, parece que compartíamos palabra, el catalán y el castellano, para idéntico objeto: el colchón.


Obispa. La coroza de los condenados por la Inquisición. (Quevedo) He aquí un uso de obispa que se aparta del que recoge el DILE, la dignidad eclesiástica de obispo ejercida por mujeres en la iglesia anglicana. «Obispa» es voz que, por vía metafórica, designa la coroza de los castigados por la Inquisición, dada su semejanza con la mitra episcopal.


(pan). «Buscar pan de trastrigo», 'buscar ocasión de enojo con demasías imposibles”. (Cervantes). 'Buscar una cosa fuera de sazón, inoportuna'. (Cervantes)


(perro). «El perro de Alba», 'perro que por instinto descubría y mordía a los judíos'. (López de Úbeda). ¡Extraordinario descubrimiento! ¡Cómo no recordar la terrible e impaftante3 película de Samuel Fuller, Perro blanco, la historia de un perro adiestrado para atacar exclusivamente a personas negras! «Nunca más perro al molino», 'dicen esto las gentes escarmentadas del mal que les sucedió'. (Fernando de Rojas).


Peruétano. Pera salvaje o borde. (Cervantes). Hoy es prácticamente un fósil léxico, pero no está de más recordar su existencia y, ¡quién sabe si su uso en contextos muy precisos del ámbito rural!


(pie). «Con gentil compás de pie», 'con gran prisa'. (Cervantes). Pues esto es la elegancia en el decir, ciertamente.


Pinganillo. Carámbano, especialmente en el que se forma en el alero de los tejados. (López de Úbeda). Ha de saberse que la voz deriva del leonesismo «pingar», recogido por el DILE con un significado de «pender, colgar», en su segunda acepción. Ignoro la presencia viva que tendrá el término en el norte frío y propenso a las nevadas, pero la acepción de auricular ha eclipsado, no sé si definitivamente a este «hielo pendiente» en los aleros de las casas del norte de nuestro país.


Pobra. Femenino de pobre. (Bartolomé de Villalba). ¡Mas leña al lenguaje inclusivo...!


Polaco. Individuo de la claque teatral madrileña del siglo xviii. (Moratín). De hecho, «polacos» eran los seguidores del Teatro de la Cruz, mientras que a los seguidores del Teatro del Príncipe, del que el Teatro Español en Madrid es su heredero, se llamaban «chorizos». Se desconoce el origen cierto de «polaco» para definir despectivamente a los catalanes en el resto de España.


Popar. Adular. (Cristóbal de Castillejo). Despreciar. (Cervantes). «Dar a otro palmadas con aire de desprecio»- (Cervantes). Derivado de «palpar», según el DILE, ¡qué significados tan opuestos nos ofrece el contacto físico entre individuos!


Poralizar. Charlar. (Bartolomé de Villalba). Al parecer, estamos en presencia de una evolución fonética que nos lleva de «parlar» a «parolar», y, a partir de aquí, a la evolución popular: parolar → poralar / poralizar, merced a fenómenos lingüísticos tradicionales en el uso del castellano en épocas antiguas, la epéntesis, el cambo vocálico y la derivación expresiva.


Proejar. Remar contra la corriente con fuerza. (Vicente Espinel). Otro fósil léxico que, sin embargo, bien pudiera tener uso en el ámbito de la política, donde, tan a menudo, sus protagonistas están obligados a hacer frente a las adversidades con cuanta determinación les permitan los datos que obren ya en la Justicia ya en la opinión pública. Desde aquí abogo por que, en un país de tanta tradición naval, proejar vuelva a surcar las turbulentas aguas de nuestra habla.


Propina. Estipendio que recibían los claustrales por su asistencia a los actos académicos. (Diego de Torres Villarroel). Es curioso que de esa vida académica acabara sobreviviendo en el mundo extenso de los servicios.


Quellotranza. Angustia. (Juan de la Encina). El DILE recoge «quillotranza», pero esas variaciones vocálicas son fruto de las indecisiones que en todas las épocas tienen los hablantes, hasta que se fija universalmente una forma. El significado es el mismo, y tiene relación etimológico con «aquello otro», es decir, ese «no sé qué» que tanto y tan bien uso la mística castellana del xvi.


Redomazo. Golpe dado por agravio con una redoma llena de cualquier líquido que mancha o huele mal. (Cervantes). La redoma tiene una larga tradición en nuestras letras, y en las ajenas, como en el Orlando furioso, de Ariosto, por ejemplo.


Refirición. Relato. (Bartolomé de Villalba). Ya es extraño que en DILE no recoja el sustantivo abstracto de «referir», porque es voz precisa y oportuna. Sí, está fuera de duda que «relato» —¡y más en estos enrevesados tiempos políticos de agitación y propaganda!— le ha ganado la partida, pero cuanto más la leo más me convenzo de su idoneidad.


Rijoso. Indómito. Furioso. (Fernando de Rojas). No tardó mucho en desplazarse el significado de «fogoso» a la pulsión sexual.


Rocín. Potro que por no tener edad o ser de mala raza no merece el nombre de caballo. (Cervantes). La recepción, pues, de Rocinante como un caballo 'para el arrastre' no se compadece con la realidad.


Santiscario. Caletre. (Cervantes). «De mi santiscario», 'de mi cosecha'. (Cervantes). No hallo un origen preciso de esta voz asociada a “caletre”, pero, teniendo en cuenta el uso de santa o santo para referirse al cónyuge o la cónyuge, es probable que, por eco del “almario”, como deposito de la interioridad individual, «santiscario» aparezca como el núcleo de la imaginación creadora propia. Y hasta aquí una muestra del fértil terreno de las hipótesis que requieren, sin embargo, mayores conocimientos filológicos para establecer un origen y la razón de un significado.


Semínima. «La semínima», 'la menor cosa'. (Cervantes). El DILE lo recoge en plural, «semínimas», como haplología de semi y mínima con el significado de «menudencias». La verdad es que se nos presenta como una voz que ni pintiparada para describir infinitos discursos que hemos de sufrir continuamente por parte de muy variados interlocutores...


Sietepicos. Mujer muy parlera. (Quevedo). Sin comentarios...


Sobarcar. Llevar alguna cosa de mucho bulto debajo el brazo. (Fray Antonio de Guevera). Voz expresiva y necesaria donde las haya, y lo digo en calidad de jefe de intendencia de mi hogar...


Tabaque. Canastillo de mimbres. (Lope de Rueda). «Como peras en tabaque», 'guardado y colocado con esmero'. (Cervantes)


Tapetado. «Cuero envesado, dado color negro». Vélez de Guevara. «Gente tapetada». 'de color moreno'. (Vélez de Guevara). Curiosa voz que es prima hermana de «prieto» para «negro». Tapetado viene de «tabido»,  esta de «tupir» y esta, finalmente, de stupēre. Que, a su vez, tiene que ver con «estupefacto». Prieto, por su parte, viene de appectorare.


Tenebregura. Oscuridad. (Varios autores). Cualquiera reclamaría, orgulloso, la paternidad de este neologismo que nos llega de siglos tan distantes sin perder un ápice de su belleza formal y conceptual. Con razón el DILE la recoge como «desusada». Y por esa misma razón, qué poderoso acicate para volver a usarla.


(tocar) «tocar de la tarántula», 'arreglarse el cabello con los dedos'. (Vélez de Guevara). Un juego conceptual muy propio el barroco: los dedos por el pelo como las patas de la tarántula.


Toste. «Toste priado», 'Muy pronto'. (Juan de la Encina).Curioso este fósil casi imposible de ser revivido en nuestra habla, hoy. Y lo curioso es que el origen lo encontramos en que algo tostado, tostus se cocina rápidamente. «Priado», por su parte, procede de «priessa»/«prisa».


(tresquilar). «Tresquilar a cruces», 'sin orden, cruzándose las tijeradas como se hacía con los blasfemos'. (Fernando de Rojas). Una manera de humillar a los perseguidos por herejes o simplemente blasfemos.


Vaca. Mujer pública. (Cervantes). «Meter o tener vaca en la dehesa». 'tener mujer puesta a ganancia en la mancebía'. (Lope de Rueda). La pudibundez de la RAE habrá impedido que se recoja esta acepción clásica de «vaca», aunque el hecho de que haya sido de dominio público en tiempos antiguos creo que merece que se recoja.


Vedijudo. Peludo. (Lope de rueda). Vedijas es palabra común, pero 


este derivado, tan propio de nuestros usos lingüísticos, no ha hallado 


fortuna entre los hablantes. A ver si ahora...

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