martes, 4 de octubre de 2016

Víctor Erice defiende el copyright de la persona.



Excusatio non petita… Una polémica con aristas entre un artista y una aspirante a serlo.

                                              Ismail Kadaré: "La literatura no tiene nada que ver con la verdad."                
                                             
                         
Leo, no sin cierta estupefacción, un artículo de Víctor Erice acerca de la novela que una escritora, de quien no he leído nada, ha publicado tomando como anécdota argumental, al parecer, un hecho patético de la vida de Adelaida García Morales, quien hubo de recurrir a los servicios sociales para pedir una ayuda de 50€ con los que viajar a Madrid para ver a su hijo menor, si bien la veracidad del hecho está en cuestión, al menos en esos términos. La novela, sin embargo, como se encarga de recordar Erice en su autoexculpatorio artículo, no se presenta como una obra biográfica sino que, según él, se trata de una suerte de falso documental en clave de ficción. Una obra de ficción, pues, que toma como pretexto la vida y obra de una autora que disfrutó de cierta fama relativamente efímera, quizás al socaire de haber dirigido Erice, su marido entonces, una película ciertamente “mágica”, El sur, basada en uno de sus relatos; una autora a la que, sin pecar de parcialidad crítica, bien podríamos considerar hoy como una escritora menor y olvidada, fuera del círculo de sus devotos, está claro. La queja, porque todo el artículo es una queja de propietario estafado a quien parecen haberle arrebatado un bien propio, se centra en reprocharle a la autora con qué autoridad moral e intelectual se apropiaba del nombre y los apellidos de la escritora fallecida, lo cual denota una suerte de convicción jurídica de que el nombre y los apellidos constituyen una especie de copyright inviolable, y que no pueden ser usados sin consentimiento de la afectada o, en su defecto, en caso de muerte, de sus herederos. La preocupación bíblica de Erice, me preocupaba que el libro de Navarro incurriera en un uso vano de nuestros nombres, refuerza ese argumento de la propiedad que ha sido saqueada. La controversia se centra, así pues, en si una figura pública, en tanto que autora que forma parte de la historia literaria de nuestro país, en el escalafón que cada cual quiera adjudicarle, por supuesto, puede ser tomada como pretexto o no para una ficción literaria. A mí me parece que sí, y que, desde un punto de vista artístico, dicha obra, la de Elvira Navarro, tiene todo el derecho a ser escrita y, si tiene suerte, publicada y, si tiene más suerte aún, vendida. Es curioso que Erice descalifique a la autora calificándola bien de ingenua, bien de cínica, pues duda con qué calificativo se queda, a raíz de su incapacidad para construir una obra artística que no juegue con la disyuntiva verdadero-falso, como si tal cosa necesariamente implicara la incapacidad creadora de quien inserta en su obra dicha ambigüedad, ignorando el director el modo como Cervantes se atareó en hacer dudar al lector sobre la veracidad de la verídica historia arábiga de Cide Hamete Benengeli. Está claro, como dice Erice, que las ficciones narrativas no se caracterizan por inspirarse necesariamente en lo real, sino por comunicar por sí mismas un fondo de veracidad. La pregunta es si la inspiración de Lorca, para Bodas de sangre, en un hecho real dañó irremediablemente la veracidad de la obra del autor granadino, y a mí me parece que no; del mismo modo que el hecho de que Elvira Navarro haya tomado como pretexto narrativo la figura real de Adelaida García Morales tampoco “necesariamente” ha de ir en detrimento de su obra. No la he leído, tampoco creo que la lea, pero supongo que la crítica literaria de la obra no se atendrá, necesariamente, al hecho de que el personaje de Navarro y el histórico de García Morales compartan el nombre y algunos datos aislados de su biografía, sino a si como obra artística es capaz de levantar una historia que apasione al lector o lo distraiga o lo cautive, con las legítimas armas del discurso literario. Cándida o cínica, dice Erice, pero también podría haber añadido inteligente, porque ha conseguido que alguien de su categoría artística haya contribuido, ¡y de forma gratuita!, al lanzamiento publicitario de la novela a través de un espacio privilegiado en uno de los suplementos literarios más leídos del país, olvidando aquello del no hay mejor desprecio… Ignoro la capacidad de persuasión que puedan tener las partes de crítica literaria que contiene el autodesagravio de Erice, al no haber leído la novela, pero que él considere los personajes de cartón piedra, meras abstracciones al servicio de las obsesiones de la autora, pudiera tener, sin duda, algún fundamento; del mismo modo que un juicio tan general y tópico como que la ficción que el libro contiene hace aguas por todas partes mostrándose incapaz de alcanzar el auténtico valor de la literatura, su cualidad desveladora, su capacidad de despertar las ideas y las emociones del lector y ello debido a la raquítica escritura de Elvira Navarro, necesitaría un contraste con la lectura de la obra que pudiera rebatirlo o confirmarlo. Si hablo del autodesagravio es porque, sin pecar de psicólogo aficionado, hay una suerte de excusatio non petita en esa reivindicación que hace Erice de su propia persona, pues debe de entender el hombre que acaso no quede bien parada su reputación tras la anécdota que cuenta la autora que dio pie a la narración, la de la petición de esa ayuda social por valor de 50€, por más que se insista en lo dudoso de la veracidad de la misma. Después de reivindicar el carácter marginal de la autora y su honrosa inadaptación a la sociedad que le tocó vivir, Erice se reivindica: me mantuve siempre próximo a ella. Ello le sirve para contraponer esa imagen a la deformación temeraria que hace Navarro de la persona de su exmujer, banalizando su memoria como escritora y, lo que es peor, su identidad como ser humano, aun a pesar de la insistencia de la autora en disociar la biografía “oficial” de la autora de su ficción narrativa. Patético puede considerarse que Erice aduzca en su defensa del copyright de su exmujer el chantaje emocional del daño que la utilización fraudulenta de la personalidad de la autora puede ocasionar a sus familiares, concretamente a su hijo, con quien el autor convive. Hay un punto de la queja del autor en el que todo apunta a darle la razón, y no es otro que el de la utilización mediática de la figura de la escritora a partir de la novela de Navarro, por más que esta sea  reconocida ficción con apenas un leve sustento en la realidad biográfica de la autora. La distorsión que denuncia Erice, De vender miles de ejemplares a pedir dinero para el autobús, según El Confidencial, lleva al autor a denunciar la imagen que se desprende del libro de Navarro, la de una indigente, hambrienta y desahuciada (…) y poseída por grotescos delirios góticos, es decir, la versión estrafalaria y esperpéntica de la mujer con la que él convivió y a la que, como señala dos párrafos más arriba, ayudó en la medida de lo posible. Me parece de todo punto legítima la queja de Erice; pero insostenible desde el punto de vista artístico. Se erige, Erice, en algo así como el guardián de un bien sacrosanto al que solo puede alguien acercarse con su consentimiento, que solo concederá cuando la visión que se dé de Adelaida coincida con la que él haya establecido como veraz y, por lo leído, políticamente correcta. Pocas veces me ha sido dado leer, después de la muerte de Franco, una defensa tan férrea de la censura artística como en el caso del artículo de Erice, en el que parece reeditarse el viejo derecho que se exhibe en los bares: Reservado el derecho de admisión. Tengo para mí que Erice ha perdido una excelente oportunidad para usar la elegancia y la inteligencia, en vez del despecho y la descalificación difícil de aceptar basándonos exclusivamente en un hipotético argumento de autoridad: pues era “mi” mujer, yo sé quién fue, cómo fue y qué puede decirse o dejar de decirse de ella; ítem más, parece deducirse de esa autoridad:  nadie más capacitado que yo para juzgar si el propósito supuestamente artístico de la obra en cuestión cae o no en la zafiedad estilística, intelectual o poética. Hace ya algunos años, Arcadi Espada tuvo una hermosa polémica con Javier Cercas sobre Soldados de Salamina y los límites entre la ficción y la realidad, entre la novela y la Historia y la dificultad de mezclar ambos en una obra eminentemente de ficción sin confundir al lector hasta tal punto que este se perdiera entre ambos y acabara ya tomando por Historia verdadera lo novelístico ya adjudicando naturaleza ficticia a probados hechos históricos, con la consiguiente estafa al lector que tal indeterminación produciría. En esa contienda me parece que Cercas llevó las de ganar, porque el estatuto de la ficción viene a ser algo así como la definición que usó Cela en el prólogo a Mrs Caldwell habla con su hijo: novela es todo aquello que, editado en forma de libro, admite debajo del título, y entre paréntesis, la palabra, novela. La ficción de Elvira Navarro cumple, sin duda, con los términos de esa definición que no admite refutación. Otra cosa, vuelvo a insistir en ello, es que Erice tenga razón en la dimensión morbosa del tratamiento de la figura de la escritora que puede derivarse exclusivamente del relato de esa anécdota, en parte verídica, de la que parte la narración, por más que, después los derroteros por los que sigue se aparten de lo que podría considerarse algo así como una biografía canónica de Adelaida García Morales. Y sobre la desgracia de que le haya "tocado" a Erice el hecho de que quien haya "caído" sobre la persona de su exmujer, narrativamente hablando, sea, a su parecer, una incompetente, ¿quién puede atreverse a lanzar la también bíblica piedra...?

12 comentarios:

  1. Tú eres tonto.

    La retrasada ésta tenía que haber tomado el nombre de tu madre en vano, a ver si entonces escribías semejante sarta de sandeces.

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  2. Vaya post más infumable, no hay por dónde cogerlo.

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  3. Me temo que Erice, al igual que este Anónimo que me precede ( con peores modos ) escriben más desde las tripas, al margen de toda reflexión, que desde el análisis exhaustivo y documentado que haces a lo largo de toda tu argumentación - se comparta o no-

    Me temo, mi querido JUAN, que aun cuando el fondo teórico de tu argumentación la razón te asiste desde le plano meramente literario, humanamente lo que ha hecho Elvira Navarro si de verdad no ha pedido permiso a la familia de Adelaida García Moraleses carece de todo tacto, consideración y delicadeza hacia la familia y hace muy entendible que Erice se muestre dolido por el uso de una anécdota tristísima de la vida de su ex esposa con nombre y apellidos, sea ficticia o no. Además de todo lo dicho por él, le deja en muy mal lugar de ser cierta ... y esa duda que se desliza en el libro.. es la que debe doler de verdad a Erice al margen de todo lo demás. Eso y que nadie creo tenga derecho a ponerle nombres y apellidos reales a historias ficticias que siembren dudas en la vida real. Sembrar la duda hace siempre muchísimo más daño que decir la verdad por terrible que sea.

    No sé, es mi humilde opinión.

    Un beso graande JUAN ... para el anónimo solo una cosa... acusa de cualquier cosa a JUAN, de tonto nunca .. jamás conocerás a nadie tan erudito como él y respeta un poquito anda!

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    1. A un anónimo, María, hay que mimarlo, porque el anonimato es la seguridad del pusilánime, del tímido patológico o del malvado perverso, a quien se le hace imposible hablar de tú a tú a alguien: demasiada inseguridad como para no tener compasión, por eso dejo ahí sus intervenciones y no las "modero". Quienquiera que sea, queda perfectamente retratado. Por otro lado, el del asunto que nos ocupa, María, he pretendido hacer una defensa de una libertad, la de creación que puede colidir con otras, sin duda, pero que a mí me parece que pocas restricciones puede sorportar. Tú eres jurista, y estás acostumbrada a sentencias que, en aras del derecho a la libertad de expresión, no permiten la represión de usos expresivos que a algunos les puede parecer altamente ofensivos, como la famosa "Procesión del santísimo coño insumiso", por ejemplo, de hace relativamente poco. Que compare Erice ahora la ofensa que le haya hecho Navarro, con la que supuestamente les han hecho a los católicos o, llevado a su terreno, que piense en todos esos biopics cinematográficos sobre artistas que nos pueden parecer demenciales bien por la revelación de supuestos aspectos "oscuros" de su personalidad, bien por la tergiversación de otros, bien por la impropiedad o la falta de rigor histórico: la historia del cine está llena de películas de ese género. Estoy de acuerdo contigo en que la anécdota le "toca muy de cerca", pero a mí me parece que el remedio no está en arremeter contra la autora, sino en ignorarla o, en todo caso, en precisar lo que él quisiera para que los posibles lectores no se llamaran a engaño, lo cual, sencillamente, serviría mejor a sus fines, desacreditar la novela, que revolverse como un ser herido por quien, a mi entender, no tiene suficiente categoría artística como para infligir semejante dolor con una obra, al parecer, tan pobre literariamente. Ah, y gracias por tu defensa...

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    2. Tienes toda la razón, por eso te dije que me parece que Erice escribió con las tripas, no con la cabeza...se sintió herido y el dolor ciega, le ha hecho la mejor campaña publicitaria que podría desear esta mujer.

      De nada, un placer .. es muy fácil defenderte jaja incluso sin toga ;)

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  4. Oiga, y hablando de todo un poco, ¿sabían ustedes que LA SUPUESTA ANÉCDOTA DE LOS 50 EUROS EN LA QUE LA EDITORIAL Y LA ESCRITORA HAN BASADO LA PROMOCIÓN DEL LIBRO ERA MENTIRA? PERO DE LAS DE " MENTIRAS Y GORDAS", como diría la novia del marqués. Erice no tiene que excusarse ni autoexculparse de nada, porque Adelaida nunca fue a pedir nada, y es FALSO lo de los 50 euros; entre otras cosas. Leed bien la Vanguardia de ayer. Y eso de acusatio manifiesta... aparte de llevar mala leche, señala para otro lado.
    Tampoco está Erice reclamando el copyright de la vida de Adelaida para sí. Lo que dice es que se la han robado a ELLA, a Adelaida. porque esa niñata que quiere ser famosa ha convertido a Adelaida en algo que no era, en un auténtico espantajo.Creo que usted también ha perdido una excelente ocasión de no lanzar insidias gratuitas y guardar un elegante silencio sobre este asunto tan feo. Por cierto, me llamo Cristina Garcia, aunque aquí aparezca como anónimo.

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  5. Por cierto, no se pierda la opinión de Marsé sobre la inteligente Elvira Navarro; "Ficciones Tóxicas", artículo de Josep María Cuenca.

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    1. Tanto gusto, Cristina, y bienvenida a este espacio crítico en el que se hace precisamente eso, reflexionar críticamente. Donde Vd. ve insidias yo advierto incisión, porque no hay análisis si no se llega al fondo del asunto. La verdad o mentira de la anécdota es indiferente para la tesis que yo defiendo: las personas no tenemos copyright y, desde la ficción, insisto, desde la ficción, cada cual puede hacer de su capa un sayo, y de la de los demás. Es muy probable que la obra, sin el concurso de Erice , y ahora me indica que también de Marsé, en lo que mucho sospecho haya algo de "gremialismo", hubiera pasado como lo que acaso merezca, sin pena ni gloria; pero la sobreactuación de Erice ha impedido que las cosas fluyeran con la naturalidad con que se espera que fluyan, y choca mucho que haya ocurrido así, teniendo en cuenta su propia obra, y muy especialmente esa genialidad absoluta que es "El sol del membrillo". Le reitero la bienvenida.

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  6. Gracias por su bienvenida, aunque no me apetece pertenecer a su cuchipandi (¡hablando, precisamente, de gremialismos!)
    Sobreactuación de Erice, dice usted. ¿Y las de Elvira Navarro y la editorial pregonando una mentira como incentivo publicitario? Y la de usted mismo, admitiendo sin reparo que no ha leído el libro ni lo piensa leer.  Es decir, que habla con desparpajo de lo que desconoce, tan tranquilo. Exactamente igual que Elvira Navarro sobre la vida de Adelaida. Si se hubiera informado un poquito antes de ponerse a cacarear en su gallinero sabría que lo de falso documental es una etiqueta que se han inventado la Navarro y Random House, tal como figura en la contraportada del libro. Se diría no ya que no sabe, sino que usted prefiere no leer, para no enterarse. Qué más da. Lo que realmente le importa es otra cosa. Al enjuiciar a Erice de la manera en que lo hace, descalificándole con toda la arrogancia del mundo, adjudicándole intenciones exculpatorias, malévolas de todo punto, lo que persigue no es plantear un mínimo debate intelectual sino ajustar cuentas -vayan ustedes a saber el motivo-  manifestar sus filias y sus fobias. Ejemplo todo ello de parcialidad y falta de pudor que se lee, se lo aseguro, con mucha más estupefacción que los artículos de Erice y Echevarría (ese no pertenece al "gremio", ¿verdad?) y las opiniones de los escritores que concuerdan con ellos en el artículo de La Vanguardia de ayer, que supongo tampoco le apetecerá leer. Cristina García.

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  7. ¡Por el amor de Hermes, Cristina, Vd. está archienamorada de Erice! Le alabo el gusto.

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  8. Lleva usted toda la razón. Y usted de Elvira Navarro: incomprensible.

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  9. Le alababa el gusto y, faltaba más, el sentido del humor

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