<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-19755418</id><updated>2012-01-28T13:23:32.701+01:00</updated><title type='text'>Diario de un artista desencajado</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default?start-index=101&amp;max-results=100'/><author><name>Juan  Poz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17503156474886831961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_u6w_IJ9Oots/SiEgEn1IS5I/AAAAAAAAACU/QX5Bv7W6OOA/S220/IMGP0156.JPG'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>154</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19755418.post-3396604303417796665</id><published>2012-01-26T10:22:00.003+01:00</published><updated>2012-01-27T14:27:16.837+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;b&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;La España vulgar (Libelo libelular).&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;&amp;nbsp; 14. Los tres delirios del cuarto poder&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;No está tan claro que haya una indubitable realidad única donde todos nos movamos, ciegas hormigas, contribuyendo a la construcción de no se sabe bien qué Babel o laberinto. A medida que la vulgaridad se ha ido apoderando del país, uno de los últimos reductos que pretendía vivir inmune a sus maléfica influencia y dominio, la prensa, ha acabado adaptándose a las exigencias del guión. Comenzó muy fuerte: auténtico valladar ético infranqueable frente al sensacionalismo, frente al amarillismo y frente al papanatismo, político o religioso, de cuantos sucumbían a la adaptación al medio. Hoy, el cuarto poder es más poderoso, sí, pero en modo alguno un fiable referente de la independencia de criterio o de la búsqueda desinteresada de la verdad. Poco a poco han ido cediendo ante la vulgaridad en la que han de sobrevivir empresarialmente y han consolidado sus tres grandes delirios: definir lo real, cambiar los gobiernos y escribir la Historia. Padecen del mal de la ebriedad de poder, que no del don, y su fatuidad y ensoberbecimiento les ha llevado a pensar que son ellos los verdaderos actantes de la compleja historia de la realidad, sus protagonistas indiscutibles, los únicos redactores posibles.&lt;br /&gt;Desde la propia primera página de cualquier periódico sabe ya su comprador que acaba de entrar en tal o cual realidad de marca, ¡y hasta patentada! No habla el libelista de la pluralidad de puntos de vista ni de la diversidad de criterios, sino del vulgar así son las cosas, como se las estamos contando, y no hay más. Lo que significa&amp;nbsp; otros sólo les contarán burdos cuentos, descaradas mentiras o delirantes conspiraciones, ni más ni menos. Todo lo que uno oiga, vea o lea fuera del privilegiado canal de emisión que haya decidido escoger, senci-llamente es una especulación, una fábula, un quizás azaroso, una hipótesis aventurada o un podría ser, si se diesen determinadas circunstancias... Es decir,&amp;nbsp; que ha de ir el destinatario de la información bien alerta y vigilante de en qué realidad se mete, no sea que queriendo informarse acabe uniformándose y entrando en una de las trincheras desde las que los taumaturgos luchan cada día con todo tipo de armas: físicas, químicas y psicológicas, para tener la exclusiva de la realidad bien hecha y mejor contada.&lt;br /&gt;¡Qué sintomático es el que para los círculos exclusivos, para quienes creen formar parte del cogollito de la realidad, se use en nuestra lengua el término capillitas! La vulgata del frufrú de los hábitos religiosos castrenses –¡y religión es siempre re-ligar, atar en corto...!– se extiende a los nuevos definidores de la realidad. Ellos prefieren identificarse con el eufemístico Consejo de Redacción, que, ¡tan próximo al omnipotente Consejo de Administración!, no esconde su implacable afán de dictar, de que todo se ajuste a su dictado, de que todo ocurra como habíamos previsto, como les habíamos avanzado, como no nos habíamos cansado de anunciar que ocurriría.... &lt;br /&gt;Se levanta el día y los prensaleyentes pueden estar tranquilos: tendrán en sus manos el auténtico mapa de la realidad, ¿o debería repetir una de sus vulgaridades habituales y hablar de la &lt;i&gt;hoja de ruta&lt;/i&gt; de la realidad? Ninguna institución como la de los medios de comunicación para darle la puntilla al toro del lenguaje, renqueante y moribundo al salir de las manos del sistema educativo. Es esa deturpación constante del lenguaje el gran cimiento donde descansa el edificio entero de sus tres delirios. ¡Qué vulgaridad propia de proxenetas portuarios o halterofílicos gorilas de discoteca! No son muchos los que se acercan a los púlpitos editoriales desde los que se reparten&amp;nbsp; reprobaciones, descalificaciones, excomuniones, anatemas y escasísimos plácemes, pero aquellos que pecan tienen al menos la suerte de leer los auténticos renglones derechísimos de la divinidad grafómana. Imagínense a un dios que acaba de crear una parcela de la realidad y después, satisfecho de su obra, complacido en ella, se sienta, pone los pies sobre la mesa aledaña y&amp;nbsp; tira con los pulgares de los tirantes para mostrar su júbilo: ahí tienen al periodista modelo. Walter Mathau compuso a la perfección la catadura inmoral del individuo en cuestión en &lt;i&gt;Primera Plana&lt;/i&gt;, de Wilder. Desde entonces, copia imperfecta son quienes han venido detrás, y aun quienes se formaron en la movida prensa de la Dictadura y arrastraron hasta la democracia la intolerancia y la proclividad a las intrigas y al navajeo propios de su vieja escuela&lt;br /&gt;Un periódico, a fecha de hoy, no es más que una de las tres patas de banco de los grandes imperios de comunicación de nuestros días: radio-televisión-prensa, y ni de lejos la más importante de ellas, aunque, ¡añejo fetichismo!, ¡anacrónica vanidad!, se presente como la única insustituible, como la única que acredita, por su mera existencia, la libertad de expresión. Como se puso de moda en la época del desarrollismo hispánico, cuando comenzaron a cuajar buen número de las vulgaridades que hoy tienen ya el prestigioso marchamo de &lt;i&gt;de toda la vida&lt;/i&gt;, no se estaba a la última si no se había visto la película, escuchado el disco o leído el libro, de tal o cual éxito de masas. Desde esa triple perspectiva, los pocos emporios de la comunicación a las masas que sobreviven a la veterana incultura patria constituyen selectos clubes, al viejo estilo de las fratrías masónicas: pertenecer a uno de ellos garantiza un lugar, muy a menudo privilegiado, en el mundo. El viejo taifismo político ha devenido taifismo social y cultural al más puro estilo mafioso: la gran &lt;i&gt;familia&lt;/i&gt;. Dentro de ella, todo es posible; fuera de ella, ándate con ojo qué sitios frecuentas y con quién te relacionas..., es decir, la antiquísima ley del o conmigo o contra mí que aún sigue gobernando el mundo como lo ha hecho desde los tiempos reptilíneos de las hachas de sílex y las azagayas. &lt;br /&gt;Un mundo que se retroalimenta constatemente: periodistas que escriben libros publicados en la editorial del Grupo –¡Ah, he ahí la palabra fetiche, el comodín de la vulgaridad de nuestros días: Grupo. Nadie que se precie lo excluye de su tarjeta de visita: Grupo Martínez, ¡sus planchistas de confianza!; Grupo Prieto, contables y asociados; Grupo Martín Fadesa, ¡la pata quebrada, y sin casa!; Grupo Hontanar, extracción de áridos; Grupo Guaydent, ¡los mejores precios para su sonrisa!; y dentro de poco hasta cualquier familia particular se anunciara como Grupo Pérez y Pérez, nos tienes en el 625347853, en el 669354678 y, por supuesto en Avenida El Capullo, 12, por ejemplo–;&amp;nbsp; libros que la radio y la televisión del mismo grupo, evidentemente, promocionan y elogian con sonrojantes y atrevidas hipérboles; películas en cuya producción ha participado el grupo y que son elevadas a la categoría de obras maestras imprescindibles, aunque sean, por lo general, invisionables; discos gestados y producidos en el seno del grupo que, en el periódico-supermercado que impera hoy en día como modelo comercial, llega muy bien de precio a la masa. Lo que siempre se ha considerado un mal endémico de la universidad española, la endogamia, se ha convertido, en el ámbito de la comunicación, por arte de birlibirloque, en la más acabada expresión de lo políticamente correcto: el amiguismo –con toda la carga cutre&amp;nbsp; que cabe en ese escupitajo podrido y halitoso contra el noble concepto del que deriva– elevado a los altares de la urbanidad.&lt;br /&gt;Supermercados, decía hace unas líneas, que parecen los periódicos, a juzgar no sólo por la presentación de los contenidos, sino también por las mil y una colecciones con que se adorna el artículo para dotarlo de un &lt;i&gt;valor añadido&lt;/i&gt;, ¿no lo dicen así los tecnócratas de nuevo cuño y mucha coña? La información a secas es señal de racanería, ¿a quién le interesa? Por eso se vende casi a gusto del potencial consumidor, al que quizás se haya sondeado con anterioridad –nada que ver con los entubamientos ni los enemas, claro está...– para determinar con exactitud sobre qué temas quiere que le levante el periódico del día el plano supuestamente fidedigno de la realidad. Se trata del bonito juego del recorta y pega para zurcir con los pedazos lo más parecido a la costumbre de la realidad&amp;nbsp; que no alarme a los consumidores sino lo justo, la exacta ración de indignación con que conviene que cierre la última página para volver al día siguiente a reincidir en la comprobación de que todo sigue en su sitio, al inconfundible estilo de &lt;i&gt;El Show de Truman&lt;/i&gt;. Por todo ello,&amp;nbsp; son pocos los transeúntes que derivan su atención hacia esas covachuelas exóticas donde un hombre solo, o una mujer acompañada, rodeados de periódicos, revistas, y fascículos de colecciones inimaginables sobre los más esotéricos asuntos –desde abanicos de seda pintados a mano, hasta plumas clásicas, pasando por ¡Los mecheros de tu vida! o ¡Reconstruye el Apolo X. Hoy, primer fascículo y primera entrega: plancha del fuselaje!–, aguardan la visita de sus conciudadanos. Se diría de ellos que son un híbrido de bibliotecarios y de Robinsones, a juzgar por su aislamiento y por el orden escrupuloso con que la mayoría de ellos ordena el quiosco para que un simple golpe de vista permita al cliente identificar la revista, el libro, el fascículo o el periódico que desee. Las catástrofes disparan las ventas, eso sí, porque en esos casos ha de leerse lo que ha ocurrido: es el único viejo prestigio que aún les queda a los diarios, auténticas enanas blancas de la Galaxia Gutemberg: ¡alta temperatura superficial y débil luminosidad intrínseca! Les sucede a esas chozas urbanas lo que a los cines: éstos subsisten gracias al negocio del maíz con alas de colesterol; aquéllas, gracias al tabaco, las chucherías, los vídeos porno y las apuestas autonómicas, donde las tengan.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19755418-3396604303417796665?l=diariodeunartistadesencajado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/feeds/3396604303417796665/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19755418&amp;postID=3396604303417796665&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/3396604303417796665'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/3396604303417796665'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/2012/01/la-espana-vulgar-libelo-libeluar_26.html' title=''/><author><name>Juan  Poz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17503156474886831961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_u6w_IJ9Oots/SiEgEn1IS5I/AAAAAAAAACU/QX5Bv7W6OOA/S220/IMGP0156.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19755418.post-726481849012217817</id><published>2012-01-18T20:57:00.000+01:00</published><updated>2012-01-18T20:57:21.488+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; La España vulgar (Libelo libelular)&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; 13. Fragor Friqui&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; ¡Qué tenues son las fronteras de la vulgaridad en este país de todas las moscas! Del camino simplicísimo y servil de la Obra, que siempre se ha abierto paso por entre los apretados esfínteres del PODER, podemos pasar, sin dejar la cruz ni renunciar al precedente histórico del Lunar de Peñíscola, a la apoteosis esperpéntica y ultra-chabacana del Papa Clemente, Gregorio XVII, Pontífice de la Iglesia de El Palmar de Troya, ciego como los buenos visionarios –paradójicamente a causa de un&amp;nbsp; accidente en &lt;i&gt;Beo&lt;/i&gt;ho&lt;i&gt;via&lt;/i&gt;–, cebado como los regalados mandatarios, hermético como los cimeros falsarios. Planta&amp;nbsp; propia del país, regada con los buenos caldos que de norte a sur y de este a oeste alimentan cualquier deserción de la razón y cualquier desvarío de la creencia, la Iglesia del Palmar, carmelitas de la Santa Faz –que nunca han engañado a nadie en cuanto a lo de la jeta–,&amp;nbsp; ha santificado a Escrivá, a Franco y a José Antonio (Joseantonio para sus fieles, tanto los auténticos como los de pega...) y ha condenado a las tinieblas a la Iglesia católica, a Juan Pablo II&amp;nbsp; y a Juan Carlos I, entre los más cercanos y tirriados. Y aun hoy, bajo el gobierno de Pedro II, continúa alimentando la fe, la esperanza, y sobre todo la caridad de sus fieles donantes.&lt;br /&gt;En este país de peregrinajes, no hay rincón donde no se alce una bandería que invite al homenaje y al sometimiento, porque es divisa de la extendida y acérrima vulgaridad peninsular el viejo dicho de recia y extendida raigambre ya citado con anterioridad: “lejos de mí la funesta manía de pensar”; por eso Gregorio XVII fue visitado por la Virgen y habitado por los estigmas del Mesías, y hasta convertido en depositario, por apropiación indebida, del tercer secreto de Fátima: había de sumarse a la red de los centros de peregrinaje y convertir su humilde zarza particular en basílica donde recoger los copiosos frutos de su sacrificio: Lourdes, Fátima,&amp;nbsp; Santiago, Loyola, Torreciudad, Utrera.... ¿Quién no encuentra, en este país, un alma sencilla y fortunada, dispuesta&amp;nbsp; a honrar al Señor a golpe de talonario y a garantizarse, de paso y de peso, un sitial de privilegio en su Gloria, aunque sea a través de beneficiar a su más estrafalario y exhibicionista representante?&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Colindante con esa friquilandia feliz de El Palmar hallaríamos el caso de otro visionario, de muy distinta naturaleza y de muy otros atributos, que también declaró haber sido visitado por la Virgen, si bien no queda memoria de ningún encargo ni secreto especial que le hubieran sido revelados. Fernando Arrabal –y al libelista se le remueve algo por dentro al incluir a tan apreciado escritor en este capítulo de infamias–, preclaro autor barroco de &lt;i&gt;La hija de King Kong&lt;/i&gt;, última hija agraciada de Nuestro Señor Don Quijote, se dejó visitar por la Reina de los Cielos en jornada que siempre ha considerado uno de los episodios trascendentales de su existencia, del mismo modo que confiesa escribir inspirado por el Espíritu Santo pentecostiano, ¡y ojito con cualquier burla o salida de pata de banco respecto de esos temas sagrados, porque, como el zote Ronzal de &lt;i&gt;La Regenta&lt;/i&gt;, no duda ni un segundo en&amp;nbsp; hacerlo cuestión personal! Una reacción, por cierto, nada distinta de la que tuvo el autoproclamado provocador de provocadores, Calixto Bieito, cuando, en un acto oficial, se le subieron a la tarima unos colegas reventadores que pedían un reparto más equitativo del pesebre y acabó, el &lt;i&gt;épateur&lt;/i&gt; profesional, abominando de la intromisión y exigiendo que limpiaran la tarima donde él oficiaba, todo ello con el demoledor argumento de que hay formas, lugares y momentos para cada cosa...&lt;br /&gt;¡Ah, qué memoria feliz la del libelista al asociar al memorable, ¡al entrañable!, Ronzal a la cadena de filofriquistas hispánicos como si fuera el padre de todos ellos, o, por lo menos, un aventajado ascendente! Es referencia para minorías, claro está, porque en un país en el que más del 50% de los ciudadanos confiesa paladinamente, e incluso con un inequívoco timbre de orgullo, que jamás ha leído un libro, y en el que, de la otra mitad, la mitad a su vez reconoce no leer más que uno al año, poco ha de esperar el libelista que se reconozca la fuente expuesta. El tal Ronzal es eximio representante de la masa dominante de nuestros días, la encumbradora de todos los friquismos posibles. Admirador profundo del jefe del Partido Liberal dinástico, Don Álvaro Mesía, que sí es un friquidandi de cuidado, un lechuguino y pisaverde acabado, Ronzal bebe los vientos por parecerse al original en el que, para su zotería, se encarnan todos las gracias que pueden adornar a un varón. ¡Ah, si algún despistadísimo lector de estas líneas pudiera pasar de éstas a las de Clarín y engolfarse allí en el retrato de Vetusta y de los vetustenses! Acaso hasta pudiera convertirse en su particular camino..., pero de Damasco.&lt;br /&gt;Decíamos que es este un país donde se abrazan los extremos con increíble facilidad, y donde los desplazamientos ideológicos, por ejemplo, pueden salvar todos los pasos intermedios, y aun devolver la misma esencia en el espejo donde se reflejan sus muchas diferencias accidentales. Es el caso de la moda insolente de las&amp;nbsp; tribus urbanas, no muy lejanas, ¡para su escándalo!, de la de los bobalicones meapilas tipo &lt;i&gt;Amo a Laura&lt;/i&gt; en quienes nos hemos detenido con cierta morosidad líneas arriba.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; De estética radicalmente distinta, llena la cara de pústulas de acero y el cuerpo de polícromos tatuajes –¡huy, perdón, de &lt;i&gt;tatto-os&lt;/i&gt;!, discúlpeseme la irreverencia...–&amp;nbsp; con motivos vergelescos inspirados en los más cutres papeles pintados de las insignes droguerías británicas, muchos de los componentes de esas tribus antisistema, antiglobalización y anticurrelo se uniforman de tal manera que resulta difícil pasar la revista de sus marciales colegas antibelicistas –siempre dispuestos, sin embargo, a la &lt;i&gt;razzia &lt;/i&gt;antifascista o a plantarle cara a cualquiera de las mil policías del Estado– sin que se detecte alguna deslealtad o se incurra en alguna dejación estética imperdonable por las que se haya de pagar el altísimo precio de la marginación y quién sabe si hasta las penas de desbarrio y de desocupación. Las crestas, los chalecos, las rastas, las botas de alta caña y veintiún cordones, los pantalones pitillísimos de bélico camuflaje, las camisetas de tirantes –de las desacomplejadas coleguis–, sobre los pechines desguarnecidos de íntimo atalaje, la rebelión contra la depilación, las cejas perforadas, las narices con aros oseznarios, las lenguas con el lacasito de acero permanente; todos los&amp;nbsp; arreos de extremada bizarría, en fin, no pueden competir con la oscuridad insufrible de sus certezas asentidas en discursos cuya oscuridad elocutiva y espesura conceptual sólo se puede calibrar&amp;nbsp; cuando se ha tenido la desgracia de tener que oírlos en la cercanía de una mesa de terraza de bar o en un banco de una plaza pública. Nietos del cheli trasnochado del güisqui para el personal de &lt;i&gt;Las madres del cordero&lt;/i&gt;, bisnietos del argot quinqui sin desarrollismo e hijos de la LOGSE, la vanguardia pseudocircense –a juzgar por la afición a tropezarse con los bolos y las bolas en los eternos semáforos de algunos cruces para arañar unos cobres de euro con los que ir trampeando–&amp;nbsp; de la juventud opuesta al sistema y a la máquina infernal del capitalismo globalizador se tropieza también con las palabras cuando se dan mutuamente la razón en pseudodiálogos de afirmación personal, de potenciación de la autoestima: &lt;i&gt;Pues claro que sí, colega: puto mundo podrido&lt;/i&gt;. &lt;i&gt;Es que flipas mogollón&lt;/i&gt;. &lt;i&gt;Banda de buitres, joder&lt;/i&gt;. &lt;i&gt;Habría que acabar con todos, con todo. ¡Pum! Y a empezar de nuevo. Con nosotros, con los legales. Puto mundo de los dineros. Y hablando de dinero; ¿tienes unos eurillos por ahí con los que mercarnos unas birras y un bocata sardinas en lata? Estoy pelao pelao. Y por donde mis putos viejos es que ni puedo aparecer. ¡Que acabe la ESO, quieren, no te jode! ¡Con veinte tacos y me salen con la ESO! ¡Con lo eso, con lo otro y con lo de más allá, les digo yo! ¡Anda ya! ¡Menúos pringaos, no te jode! ¡Pa enjaularme estoy yo, a mis años!&lt;/i&gt;&lt;br /&gt;A su manera, no están lejos esos planteamientos de los de otras tantas friquerías patrias que se manifiestan de los modos más dispares. Y muy singularmente emparenta el libelista esas muestras privilegiadas de la oratoria rompedora con otro techo expresivo de los anales del friquismo: el de los &lt;i&gt;zutabe &lt;/i&gt;de los politicomafiosos etarras, ¡auténticos cráneos privilegiados! Dos horas de prime time a sus anchas que les dejaran en todas las televisiones&amp;nbsp; para denunciar, de una vez por todas, con total claridad, sin pelos en la lengua, todo clarito, clarito, con verdades contundentes, la política criminal del estado español contra el heroico&amp;nbsp; y mítico pueblo vasco y quizás se acabara, al expirar el plazo, y por deserción de sus propios seguidores, el cotarro de ceporros camorristas asesinos. ¿No es ejemplo apodíctico el caso de los Piñaristas ocupando una exigua parcela de la Plaza de Oriente para denunciar a sus anchas la conjura judeomasonicamarxista que ha supuesto el hundimiento de la nación española? Al término de las dos horas muy probablemente los televidentes se preguntarían si los siguientes cómicos, con capucha achinada o sin ella, iban a ser tan flojos y confusos como los primeros. Y si en el pacto se incluyera el preceptivo corte para la publicidad, bien pudiera ocurrir que, a la vuelta del descanso, predicaran en el desierto del share...&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Desde que el eminente bufón don Francesillo de Zúñiga dejara memoria escrita de su paso por este mundo, no han sido pocos los friquis hispanos que han jalonado la historia de este país: desde los bufones de Las Meninas hasta la mujer barbuda velazqueña, pasando por los pintorescos retratos que nos ha legado la portentosa prosa de las obras picarescas, desde siempre el país ha sido pródigo en esperpénticas criaturas que han alegrado las vidas de sus naturales, y aun las de los nacidos allende sus fronteras. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; También, ¡y cómo podía ser de otra manera!,&amp;nbsp; el extinto Dictador compuso el tipo eminente de gran miembro bajo palio de la parada de los monstruos, con su aflautadilla voz blazqueciana, su prominente vientre enfajado, sus holgadas botas de caña alta, su boina tradicional, su ostentosa papada, el bigotín acobardado y su mecánica gesticulación de marioneta movida por un aprendiz, todo ello desinflado en un pellejo de apenas 30 quilos, entubado por todos sus orificios, según las fotos con que su yerno, al decir de lenguas viperinas, se sacó un sobresueldo en las épocas semi flacas, para ellos, de la restauración democrática. Desde esa creación tradicionalista y de las JONS, no han sido pocos los sucesores que, de una u otra esfera social han venido a engrosar esa parada. &lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; De hecho, los programas basura del corazón no se han dedicado a otra cosa que a encumbrar socialmente una ingente tribu de mercenarios del friquismo que han aprovechado para ganarse la vida a costa de sí mismos y de quienes se pusieran a tiro de sus calculadas inversiones en la bolsa del mundanal ruido de la fama de pacotilla. La nómina de seres vulgares que el libelista es capaz de elaborar sin haberse interesado nunca por ellos sería la prueba elocuente de la potentísima presencia social de esa tribu generada por algunos medios de comunicación que, entre otras lindezas, han devaluado radicalmente el concepto de vida privada de&amp;nbsp; las personas, han embrutecido la vida emocional, han mercantilizado los sentimientos y han convertido en un circo y en una almoneda las miserias de los pobres de espíritu y aun de algunos que se las dan de ricos del ídem. No puede sorprender a nadie que reconocidas y reconocidos candelabros –según la célebre definición mazagatiana de a quien le llovió la sabiduría con el agua de la pila bautismal–&amp;nbsp; como Belén Esteban o Paquirrín, escogidos al azar de la caprichosa memoria, llenen volúmenes de huecograbado con sus andanzas, desvaríos y destemplanzas; pero en esa nómina han de integrarse personas con otro perfil que no les ha servido para escapar de ella: la asediada bióloga Ana Obregón, por ejemplo, o el otrora afamado actor y antes del otrora infame y reputado cómico Andrés Pajares, cuyas miserias familiares y personales se han convertido en serial depresivo y deprimente. &lt;br /&gt;¡Ah, aquel protofriqui &lt;i&gt;avant la lettre&lt;/i&gt; que fue el casi olvidado y nunca del todo reconocido Barragán! Ni siquiera a los especializados lectoespectadores de los rituales de esas tribus puede que el nombre les hubiera traído a la memoria la imagen y la chistería fecunda, es decir, jodiunda, escatológica, y siempre irreverente, del cómico del diente embetunao, si no hubiera sido porque Pablo Motos consiguió desenmascararlo recientemente en &lt;i&gt;El hormiguero&lt;/i&gt; con motivo de su vigesimoquinto cumpleaños artístico! ¡De entre las dos buenas decenas de chistosos profesionales que competían con Barragán en aquellos días tuvo que triunfar el de la Calzada, de vida ejemplar y ejemplo de ramplonería humorística y lingüística que halló gracia a los oídos del vulgo, quien lo acogió y lo estrelló contra la pantalla del cine, antes de sepultarlo en el finstrolvido!&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En mala hora –&lt;i&gt;late night time&lt;/i&gt;– se inició, cruzando el caudaloso Mississippi –Misisipí en antiguo castellano de provincias–, la edad dorada del friquismo patrio finisecular. Las casi recién inauguradas televisiones de pago traían en los proyectos de sus parrillas (al modo como llegó Nosferatu a Europa en la bodega del barco)&amp;nbsp; monstruos nocturnos y fantasías sombrías, como un vuelo de murciélagos funestos –¡hasta las propias mamachichos del atardecer eran encarnación siniestra de tal vulgaridad muslorampante y tetatemblante! Desde aquella riada venenosa quedó el terreno abonado para cualesquiera aventuras que sucedieran al vadeamiento inicial. Apenas el empacho de vulgaridad alertó las conciencias de los padres y madres de la patria, se quiso, desde el Parlamento, legislar códigos y levantar prohibiciones que desfacieran el entuerto del negocio flore-ciente. Ya era tarde, como casi siempre. De todo ello se rió el Pelícano con su turbia sonrisa hasta que la competencia halló fórmula más eficaz. Disfrazado inicialmente con los ropajes de la coartada de calidad del referente Bradburiano, aparecieron unas &lt;i&gt;Crónicas marcianas&lt;/i&gt; que eran, en realidad, crónicas de las Batuecas, malencarado plagio de Celtiberia Show, y espejo del más rancio esperpento patrio, pero sin la grandeza de la visión valleinclanesca y, por descontado, sin su ejemplar y modélica creación estilística. &lt;br /&gt;Enseguida, habiendo perecido el Pelícano por los picotazos de la camada que le reventó el vientre, los cronistas de Marte reinaron a sus anchas y anchearon la parada para dar cabida a toda la vulgaridad imaginable. El libelista no es muy ducho en esos saberes y es posible que pueda ser puesto en noble ridículo por los aficionados profesionales a esos espectáculos cutres; pero friquis profesionales como un inclasificable Pocholo, de la saga franquista, o un tal Apeles, sacerdote por el rito de San Girolamo, experto en controversias, peloteras, insultos y artes marciales argumentativas, se mezclan con otros como el ubicuo Izaguirre de cultas caras semi ocultas, culo exhibido y mil chillidos histéricos que a duras penas podían ser contenidos por el director que tiró la piedra del engendro y escondió el escaso ingenio de la creación.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ni siquiera la experta compasión del libelista es capaz de cubrir con su piadoso manto la desnudez insultante de esos monstruos que pululan por la vida social de este país constantemente jaleados por la estulticia de auténticas masas de individuos e individuas clónicos que los aplauden&amp;nbsp; y hasta los imitan, y que incluso son capaces de pagar por verlos actuar en el Circo de las Miserias. Convivimos con ellos y sufrimos su omnipresencia, nos guste o no, aun cuando no se interese uno por ellos lo más mínimo. Pero eso tiene la vulgaridad reinante: se apodera de todos los espacios –los &lt;i&gt;nichos &lt;/i&gt;que dirían los vulgares semiólogos y sus íntimos amigos demoscópicos–,&amp;nbsp; contaminándolos hasta que se hace imposible distinguir si, tras su presencia ofensiva y corrosiva, ha existido alguna vez una realidad en la que mereciera la pena instalarse y vivir dignamente.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Corone este inexcusable epígrafe lo que, sin ningún género de duda, puede y debe entenderse como el colmo de la vulgaridad, un ser del que, al libelista, como le ocurría en el caso de Pujalte, le cuesta reconocerse congénere. Su crispadora lengua viperina, ahíta de onomatopeyas de la caquexia mental que encarna,&amp;nbsp; ha sido acogida en cadenas televisivas de pocos escrúpulos con alfombra roja para disimular los esputos sanguinolentos con que avasalla a quienes, en consorcio con él y a tanto alzado, se prestan a ser babeados, espumajeados y vitriolizados. Diminuto como el interés de la banca, con voz chillona y estridente de tombolero envejecido y sin fortuna, de mirada agresiva como la de las hienas y ademanes de mal perdedor a las cartas, Jesús Mariñas –¡Jesús, llamarse así!– representa, al nivel de la excelencia y la consumación, a toda esa horda de pseudoperiodistas que, en compañía de tan excelso representante, constituyen la vergüenza y la decadencia de una sociedad abocada al ridículo, a la zafiedad&amp;nbsp; y a la inanidad. Cuenta su dicenda –&lt;i&gt;leyenda&lt;/i&gt;, de leer, es ex-cesivo para semejante homúnculo– que allá en tiempos remotos ejerció de tierno gigoló de viejucas aristocráticas aficionadas al salvamento y el socorrismo, y que gastó mucha labia y saliva sacándole brillo a la sin hueso, afilándola en fustes de envergadura, para consumar su agresiva pericia un punto histérica que la ha permitido ganarse la vida, o lo que sea que se gane, de plató en plató, como antes fue de plato en plato. Junto a otros y otras, que el gremio tiene extensa nómina de maledicentes malencarados y pedantuscos, por mor de la nesciencia, han levantado a pulso el edificio de la mediocridad, el patetismo, el ridículo, la desvergüenza, el griterío, el insulto de brocha gorda sin ápice ninguno de ingenio y la más tocina de las&amp;nbsp; chacinerías de los pseudosentimientos. Forman capítulo aparte de la friquería nacional, abanderados por el tal Mariñas, ejemplar paradigmático de las perversiones que fomenta la caza de la audiencia, cinegética pasión de todas las cadenas.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19755418-726481849012217817?l=diariodeunartistadesencajado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/feeds/726481849012217817/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19755418&amp;postID=726481849012217817&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/726481849012217817'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/726481849012217817'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/2012/01/la-espana-vulgar-libelo-libelular-13.html' title=''/><author><name>Juan  Poz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17503156474886831961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_u6w_IJ9Oots/SiEgEn1IS5I/AAAAAAAAACU/QX5Bv7W6OOA/S220/IMGP0156.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19755418.post-7200536251080424464</id><published>2012-01-12T16:58:00.000+01:00</published><updated>2012-01-12T16:58:51.681+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;span style="font-size: large;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;&lt;b&gt; La España vulgar (Libelo libeluar).&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size: large;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; 12. La basca del báculo&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En parte hemos heredado esa ordinariez expresiva del sometimiento religioso en que ha vivido, ¡y aún vive!, este país masacrado por los ardores trentinos de un poder religioso que se niega a perder su ya escasa o nula influencia social. El melifluo Blázquez, de aflautadillo timbre y cadencia retórica de rosario desganado, quiso honrar el evangelio de su secta, &lt;i&gt;Dad al César lo que es del César...&lt;/i&gt;, y contemporizar con el poder terrenal; pero los rouquidos pardobazanescos del gallego de tierra adentro han acabado imponiendo el gesto y el mensaje hoscos del integrismo fanático. ¡Cómo echará de menos el cardenal avinagrado los besos sobre su anillo y el gesto omnipotente de quien levanta al pecador que se humilla ante el pastor, sabedor de que los príncipes de la Iglesia siempre estarán por encima de los príncipes de la Tierra! &lt;br /&gt;¡Cómo extrañamos muchos, por el contrario, que en el siglo XXI las autoridades que se apellidan socialistas, ¡y, sin embargo, con tan escasa inteligencia social!, sigan sin establecer la independencia efectiva del Estado de una confesión religiosa crepuscular y antidemocrática! Meapilas auténticos son estos gobernantes que no se la encuentran para mear cada vez que la Conferencia Episcopal clama al cielo –usualmente de Madrid, por aquello del dicho, se supone...– que sufren persecución, como bajo Diocleciano, que se les desprecia y silencia, que se destruye la familia católica, ¡que se acaba con la democracia...! Pero los cardenales y los obispos no quieren que les libren de la persecución, sino que se ofrecen en sacrificio a mayor honra de la Iglesia y de su Papa de Prada. Están más que dispuestos a sufrir la degollina&amp;nbsp; de los sanguinarios ateos victoriosos&amp;nbsp; o a ser expuestos a las fieras –¡al populacho rojo!– en el circo de la laicidad, de modo que puedan alcanzar la beatitud de los mártires del Alzamiento. &lt;br /&gt;Con los seminarios criando telarañas por los rincones; las misas con menos feligreses que espectadores la final del campeonato nacional de petanca, y todos ellos por encima de la setentena; con su santo locutor condenado en los tribunales por falta de caridad cristiana; con el negocio floreciente de los ecónomos inversores en chiringuitos financieros de dudosa honestidad...; con el aspa de la renta moviendo los ideales de los fines sociales; dependiendo de la ayuda directa del Estado para pagar los míseros sueldos a los probos párrocos de la tropa parroquial –¡prueba fehaciente de la confesionalidad de un Estado prisionero de un concordato inexplicable en cualquier país de Europa!–; con los divorcios rápidos al acecho; con las catequesis desangeladas; con los pederastas amparados y comprendidos por ese obispo insular, pero no aislado, que alegaba que “los niños provocan” y por cuantos&amp;nbsp; provocados como él callan y otorgan y padecen la persecución de la provocación...; con la inminencia de la ley de plazos para el aborto; con la naturalidad de los matrimonios homosexuales (titulareada en la prensa rosa, verbi gratia: JV sale de vacaciones con su marido); con la Educación para la Ciudadanía contrarrestando su antiacadémica presencia en el genuflexo sistema escolar –¡otra aberración más de este Estado confesional!–; en esa situación, en fin, ¿cómo sigue siendo posible que una secta, que, si sólo dependiera del apoyo económico de sus fieles, haría tiempo que habría desaparecido&amp;nbsp; del escenario social, continúe siendo capaz de condicionar la acción de un gobierno elegido democráticamente en las urnas? La popular serie de libros sobre los enigmas de la Historia habrá de incluir éste en&amp;nbsp; un futuro no muy lejano.&lt;br /&gt;Tan ridículos y vulgares como sus mayores le parecen al libelista esos jóvenes cachorros adoctrinados que entre arrobos pseudomísticos y deliquios espirituales se pasean por todos los rincones del mundo, con el soporte logístico de sus acaudalados progenitores, siguiendo las convenciones totustuusescas y exhibiendo esa histérica alegría de adocenado fan adolescente cada vez que el Papa de Prada se dirige, en recio castellano germanizado, a los jóvenes españoles y les exhorta a ser testigos de la fe y otras cuantas simplicidades que provocan un delirio cuasi orgásmico entre los jóvenes y un fervor nacionalista que a punto está de oírse, entre el ondear brioso de las banderas españolas, un &lt;i&gt;¡A por ellos, oé!&lt;/i&gt;, y sus bises de rigor, de más que ininteligible lectura, aunque de cruzado origen, sin duda. &lt;br /&gt;Los mismos jóvenes que, desde su bobería entusiasta y su fervor místico de pacotilla –flechas y pelayos de pomporrutas imperiales de la fe católica–, luchan contra su sexualidad con contagiado ardor y se mortifican si sucumben al placer solitario que les recuerda el terne poder del tercer gran enemigo del alma. Al libelista le traen me-moria lejana de conflictos herrumbrosos, heroicas negaciones que son vencidas por las persuasivas afirmaciones todopoderosas del deseo. ¡Ninguna perversión sexual más refinada que la de la castidad ator-mentada! Argumento sobado de folletines ilegibles, a la lucha de esos jóvenes contra sus propios cuerpos siempre le llega la más dulce e in-tensa de las derrotas. Más allá de su condición de instrumento divino para la perpetuación de la especie, acabarán maravillados por la divi-nidad del instrumento y se adherirán con firmeza a la parnasiana herejía del placer por el placer.&lt;br /&gt;Vitorean a su pastor, en concentraciones diseñadas con una puesta en escena propia de actuaciones de fiestas patronales en cualquier ayuntamiento del tres al cuarto que tira la casa por la venta-na para honrar a San Sisebuto, pongamos por caso, y lo hacen con una pasión no muy distinta de la que usan para vitorear a cualquier idolillo musical o del entusiasmo con que vociferan las canciones que intercalan en el misterio de la eucaristía, y que los párrocos, más afi-cionados a la melismática tradicional gregoriana, soportan con estoi-cismo pagano hasta que pueden continuar con su excepcional come-tido rutinario. &lt;br /&gt;Jóvenes&amp;nbsp; que escuchan&amp;nbsp; a sus mayores con una unción ya extinta, dispuestos a asentir a las verdades del barquero y a los más comunes lugares de la nesciencia infatuada; dispuestos al amén y al trágala; humildes, ignorantes, fieles, castrados; dispuestos a aceptar como clarividencias los más sombríos temores primitivos; sedientos de verdades que les den la seguridad del padre que no abandona a la camada a su suerte; ansiosos de consuelo y necesitados del divino auxilio que les llegue a través de los trujamanes en cuyas untuosas voces parece regodearse la inefable deidad.&lt;br /&gt;La versión más carpetovetónica de esa trujamanería intere-sada y castradora es la de las añejas prédicas televisivas del muy campechano Escrivá de Balaguer, aunque las recientes manifestacio-nes de las huestes del polifacético Argüello no le vayan a la zaga, pe-ro con otra vulgaritas más acorde con las polimórficas, polifónicas y polícromas hortereces de los tiempos actuales.&lt;br /&gt;&amp;nbsp;Solo en el escenario, rodeada la tarima,&amp;nbsp; donde escenificaba la variante monegresca del sermón de la montaña, por bobalicones fansfieles, el campechano monseñor prodigaba consejos de todo a cien a diestro y siniestro, con un estilo del que nunca se supo quién era el original, si Paco Martínez Soria o él mismo, una reñida paterni-dad de impostada aldeanura quintaesenciada. Con la alegría de corro de fuego de campamento de las juventudes nacionalcatólicas, mon-señor aragoneseaba sus icos e icas con fe domundiana y allanaba el arduo y gratificante camino de los inefables misterios de la fe a su au-diencia entregada. Entre chistes de parvulario o asilo, monseñor ase-guraba el respaldo divino a quienes fueran como niños, porque Dios no quería hijos resabiados ni discurridores, sino apóstoles de su credo simplicísimo y fortísima exigencia ética. Era digna de ver la felicidad desbordada de aquel párroco de aldea que había descubierto, a las buenas gentes sencillas, el camino de la entrega a los designios del Señor, de los que él era intérprete privilegiado y resumidor aventajado. Nadie diría de él jamás que era un arrogante e infatuado Papa Negro arrojando sombra de ambigüedades y tutelas hermenéuticas sobre el vicario de Cristo en la Tierra. Antes bien, él animaba a sus fansfieles a seguir el camino de la privación, del cilicio, de la castidad bien entendida, de la fidelidad al Papa de Roma, del amor a la Virgen, del amor al trabajo y de la solidaridad&amp;nbsp; -¡casi masónica!- entre los hermanos de la gran Obra que construían AMDG y AMPO, id est, ad majorem pecuniam Operis...&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19755418-7200536251080424464?l=diariodeunartistadesencajado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/feeds/7200536251080424464/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19755418&amp;postID=7200536251080424464&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/7200536251080424464'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/7200536251080424464'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/2012/01/la-espana-vulgar-libelo-libeluar.html' title=''/><author><name>Juan  Poz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17503156474886831961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_u6w_IJ9Oots/SiEgEn1IS5I/AAAAAAAAACU/QX5Bv7W6OOA/S220/IMGP0156.JPG'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19755418.post-6440440345982110091</id><published>2012-01-07T14:31:00.000+01:00</published><updated>2012-01-07T14:31:13.124+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 106.85pt; text-align: justify; text-indent: -36pt;"&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height: 150%;"&gt;La España vulgar (Libelo libelular). &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 106.85pt; text-align: justify; text-indent: -36pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 106.85pt; text-align: justify; text-indent: -36pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 106.85pt; text-align: justify; text-indent: -36pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 106.85pt; text-align: justify; text-indent: -36pt;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 14pt; line-height: 150%;"&gt;11.1.&lt;span style="font: 7pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 14pt; line-height: 150%;"&gt;Tertuliería y rebotica.&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Los tertuliantes y tertuliantas, fauna social peculiar donde las haya, para distinguirse de la masa indiscriminada propensa a la cifra, suelen recurrir también a las encuestas, pero con la particularidad de pretender explicar con pelos y señales todos los entresijos de cada tanto por ciento en relación con la realidad toda, de tal manera que de un 40%, pongamos por caso, ellos y ellas –¡sigue sin tener nada que ver con Mankiewicz, desgraciadamente!– acaban previendo el próximo adelanto de las generales, una agresiva y temeraria expansión comercial, la radical transformación social de un país o la necesidad urgente de un cambio de rumbo en lo que sea, aunque la mayoría de las veces se incluye en el referente, por si las moscas, la tríada de rigurosa comparecencia: &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;política, económica y social&lt;/i&gt;. Tertulianos ha habido que han defendido la &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;aplastante&lt;/i&gt; victoria y la &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;sólida&lt;/i&gt; &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;e indiscutible&lt;/i&gt; legitimidad de un 36 % de síes del total de votantes posibles en un referéndum estatutario, es decir, lisa y llanamente, que sólo tres habitantes de cada diez de la comunidad han aprobado el estatuto en cuestión...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;¡Ah, los y las tertuliantes, ultimísimo peldaño evolutivo del charlatanismo periodístico! ¡Máxima expresión del diletantismo ignaro en estado puro! ¡Ponga un tertuliante en su vida! ¡Escuche o vea o lea a...! ¡Nada como una buena tertulia para acodar en la barra de bar a todo el país! ¡Ah, las investidas pitonisas y los imposibles pitonisos –mal que le pese a la ministra– que predicen la realidad enroscados en el trípode, agitando sus lenguas bífidas y mirando de hito en hito a los adversarios con sus ojos sin párpados! ¡Gladiadores modernos del verbo, los tertuliantes asumen el esquema de los programas basura del corazón y se despellejan con la elegancia chocarrera de los pedantes, sin pestañear, sin alterarse más allá de algún “yo eso no te lo consiento, estás mintiendo como un bellaco” o un “si sigues por ese camino nos acabaremos viendo ante el juez, ¡fablistán!”, que los moderadores de turno intentan reconducir con los ojitos brillantes y a punto de derramar emotivas lágrimas de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;share&lt;/i&gt;..., todos ellos echando de menos que la más santa de las lenguas viperinas no se preste a tertulias ajenas y sólo pastoree procaz y episcopalmente la suya propia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Infames seguidores de la máxima del autor del Enchiridion: &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Lo que turba a los hombres no son los sucesos, sino las opiniones acerca de los sucesos&lt;/i&gt;, se manifiestan los tales con total desparpajo y falta de criterio, ensartando necedades y solemnizando obviedades –en imitación perfecta del Gran Obviador de la derecha española, el aspirante a caudillito atejanado– acerca de lo que sea: desde el peligro del mejillón cebra hasta la crisis inminente de la industria del corcho, pasando por los epifenómenos folclóricos del proceso boliviano o las aciagas perspectivas del sistema educativo norcoreano. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Nada humano, ni inhumano ni alienígena les es ajeno a los tertuliantes y las tertuliantas. Y son capaces de defender sus convicciones con los más peregrinos argumentos que, de puro rebuscados, ni siquiera llegan a la condición de tales, pues aún arrastran consigo el limo desfigurador de la infecta ciénaga de donde los han sacado. Hinchan el papo y barbotean argumentos de primera infancia con la solemnidad envarada de los conocedores, de los poseedores de la buena fuente de buena tinta, de los “¡a mí me lo vais a decir!” y “¡si lo sabré yo!, que tuve tal o cual aparte con tal o cual ministro o ministra”. Y exhiben la supuesta confidencia política, social o económica como señal inequívoca de su jerarquía en la escala tertuliana.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Por lo general se autoplagian de continuo y, puestos en el brete de un rápido intercambio de navajazos retóricos, apelan más al “déjame hablar, que yo he respetado tu turno”, que propiamente a la réplica demoledora que nunca les viene a los labios. Son apasionados amantes del vicio solitario del monólogo y se extravían en los usos habituales del diálogo, interrupciones incluidas. A su manera, reproducen el esquema del Congreso: turnos cerrados y cada cual dice lo que le da la gana, porque la señal visible del poder, perdón, del PODER, es “no entrar nunca al trapo de la intervención del otro” y orinar el territorio para saber quién es el dueño.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;La &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;tertuliería&lt;/i&gt; se ha adueñado del país, como bien antaño lo hiciera la adhesión inquebrantable, con un vigor que sorprende, dada la tendencia hispánica al garrotazo y tente tieso, que aún se estila, sobre todo en los jóvenes y tocantes extremos de la vida política, y aun en los no tan jóvenes. Lo propio, pues, del simulacro, es subirse a la tribuna y, con el dedo enhiesto de la admonición, lanzar un chorreón de vaciedades y tópicos que cualquiera se empeña en querer hacer pasar por un “pensamiento original” nunca antes dicho ni oído. Adornados los labios y las labias con el giste de la cerveza, y los bigotes y las bigotas –de ellos y ellas, faltaba más...– con los restos de las cáscaras de los camarones, los tribunos y las tribunas enarcan las cejas, dilatan las órbitas oculares, fruncen la frente –como si hubieran chocado frontalmente contra una poderosa idea contraria– y peroran, con cachaza y empaque de portavoz parlamentario, como si el mundo se hubiera detenido hasta escuchar las perlas del granado razonar para decidir después cómo seguir su curso. Pongamos al jubilado Califa rojo como paradigma, y todo el mundo entenderá al libelista. La realidad toda del mundo pasaba por la garganta de aquel hombre bíblicoapocalíptico –¡pero jamás de las jamases sintético! –, capaz de decirle al mundo cómo ha de escribir su historia y de, por la garganta trasera, pinzarse con Aznar para dejar sin resuello a la vieja enemiga&amp;nbsp; del comunismo, la desteñida socialdemocracia, como en los atribulados tiempos de Weimar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Imposible, a día de hoy, es hacer el pronóstico de que la &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;tertuliería&lt;/i&gt; sea moda pasajera. Antes bien parece justo lo contrario, que vaya a más, a juzgar por su extensión a ámbitos&amp;nbsp; como el de los claustros escolares, desde Primaria hasta Universidad, donde, a pesar de su opacidad social, se cultiva con ardor y hasta con frenesí (o mejor dicho, con &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;frenenó&lt;/i&gt;, dada la reiteración de las posiciones adversas) lo peor de la cutre retórica tradicional española, ésta sí que una, sea en castellano o en las diferentes lenguas vernáculas de las comunidades bilingües, a juzgar por las soflamas nacionalistas, auténticos chancros patrioteros.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19755418-6440440345982110091?l=diariodeunartistadesencajado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/feeds/6440440345982110091/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19755418&amp;postID=6440440345982110091&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/6440440345982110091'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/6440440345982110091'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/2012/01/la-espana-vulgar-libelo-libelular.html' title=''/><author><name>Juan  Poz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17503156474886831961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_u6w_IJ9Oots/SiEgEn1IS5I/AAAAAAAAACU/QX5Bv7W6OOA/S220/IMGP0156.JPG'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19755418.post-1578749354658547156</id><published>2011-12-31T20:44:00.000+01:00</published><updated>2011-12-31T20:44:24.809+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height: 150%;"&gt;La España vulgar (Libelo libelular). &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 16pt; line-height: 150%;"&gt;11. Los figones demoscópicos&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Iba camino de adentrarme en la vulgaridad posmoderna de construir un país a golpe de encuestas cuando, por pura metonimia del metomentodo en que he devenido, cruzóseme el enmarañado vergel de las plantas nuevas batuecas y allí hube de pararme, forzado a ello por la sin par repulsión olfativa que me produjeron las&amp;nbsp; vetustas fragancias testimoniales de las ínclitas razas ubérrimas arraigadas en los diversos territorios de este país en permanente entredicho. Finalmente, y después de haber respirado las mefíticas y enajenadoras emanaciones hasta el aturdimiento, y de habérseme desdibujado la sonrisa aristarca, hállome ya en condiciones de continuar mi desahogo, de retomar el repaso a la vulgaridad patria donde lo dejé: en los acomodaticios fogones de los figones demoscópicos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;De deidad &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;sigloveintera &lt;/i&gt;–que tan juvenil suena–, la he calificado líneas arriba, con esta jocundidad verbal que me consuela –aun a riesgo de que aburra o irrite a quienes, en el colmo de la vulgaridad nesciente, se hayan metido en este desahogo por equivocación– ; y a fe que su simple religión tridentina –sí, no, ns/nc– tiene hoy más adeptos que cualesquiera otras que prometen paraísos, huríes, resurrecciones o metempsicosis de las de órdago a la grande.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;¿Quién puede gobernar en ninguna parte del mundo democrático sin las encuestas de rigor –y faltas de él...–, las rigurosamente cocinadas –&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;cum grano salis&lt;/i&gt;– con pellizcos de intenso amor a quien las encarga?&amp;nbsp; Entre la prensa que selecciona una parcela de la realidad y la demoscopia que se encarga de ratificar, después, el primer puesto de esa selección en la clasificación de los intereses de los encuestados, ¿cómo puede valerse la pobre realidad por sí misma&amp;nbsp; para hacerse oír sin que le impongan el orden de prioridades desde la poderosa intermediación mediática?&amp;nbsp; Así se entera el lector, el oyente o el televidente de que anda muy preocupado ya por la violencia de género, ya por los incendios, ya por la sequía, ya por el paro, ya por el terrorismo, ya por la inmigración, ya por el secesionismo, ya por el calentamiento global, ya por el deshielo de los polos, ya por las primarias norteamericanas, ya por la gripe aviar, ya por la destrucción inmobiliaria de las costas, ya&amp;nbsp; por el disparatado precio de los carburantes, ya (de nuevo) por el paro, ya por la escasez de la vivienda asequible, ya por las drogas, ya por la violencia juvenil, ya por... &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;No hay mántica, pues, tan establecida y respetada como la demoscópica. Gobernantes de toda laya y ejecutivos de diversa irresponsabilidad hay que no dan una orden sin que les sirvan en el desayuno una encuesta que actúe de escudo para su temeridad o su incompetencia. Las leyes del mercado no han fallado tampoco en esto: habiendo tan alta demanda de dichas encuestas, los controles de calidad se han relajado y el producto final que se le sirve al consumidor no es que deje mucho que desear, sino que, por el contrario, responde exactamente a lo que el cliente&amp;nbsp; desea, esto es, ha llegado al extremo de su degradación.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Si se habla&amp;nbsp; de la &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;cocina&lt;/i&gt; de las encuestas, ello es porque, a fin de cuentas, se guisan al gusto del consumidor. Suelen abusar del término los &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;conocedores&lt;/i&gt;, esos nuevos &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;clérigos&lt;/i&gt; que, si no lo ignoran todo, casi todo lo&amp;nbsp; tergiversan –y&amp;nbsp; dentro de cuya especie la rama de los &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;tertulianos&lt;/i&gt; merecerá un &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;subdesahogo&lt;/i&gt; aparte, más adelante–; esos vetustos pedantones –a fuer de modernos– empeñados en la taxonomía orwelliana de la realidad. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Pasada por los fogones, cualquier encuesta se convierte en un paradójico desaguisado que, a la postre, acaba confundiendo y haciendo errar cualquier decisión basada en ella. Lo auténticamente vulgar de todo este asunto demoscópico, sin embargo, es la fe ciega de los clientes en el dictado de los modernos cocineros de la opinión, fe que, además, se extiende a quienes se las endilgan de matute haciéndolas pasar por razonamientos. Antiguamente se valoraba la singular capacidad hermenéutica de los políticos o los &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;capitanes de empresa&lt;/i&gt;, su intuición, su conocimiento no reglado de las ambiciones, los miedos y las necesidades sociales. Ahora, sin diez hojas de encuesta resumidas en&amp;nbsp; gráficos de columnas y pasteles divididos en porciones de colorines de párvulos, nadie toma una decisión, nadie arriesga un paso en falso. Los ojos de los supuestamente responsables se pasean por esa realidad porcionada y evalúan los tantos por ciento como si en el color homogéneo de una porción se hubiera producido el milagro de la clonación de la opinión y hubieran dejado de tener valor los matices, las salvedades, los &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;sí, pero...&lt;/i&gt;, las leves disidencias, etc., es decir, los signos fecundos de la pluralidad. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;La plaga de las encuestas llega a todos los ámbitos sociales. Y si uno no tiene un gráfico lleno de quesitos, de columnitas o de líneas quebradas, prácticamente no es nadie. Si los miembros de la escuela de idiomas de la Gran Academia de Lagado&amp;nbsp; podían conversar enseñándose cosas, en vez de intercambiando palabras, los dirigentes de cualquier ámbito social sólo intercambian encuestas, como quedó de manifiesto en la guerra de gráficos con que, en el primer debate televisivo Zapatero-Rajoy,&amp;nbsp; intentaban los contendientes, más que avecinar a su posición la opinión de los televidentes, meter en cada uno de sus zurrones los votos de los sufridos teleespectadores y asegurarlos con las siete llaves de las promesas de la felicidad perpetua, el crecimiento sin fin,&amp;nbsp; la multiplicación de los derechos&amp;nbsp; y la resta de los deberes. A tal fin no cesaron, los dos torticeros patricios, de sacar vulgarotes y ofensivos cartelones con columnas y líneas de alza o de quiebra que parecían recién&amp;nbsp; dibujadas por sus hijos al buen tuntún de su capricho. Señalaban con el dedo sobre la patochada como pasaban el bastón los ciegos por las aleluyas del romance truculento con que se ganaban el sustento, con la fe de quien no sólo dice, sino que demuestra, porque muestra, de forma concluyente e inobjetable . &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Los diálogos a través de encuestas llevan aparejadas las triquiñuelas de rigor, entre las que se lleva la palma la de la negación de la objetividad de la fuente o la parcialidad e ineficacia con que han sido confeccionadas o sesgadas las aducidas por el rival. La defensa es una y la misma, impertérritamente: son cifras oficiales; son cifras de organismos internacionales; son cifras de su gobierno de usted; son cifras, en resumen, que ponen de manifiesto su incapacidad para afrontar la crisis (resolver el problema endémico de, atajar la degradación de, tomar las medidas adecuadas para, etc.); cifras, gráficos y porciones que, en su esquemático diseño precibernético, les entran por los ojos abiertos a quienes suelen tener el cerebro cerrado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;La popularidad de la demoscopia&amp;nbsp; es de tal naturaleza que pocos son los reacios a dejarse asaltar por cualquier entrevistador, en casa o fuera de ella, para contribuir al debate social a través de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;la voz de la calle&lt;/i&gt;. Particularmente zafias y lastimosas son las encuestas improvisadas que los telediarios o las radios anuncian con el manido “hemos sacado nuestros micrófonos a la calle para pulsar la opinión de los ciudadanos”, momento en el que asistimos a un desfile de ordinarieces, vulgaridades, desinformaciones, balbuceos, dislalias, dislates, anacolutos, solecismos, prejuicios y otras lindezas que sonrojan a un zote. “Ya lo han oído: así se ha expresado el pueblo”, suelen apostillar y se quedan tan panchos, fieles seguidores del &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;vox populi, vox Dei&lt;/i&gt;. Participar en un &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;sondeo&lt;/i&gt; –¡mágica voz que evoca el misterioso mundo de los arcanos o la profunda sabiduría de la especie!– y haber sido sometido a una &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;batería&lt;/i&gt; de preguntas incomprensibles sobre temas abstrusos en los que el entrevistado no se ha parado a meditar ni dos minutos en toda su vida es timbre de distinción que suele mostrarse con orgullo a los familiares y conocidos. Claro que, para facilitarles la labor a los encuestados, ha acabado imponiéndose la calificación numérica, tan sencilla de comprender y de desdeñar&amp;nbsp; por los escolares de todo el mundo y sus familias. &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Yo le pongo un siete...&lt;/i&gt;, se oye responder con total confianza, como todo juicio crítico, al requerimiento de que se juzgue tal o cual película, libro, canción, edificio o responsabilidad política. Y de ahí al &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;los ciudadanos aprueban o suspenden&lt;/i&gt; a zutano o mengano ¡e incluso, en el colmo de los despropósitos, a algún hecho de la realidad! –&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;los ciudadanos suspenden la crisis&lt;/i&gt;, ha llegado a oír el libelista..., sin que al radiofonista se le removieran las entretelas del juicio–, apenas hay menos de un paso, y siempre cuesta abajo... &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Llegó a España, esa moda de la evaluación numérica, de la mano de la vulgaridad &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;pinupera&lt;/i&gt; de Bo Derek, pero sólo ha arraigado en los usos expresivos populares cuando la demoscopia se ha hecho dueña y señora de la construcción de la realidad, cuando se ha convertido en la única voz autorizada para zanjar una controversia. ¡Cuántos no salen de viaje durante un fin de semana con la espada de Damocles de la inexorable estadística que condena a varios de ellos a la muerte segura! Por otro lado, con qué extraño orgullo suelen algunos afligidos por una rara enfermedad ¡hasta presumir! de que sólo afecta a uno entre un millón... Raro, en definitiva es el sujeto que, familiarizado con esa rudimentaria técnica de indagación de la opinión pública, no suele emitir su juicio en cifras o en tantos por ciento.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19755418-1578749354658547156?l=diariodeunartistadesencajado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/feeds/1578749354658547156/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19755418&amp;postID=1578749354658547156&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/1578749354658547156'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/1578749354658547156'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/2011/12/la-espana-vulgar-libelo-libelular.html' title=''/><author><name>Juan  Poz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17503156474886831961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_u6w_IJ9Oots/SiEgEn1IS5I/AAAAAAAAACU/QX5Bv7W6OOA/S220/IMGP0156.JPG'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19755418.post-4755482017911244162</id><published>2011-12-23T14:49:00.000+01:00</published><updated>2011-12-23T14:49:59.626+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 14pt; line-height: 150%;"&gt;La España vulgar. (Libelo Libelular) &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 14pt; line-height: 150%;"&gt;10.1.&amp;nbsp; De patriotas y patriotos&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;El libelista se resiste a la tentación de dejarlo todo y atreverse con esa suprema manifestación de la vulgaridad que es la creación estadística de la realidad, deidad inequívocamente sigloveintera&amp;nbsp; donde las haya, porque, más allá de las campañas electorales y otras verbenas políticas señaladas,&amp;nbsp; hay&amp;nbsp; credos, como el nacionalista –en singular, sí, porque todos son uno y el mismo, siempre y en todo lugar–, que merecen todas las abominaciones posibles, puesto que ninguno como él suma a la perfección la cima de la vulgaridad y el abismo de los bajos instintos para encarnar el máximo exponente de la ranciedumbre moral más abyecta. Vale decir, además, que ninguna fuerza política, por alejada que se proclame de ese misoneísta –en buena lógica– barrizal emocional xenófobo y racista,&amp;nbsp; se libra de la infección de ese virus deletéreo, de las salpicaduras de viruela de la ciénaga. Por acción, porque se lleva en la sangre, como alegan con orgullo los abanderados de esa peste, o por reacción, para no dejarse birlar los votos con que llegar al PODER, todas las débiles fuerzas políticas acaban sucumbiendo al irracionalismo salvaje que propaga el virus&amp;nbsp; &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;nostratis&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Son muchas las manifestaciones exotéricas del nacionalismo, pero entre ellas ninguna tan eximia como el trinitario&amp;nbsp; amor a “lo nuestro”, a “nuestra lengua” y a “nuestra patria”, el atávico sentido de la propiedad del territorio, en definitiva. El sectarismo elevado a los altares. Nada como el lema de los cuarteles de la Guardia Civil, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Todo por la patria&lt;/i&gt;, para expresar de forma inequívoca la devoción nacionalista que no admite contestación posible salvo que se incurra en el delito de lesa traición. &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Una, grande y libre&lt;/i&gt; es lema que se extiende por la &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;pell de brau &lt;/i&gt;con embelesados ardores guerreros que devalúan, hasta reducirlo al silencio, el espíritu crítico que se opone a la majadería constante del fanatismo patriotero. Y aquí en España estamos harto servidos de furibundos patriotas, y sobre todo patriotos, dispuestos a imponer sus patrias a papirotazo de estatutos con ínfulas de constitución y a garrotazos de decretos-ley con ínfulas de dogmas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;No hay lengua como la nuestra; no hay gastronomía como la nuestra; no hay paisajes como nuestros paisajes; no hay costumbres como nuestras costumbres; no hay gracia como la nuestra; no hay seriedad como la nuestra; no hay cultura como la nuestra; no hay espíritu emprendedor como el nuestro; no hay vino como el nuestro; no hay costas como las nuestras; no hay sierras como las nuestras; no hay tradiciones como las nuestras; no hay ciudades como las nuestras; no hay artistas como los nuestros; no hay saber estar como el nuestro; no hay cielo como el nuestro; no hay música como la nuestra;&amp;nbsp; no hay...&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;, dice la larguísima y monótona cantilena enfadosa y estomagante del, en lo alto de la sublimación, encendido amor a la&amp;nbsp; abstracción y a los símbolos que deviene, como quintaesencia, la estatalidad, porque sin estado donde estar no hay ser en que devenir; sin fronteras que marcar y expandir, sin lengua que imponer, y sin carnet de buena ciudadanía, ¿qué queda del sueño de la nación?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Todos los patriotos y las patriotas, en resumen, son propietarios celosos de esa propiedad intangible e indefinible, y no sólo la defienden, sino que también la definen, aunque difuminen la razón al hacerlo,&amp;nbsp; y establecen las fronteras y los dogmas que no se han de traspasar y se han de creer respectivamente, como los viejos dogmas de fe de la niñería católica. E incluso renuevan apolillados estatutos de sangre para establecer el censo electoral y determinar quiénes pueden y no pueden votar independencias, segregaciones, puertorriqueñerías o desacomplejado Estado Soberano, con las mayúsculas iniciales emblemáticas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Pongamos por caso, sin extraviarnos en las fantasías genealógicas, el zarzuelero propósito del contrato a los inmigrantes, defendido por el nacionalismo tradicionalista español y los nacionalismos periféricos, especialmente por el catalán, parte de cuya esencia patria consiste en el victimismo a ultranza y la atenta llamada al &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;somatén&lt;/i&gt;! para organizar la defensa contra los invasores, como clamaba en el desierto de la prensa comarcal la férrea Ferrusola: “nos quedaremos sin iglesias, Cataluña será un paisaje de mezquitas”, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;al-armaba&lt;/i&gt; la dama de hierro. Hermanados, pues, en los mismos presupuestos teórico-religioso-folclóricos, ambos nacionalismos se empeñan, a toda costa, en definir en qué consiste ser catalán o español, como si tuvieran la patente de tales invenciones, de tales ficciones, como si sólo ellos tuvieran, no derecho, sino &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;el &lt;/i&gt;derecho, a decidir quiénes pertenecen y quiénes no a la horda escogida por Dios sobre la faz de la  Tierra.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Rinde beneficios electorales espolear los sentimientos de pertenencia a la horda, como no lo ignoran, como buenos imitadores de los machos alfa, los dirigentes deportivos cuando &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;calientan&lt;/i&gt;&amp;nbsp; partidos &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;de la máxima&lt;/i&gt;, fuegos en los que a algunos les ha caído la pena máxima de perder la vida, y a otros se les ha curado el fanatismo a partir de que les abrieran el cráneo para que, ¡por fin!, les entraran las ideas que les permitieran aborrecer el salvajismo de la bandería ciega.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Lo que le sorprende al libelista es que ese “amor a la patria”, denso, profundo, irracional, no se lo tatúen&amp;nbsp; los patriotas en el bíceps o en el pecho como se tatúan –o al menos así lo hacían tiempo ha– los legionarios el clásico “amor de madre”, porque apenas hay diferencia entre ambos amantes. Entiende el libelista que no lo hagan en las nalgas, y lo aplaude, aunque fue batalla patriótica, en el caso catalán, por ejemplo, que apareciera el emblema del país, la C mayúscula, en el culo de los coches, del mismo modo que sobre él tatúan, los más devotos, la borriquería como moderna seña de identidad inequívoca. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;En el país de las taifas, los motivos para poner lindes y menospreciar a los vecinos salen de debajo de las piedras; del mismo modo que son infinitos los agravios que se cultivan como flores de invernadero. El infatigable esfuerzo por distinguirse consume generaciones híbridas en el regusto amargo de la pureza imposible. La obtusa religión del &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;nostratismo&lt;/i&gt;, con sus ritos ortodoxos, heterodoxos y paradoxos, suele manifestarse a través de complejos rituales iniciáticos que desbordan cualquier capacidad imaginativa. Si infinitos son los caminos del Señor católico; infinitas son las ordenanzas de la &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;nostreidad&lt;/i&gt; (cualquiera de ellas) sin las que no se halla gracia ante los definidores del credo, ante los poseedores del protobién máximo, de la inefable fortuna del plurilingüe y común: &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;soy.............., casi ná&lt;/i&gt;; Como si el revés del soy no fuera, como de hecho lo es, su negación, la multiplicidad impropia y vital del yo...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;En el país del sainete, género teatral de extendida fortuna, pues no hay territorio donde no haya brotado con la fuerza ambigua de la crítica y la complacencia, buena parte de la vida política –sobre todo el subgénero específico&amp;nbsp; de las&amp;nbsp; tensiones&amp;nbsp; separatistas– tiende a verse en términos de tal, por más que quienes los escriben e interpretan calcen coturnos y quieran presentarlos al gran público como altisonantes y catárticas tragedias, todas ellas variantes deplorables y patéticas del “ser o no ser”. Quizás la inclusión en el esperpento valleinclanesco, como a menudo suele hacerse por parte de los ignorantes del género teatral,&amp;nbsp; dotara a esas piezas mediocres de una calidad artística de la que, de todas todas,&amp;nbsp; carecen, de ahí que el libelista se abstenga de tomarlo como referencia; del mismo modo que nunca se le ocurriría hablar de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;charlotada&lt;/i&gt; o de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;quijotada&lt;/i&gt; para referirse a ellas, como ya escribió con anterioridad, teniendo en cuenta la excelsitud de las referencias a las que esos vocablos aluden, dignas de un aprecio humano y artístico que excede con creces la simple compasión que levantan, en el avezado espectador, esos dimes y diretes separatistas, esas trifulcas a pie de ley, esas sarracinas –tan taifescas–, esas zurribandas dialécticas, esas zaragatas de payaso sin gracia, esas zalagardas maliciosas, esas pelazgas vecinales, esas gazaperas públicas..., como la protagonizada por los tarroesencialistas de Convergència en su versión “doméstica” e institucional al arremeter, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;a calzón quitao&lt;/i&gt;, contra un M.H. –frío, frío, no es matrícula de honor..– que llegó tarde a Pentecostés y apenas le calentó ni una brizna de llama de la lengua impropia, y hacerlo además con los más prístinos modos xenófobos y, ¡sin embargo!, con un impecable look&amp;nbsp; &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;atempranillado&lt;/i&gt; de racial bandolero español de Sierra Morena. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;El libelista lamenta tener que abandonar en este punto y aparte tan fértil terreno para el humor como para el desconsuelo cual es el de las pendencias politiqueras, tópico de barra de bar donde se mima el arte del insulto y la descalificación, y donde cualquier matarife despelleja, entre sorbo y sorbo de cañita tirada, con pontificales prejuicios apodícticos;&amp;nbsp; pero ha de seguir levantando triste acta de la vulgaridad extendida a diestro y siniestro por la geografía física y humana de este país testucero.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19755418-4755482017911244162?l=diariodeunartistadesencajado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/feeds/4755482017911244162/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19755418&amp;postID=4755482017911244162&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/4755482017911244162'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/4755482017911244162'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/2011/12/la-espana-vulgar.html' title=''/><author><name>Juan  Poz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17503156474886831961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_u6w_IJ9Oots/SiEgEn1IS5I/AAAAAAAAACU/QX5Bv7W6OOA/S220/IMGP0156.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19755418.post-6366069053390771497</id><published>2011-12-18T18:20:00.000+01:00</published><updated>2011-12-18T18:20:50.542+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height: 150%;"&gt;La España vulgar (Libelo libelular) &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 16pt; line-height: 150%;"&gt;10. De gofos y gofas&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;. &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 14pt; line-height: 150%;"&gt;(¡Ahora sí que sí...!, y &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;sic&lt;/i&gt;)&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Curiosamente, por ninguno de esos espacios vulgocráticos se pasean los prohombres y las &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;promujeres&lt;/i&gt; de la política cuando nos visita, cada cuatro años &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;o asín&lt;/i&gt;, el circo de las vulgares campañas electorales, supremo ritual del adocenamiento, la ranciedumbre y la soez estulticia publicitaria. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;No hay mejor escaparate para calibrar la vulgaridad de un país que una ocasión excepcional, y al tiempo frecuente, como es la del desarrollo de una interminable campaña electoral. En nada se distinguen las tales del resto de la vida política habitual, sino en la intensidad con que se manifiestan los peores resabios de la desigual comunión que estrecha, hasta la asfixia, a los representantes y a los representados, en un abrazo vivificador para ambos: absoluta confirmación de sus inanidades respectivas. Tales para cuales. &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Demos&lt;/i&gt; los cría y ellos se juntan en la &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Gogia&lt;/i&gt;, en perfecta &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;ouroborosía&lt;/i&gt;, y vuelva a disculpársele al libelista el atrevido neologismo, de común significado, no obstante.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;En ese periodo excepcional, en el que se suspende el principio de racionalidad, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;ad maiorem populi gloriam&lt;/i&gt;, y los labios se ven desbordados por el ímpetu falaz de las promiscuas lenguas promitentes, ¿dónde esconderse de las necedades que, al &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;modelno&lt;/i&gt; bombo y platillo de los cutrísimos vídeos de trasnochado agitprop, ofenden a los escasos y avergonzados depositarios del sentido común, aquellos a quienes ya les ofendieron, en los nefastos tiempos en que los parieron, los ferocísimos doberman que babeaban y ladraban su agresividad de camada negra? &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;No hay lugar en la realidad donde ocultarse del vocerío desgarrado, del atropello del insulto, de la falacia contumaz, de la chirigota&amp;nbsp; grosera, del esperpento consumado, de la amenaza del miedo, de los eslóganes aciagos y así sucesivamente hasta la basca final. Se queda pequeña, la realidad, en efecto, para huir de la viscosidad que se extiende hasta lograr que todo se enganche en ella. Allá donde uno vaya, en periodo electoral, le será imposible distanciarse de la sombra pegajosa de la irracionalidad que pretende obnubilarle para que el así ensombrecido –sin asomo de asombro...– acabe dando por buena y justa la derrota de la razón y proclame la buena nueva de la bandería, de la secta, de la horda. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Con razón hablan del &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;juego&lt;/i&gt; de la política. Y una campaña electoral es la suprema expresión de ese espíritu lúdico que banaliza cuanto toca, que trivializa cuanto existe, que lo infantiliza todo. De ahí que, con deleznable paternalismo, se apele, con sospechosa constancia, a la mayoría de edad del electorado y a su madura capacidad de decisión. Primero te ponen a bailar el corro de la patata al ritmo del romance del traidor Marquillos o de la adúltera Catalina, y después pretenden que separes el grano de la paja de los diferentes programas que se te ofrecen reducidos a latiguillos, muletillas, chascarrillos y esloganillos que, con pericia y devoción divulgan los organilleros de rigor por todas las plazas de España. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;En última instancia, sin embargo, la petición final no es que te guíes por un análisis razonable de las diversas ofertas que se te ofrecen y que decidas en conciencia, sino que reconozcas a qué bando, a qué tribu perteneces y cierres filas para derrotar al adversario, la encarnación de todos los males habidos y por haber. Democracia y espíritu crítico son una pareja mal avenida, incompatible, en constante desavenencia, imposible. Democracia y sumisión, el matrimonio ideal por el que suspira el espectro político desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha. Asentimiento entusiasta, &amp;nbsp;adulación cortesana y obediencia ciega, la tríada mágica que abre las puertas del escalafón que lleva a la gloria del poder con mayúsculas, el PODER, o a la mera ficción del tal, cuando se es el líder de un partido en la oposición, como le ocurre a quienes, como Rajoy o Mas,&amp;nbsp; tienen el triste hábito de perder elecciones y ganar disgustos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;¿Qué más risible, bochornoso y patético, por poner el ejemplo autonómico bien conocido, que un Molt Honorable in péctore y sin &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Govern&lt;/i&gt; ni &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;DOG&lt;/i&gt; que llevarse a la firma paseando su esencialismo&amp;nbsp; y su carisma presidencial –con heredada gesticulación pujoliana &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;ad hoc&lt;/i&gt;– por las inventadas &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Vegueries&lt;/i&gt; de la Cataluña sempiternamente amenazada y en peligro de extinción, de consunción patriótica? El señor Mas, a quien le aplanan el nombre –Àrtur, dicen los amantes de decir &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;A Coruña&lt;/i&gt; y &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;LLeida&lt;/i&gt;, en vez de los castellanísimos La Coruña y Lérida, para pasar por paletos lingüísticamente correctos– para &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;kennedyficarlo&lt;/i&gt; y darle un toque internacional de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Prime Minister&lt;/i&gt; de mercadillo, es un alma en pena, atiborrada de triunfos electorales morales que no le han deparado sino un eterno aire de apolillado figurón de la política que acabará deshaciéndose en el aire de sus fracasos, como las momias expuestas a la curiosidad de los profanadores de tumbas, antes de alcanzar el poder real, la firma, y la visita de pleitesía a Montserrat. Y si algún día llegara a gobernar, ¿quién duda ya de que lo acabará haciendo como un espectro, como una sombra pitarresca, como el simulacro torpón y difuminado de quien pudo haber sido?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Las campañas electorales derrochan dineros, esfuerzos y euforias levantiscas con una alegría de nuevos ricos que ofende incluso más que sus viciados contenidos de catecismo elemental. Las costosas banderolas, las vallas intimidatorias, la megalomanía sembrada aquí, allá y acullá, las cuñas coñonas y agresivas en las radios, las páginas enteras en la prensa, las ideas esquinadas en los simulacros de debates con espadas de tercera fila, y más aún con los primeros espadas, diestros de postín, pero auténticos postes respondones que monologan y predican.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Pero nada es comparable al gran mitin, el fantástico aquelarre donde el Gran Buco preside el oficio de tinieblas en las que con extático placer se sumergen los participantes, los laicos feligreses. Un mitin es un agujero negro de la realidad: lo engulle todo y no irradia nada, a fuerza de desearlo, no obstante. Cualquier espectador de telediarios desvía la atención cuando, entre rugidos, vítores, aplausos, requiebros, y siempre &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;¡más caña!&lt;/i&gt; y &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;¡dales duro!&lt;/i&gt;, ¡y venga globos!, ¡y banderas, banderolas y banderines!, el líder de turno le quita el torniquete al herido adversario para que se desangre ante la concurrencia sedienta de su fracaso. ¡No en vano se escogen las plazas de toros para el supremo ritual partidario! &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Los asistentes y las asistentas al oficio religioso de la comunión colectiva aguardan las revelaciones aduladoras del Buco-Bocazas con la misma fe depositada en otros dioses menores y santos mayores. Un chapuzón de piropos, un baño de elogios, una ducha de localismo, una fiebre de bandería y tres consignas mal cosidas al paño raído de un discurso lleno de mentiras y anacolutos sirven graciosamente al fin perseguido: ruge la marabunta; se desborda la emoción primitiva de la horda; se besan con estruendo las manos al ritmo febril que marcan los himnos &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;fanfarriones&lt;/i&gt; y todo el mundo sale satisfecho de haber estado presente y haber contribuido a lograr un nuevo &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;score&lt;/i&gt; en la batalla democrática: “¡Que lo superen, si pueden!”, se congratula el jefe de campaña, con fe ciega en la falacia de cantidad. Y a recogerlo todo para llegar a tiempo al próximo escenario, donde se repiten ce por be las mismas escenas, los mismos arrebatos, las mismas bromas &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;ad hominem&lt;/i&gt;, las mismas brumas de la razón, los mismos bramidos de entusiasmo y regocijo... &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Y el líder entronizado, Gran Buco al que se le rinde pleitesía, vasallaje. Todo gira en torno a su mágica capacidad de seducción: nadie sonríe mejor; nadie es más honesto; nadie inspira más confianza; nadie dice la verdad como él; nadie tiene tantas palabras de aliento para los desfavorecidos y los preteridos; nadie tiene tantos elogios para quienes se acercan a él... ¡y se alejan salvos! ¡Día dichoso aquél en el que, gracias a la mujer del amigo del primo de un vocal tercero de la asociación del barrio, pudo el humilde votante anónimo tener la fortuna de estrechar la mano teresiana, a fuer de santa, del líder, por la suerte de estar sentado al lado del pasillo por donde hizo su entrada triunfal en el coso!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Las campañas electorales van prescindiendo poco a poco de esos grandes mítines por la imposibilidad de movilizar a un electorado que, a medida que pasan los años, es más difícil de engatusar, aunque más fácil de convencer. La división enconada del espectro &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;falaciológico&lt;/i&gt; favorece la política de reducción del gasto y la invención de nuevas vías de propaganda: desde las mortecinas páginas web de los candidatos, donde está celosamente reservado el derecho de admisión, razón por la que se censura cualquier mensaje que no sirva de claca al sermón de cada día, hasta los SMS, pasando por los vídeos colgados en la red para solaz y estrechamiento de lazos entre los conmilitones, y para espanto y sonrojo de quienes se niegan a creer que la abyección alcance cotas, ¡y costas!, semejantes.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Aun así, en la quincena infinita de su existencia, ¿quién puede quedarse a salvo de ella?, ¿dónde hay un sagrado al que acogerse, sin riesgo de que la vulgaridad exacerbada se te lleve por delante, como una turbia riada que todo lo anega, dejando un estéril barrizal a su paso? Ni aunque por ley fueran las campañas electorales en el mes de agosto, lograría el sufrido y castigado abstencionista hallar rincón patrio donde refugiarse frente al turbión –3ª acepción– devastador. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;El allanamiento de morada electoral es de tal naturaleza que el único remedio radical sería decretar su prohibición, cortar por lo podrido, por la sangría de dineros y de bajezas pseudointelectuales con que se maltrata a la ciudadanía con amparo legal, de tal manera que los ciudadanos hubieran de escoger a sus representantes tras cuatro años de evaluación constante de su acción de gobierno o de oposición. La objeción evidente, se convertirían las legislaturas en cuatro años de campaña electoral constante, queda anulada por la constatación de que eso es lo que ya sucede de hecho. El derecho siempre llega tarde. La realidad siempre va muy por delante de la legislación. Del mismo modo que la acción política siempre camina siguiendo el husmo de las estadísticas cocinadas...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19755418-6366069053390771497?l=diariodeunartistadesencajado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/feeds/6366069053390771497/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19755418&amp;postID=6366069053390771497&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/6366069053390771497'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/6366069053390771497'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/2011/12/la-espana-vulgar-libelo-libelular-10.html' title=''/><author><name>Juan  Poz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17503156474886831961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_u6w_IJ9Oots/SiEgEn1IS5I/AAAAAAAAACU/QX5Bv7W6OOA/S220/IMGP0156.JPG'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19755418.post-2730822965359350140</id><published>2011-12-12T18:45:00.000+01:00</published><updated>2011-12-12T18:45:12.432+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;b&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;LA ESPAÑA VULGAR (Libelo Libelular)&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 16pt; line-height: 150%;"&gt;9.1. Los sietes del espacio&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Pero estábamos en el amplio mundo del diseño, donde incluíamos tanto el mobiliario urbano de una ciudad, ¿ponemos el sangrante ejemplo del de&amp;nbsp; Madrid o el pretencioso del de Barcelona?, como las grandes obras arquitectónicas que nacen con la intención, siempre negada, de convertirse en referente estético, al estilo de lo que el Guggenheim ha significado para Bilbao, y que casi puede ser considerado como la excepción que confirma la regla. Lo más frecuente es que la ambición arquitectónica vaya unida a pifias pseudoutilitarias o se enfrente a la poderosa enemiga de los rivales postergados, quienes harán lo posible y lo imposible por ridiculizar a quien se llevó el concurso en buena, mala o regular lid (que algo de lidia hay en cualquier concurso...). &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Sonados son los desaguisados estéticos producidos por el abuso de la arquitectura de escaparate, pues, a su modo, el contrario de la marabunta de adosados que se comen el litoral de todo el país, también son, sus presencias, una herida profunda en el paisaje urbano en el que se instalan a veces con&amp;nbsp; prepotencia de nuevo rico y maneras autoritarias de sargento chusquero o mosso d’esquadra sin estribos. Cada lector puede ponerle ladrillos, vidrio y metal a los sueños faraónicos de permanencia histórica que representan tantos y tantos edificios diseminados por todo el territorio. A su manera, los alcaldes competían antes por los mejores toreros para sus fiestas patronales, los cantantes más populares y ahora, que todo anda medio devaluado por la inflación de tanto artista de tres al cuarto, seducen a los arquitectos de renombre universal para que les incluya la villa en el desafinado concierto de las vanidades consistoriales de la aldea global.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Otra cuestión es la del mantenimiento del invento y las posibles malformaciones congénitas que implican, después, gastos astronómicos a costa del erario público. En la memoria de todos está la inundación del nuevo Teatro de la Ópera de Valencia, a pocos días de la inauguración de la temporada, tras unas lluvias tan intensas como propias, por otro lado, de la estación. Como es habitual, los unos&amp;nbsp; culpan a los otros y viceversa, de modo y manera que allá van millones de reparaciones donde quieren ediles ostentosos... Pero ya se sabe: ¡no hay villa que se precie que no inicie obras desmesuradas para alimentar el ego de alcaldes y alcaldesas –¡lástima del imposible &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;alcaldas&lt;/i&gt; aidense!–&amp;nbsp; que se disfrazan de “primer vecino o primera vecina”!, y ello para acabar drenando, hasta la humillación del insoportable empréstito a largo plazo, las arcas municipales!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Que no es lo propio de este país el embellecimiento urbano se comprueba apenas ha visitado el sufrido turista&amp;nbsp; tres o cuatro paseos marítimos de los cientos de ellos que se esparcen por toda la costa española, tanto en provincianas ciudades como en metrópolis turísticas que han heredado de aquéllas la sórdida cutrez estética de feria verbenera. Ahí está, a guisa de ejemplo suicida, el parapeto del de Calpe , un dique&amp;nbsp; levantado frente al desagüe natural de las avenidas torrenciales que bajan por los cauces naturales ocupados por construcciones sedientas de espacio y hoy anegadas en su avaricia especulativa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Junto a soberbios edificios fálicos como la torre Agbar de Barcelona o sinclinalmente esotéricos, como las torres inclinadas KIO, que acabaron en K.O., España se ha ido llenando de obras arquitectónicas cuyo misterio, desde la concepción hasta la erección, serviría a más de un imitador de Fulcanelli para escribir un best-seller provechoso. A fin de cuentas, algo de catedrales modernas tienen los tales. E incluso una catedral propiamente dicha, como la continuación de la Sagrada Familia, ¡se ha convertido en un gran homenaje al Manga japonés, por obra y desgracia del escultor Subirats y asociados!, quizás como preclara señal ecuménica del catalanismo conservador y católico, o como refuerzo empático de la promoción patria del &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;gaudismo&lt;/i&gt; en las tierras del sol naciente. Ningún lugar de la geografía peninsular se libra de la megalomaniaca vulgaridad arquitectónica que se complace en la usurpación del espacio con el pretexto de la no menor aspiración vulgar a marcar el imposible &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;sky-line&lt;/i&gt; de ciudades mesetarias&amp;nbsp; y el inexistente de las divorciadas de su costa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;A su manera, el país habría de contemplarse a sí mismo, con horror ecológico y angustia estética, en la imagen de esas costas devastadas por las imponentes y macizas moles de apartamentos que parecen querer defendernos de improbables tsunamis. La imagen espectral del hotel “Azata del Sol”, popularmente conocido como El Algarrobico, en el parque natural de Cabo de Gata, aún pendiente de demolición, es la prueba máxima de en qué monstruosidad puede convertirse la vulgaridad aliada con la especulación y la corrupción o la dejadez políticas. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Nada es capaz de frenar la acendrada vulgaridad al servicio del negocio turístico. Destrozado lo que en tiempos fue un paraje natural de insólita belleza en La Manga del Mar Menor por la voraz mediocridad enladrillada de las cárceles de apartamentos y los hoteles concebidos por arquitectos con más cemento que materia gris en la sesera, grandes promociones turísticas como Marina D’Or&amp;nbsp; o los oasis de Polaris World en el secarral murciano, y otros “resorts” de idéntica calaña (clónicos en su reproducción de lo hortera y lo cursi, como el netolesco lujo de pega de los cruceros), se extienden como vuelta de tuerca de los atentados urbanísticos que han acabado con gran parte de las bellezas naturales de este país, ¡ay el Cabo de Palos de mi infancia!, al que ni la derecha ni la izquierda han querido ahorrarle sus últimas deturpaciones. Y ahí se yergue aún el infame Algarrobico como prueba inequívoca de los desastres de la guerra contra el paisaje, esa suerte de cirugía estética inversa, al estilo de la del Callejón de los Milagros, y discúlpesele al desahogante la cita nobelesca.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Casitas de emparedado, césped generoso entre los inevitables hoyos del imprescindible campo de golf que se precie para cualquier urbanización de medio pelo, las terrazas requetelimpias e iluminadas con generosidad de nuevos ricos de la energía insostenible, el omnipresente servicio de limpieza que limpia sobre limpio por donde pisamos con las inmaculados imitaciones de los Prada y los Manolo, las amplias y caudalosas piscinas en cuyas orillas se ordenan las tumbonas en fila de a tres, para recibir a las y los sólfilos devotos de San Lorenzo, patrón de los cánceres de piel y la mojama.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Importamos el Mall y lo hemos rediseñado en un cruce patrio de nave industrial, feria ambulante y calle mayor, donde no faltan desde los churros con chocolate hasta las anodinas y pretenciosas tiendas de marcas universales. Grandes superficies, las llamamos, y grandes derroches absurdos en ellas se producen en honor del más vulgar y despreciable de los dioses del&amp;nbsp; mesocrático Olimpo moderno: Consumo. No hay más que fijarse en la decoración de esas galerías –de galeras, claro está: donde pagan la pena del&amp;nbsp; gozo mediocre del gasto compulsivo los devotos del dios– para darse cuenta de la deplorable estética que acompaña la popular afición: Enormes lámparas de cristal tipo lágrima, como inmensos candelabros dieciochescos; suelos de cerámicas que imitan mármoles brillantes sobre los que se dibujan rombos y rosas de los vientos; rotundas y desflejadas columnatas de foro itálico o helénico; vidrieras ilustradas con motivos inverosímiles; escaleras con encerados pasamanos y escalones que trazan curvas ascendentes de arcos infantiles; fachadas con grecas; obeliscos; bóvedas renacentistas con celdillas rosadas, farolas decimonónicas; balaustradas doradas rodeando el hueco que conecta las plantas... En pocas palabras, como si se pretendiera reproducir las galerías Vittorio Emmanuelle simplemente de oídas...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19755418-2730822965359350140?l=diariodeunartistadesencajado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/feeds/2730822965359350140/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19755418&amp;postID=2730822965359350140&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/2730822965359350140'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/2730822965359350140'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/2011/12/la-espana-vulgar-libelo-libelular-9.html' title=''/><author><name>Juan  Poz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17503156474886831961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_u6w_IJ9Oots/SiEgEn1IS5I/AAAAAAAAACU/QX5Bv7W6OOA/S220/IMGP0156.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19755418.post-4600209404584295329</id><published>2011-12-08T18:28:00.000+01:00</published><updated>2011-12-08T18:28:11.103+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height: 150%;"&gt;La España vulgar (Libelo libelular) &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 14pt; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;9. De costurones y otras cicatrices&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;No se acaban en ese capítulo deportivo,&amp;nbsp; sin embargo, ¡con ser tan llamativo!, las posibilidades de manifestar la vulgaridad casi congénita de los españoles. No se trata de que tenga este país el &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;copyright&lt;/i&gt; de la vulgaridad, pues, a poco que se escarbe en cualquier sociedad democrática occidental –por acotar el terreno...–, halla el observador atento pruebas contundentes de esa tendencia propia de la desilustración, la gañanería y la estulticia; pero las que en este aquí español dañan mis sentidos son tantas y de tal calibre que sólo una búsqueda concienzuda de lo contrario podría compensar los hallazgos de esta invectiva que es mi desahogo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Doy por sentado que también hay otras Españas no vulgares, pero casi me atrevería a decir que son, por el mero hecho de su propia existencia, Españas desconocidas, cuyas virtudes apenas trascienden los reducidos ámbitos en que se desarrollan, además, contra impedimentos formidables, casi &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;more quijotesco&lt;/i&gt;. Lo propio, lo extendido, lo público, lo dominante es, frente a esas ilustradas Españas clandestinas, que casi en cualquier dirección hacia la que uno vuelva su mirada, no necesariamente hipercrítica, tropiece con la vulgaridad, con sus viscosas y escandalosas manifestaciones; porque lo más hiriente es la existencia de una España vulgar que se siente orgullosa de serlo y no sólo lo acepta, sino que incluso lo reivindica, lo alienta, lo pregona y lo defiende con uñas y dientes, como si le fuera en ello la supervivencia, al estilo trentino, de infame recuerdo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Fijémonos, brevemente, por ejemplo, en el sofisticado mundo de la moda, o del diseño en general, e incluso, sin querer establecer paralelismos ofensivos, en la arquitectura-espectáculo-reclamo-turístico o en el arte ultimísimo de las &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;instalaciones&lt;/i&gt; y otros montajes de dudosísima naturaleza plástica, audiovisual o performativa. Por una sola obra de arte que podamos hallar en ese mundo complejo, variopinto y propincuo a los ambiguos límites que separan el arte necesario de la fantochada prescindible,&amp;nbsp; ¡cuántas excentricidades exquisitas, henchidas de la vulgaridad selecta de la pedantería, no tienen su asiento en esos ámbitos por los que pululan los y las genialoides, aupados al lomo de no pocos clavileños y coreados por un ejército-zombi de teorizadores del nuevo canon! &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Son legión, en efecto, los mercenarios de la supuesta vanguardia. Basta haber accedido al Salón Cibeles y haber sacado a la pasarela un remedo egipcio-mortuorio de los estragos de la violencia machista contra las mujeres, para haber alcanzado la gloria mediática del telediario de las 9, los titulares prensiles de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;El País&lt;/i&gt;, cuando aún no se acentuaba, y las secuelas morfinovisivas de la telebasura desparramada por toda la parrilla...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;El mundo de la pasarela hacia ninguna parte, lleno de amaneramientos, volantes, encajes, blondas, volúmenes, colores rabiosos, serenidades clásicas, estallidos de color, líneas entalladas y talles de cuello de garza, texturas atrevidas, tejidos calidísimossss, líneas de austera conventualidad; lleno de tronos –mucho coturno...-, dominios y potestades; lleno de&amp;nbsp; evanescentes teorías cuasi teológicas, salpimentadas de “oyess” y “¿sabess?” y “puesss ssí, en esso m’he’inssspirado”;&amp;nbsp; lleno de hombres objeto, sueños de viriles pajilleros; lleno de irritables anoréxicas que caminan marcando la X de su extrema delgadez enfermiza, ideal inhumano de huesudas jovencitas partidarias de la consunción, de la inanición; lleno de escenografías horteras con aspiraciones de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;performance&lt;/i&gt; o decorado publicitario; lleno de mucho estrés, mucha percha, mucha aguja, muchosss nerviosss, ¡tantísima incomprensión!, toneladas de glamour, excesos de maquillaje, retoques de ultimísima hora y los benditos aplausos desmayados del coro de disciplinadas desfiladoras que, junto con los acompasados del público exquisito, selecto, rigurosamente seleccionado,&amp;nbsp; reconocen el genio de los visionarios y las visionarias que recogen la cabeza contra el pecho y se llevan las manos al corazón, como fingidas Dolorosas –y mucho me temo que aquí no cabe el aidense Dolorosos, pero aquí lo dejo por si las moscas y los moscos de algún decreto ministerial que obligue.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Quien ninguna visión original tiene que ofrecer se postula de inmediato como &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;diseñador&lt;/i&gt;, nuevo vocablo mágico que todo lo permite, todo lo justifica y todo lo enmascara. La creación artística, así pues, se despliega ante nosotros como una inmensa cola de pavo real en la que miles y miles de ojos sedientos de ser mirados, ¡admirados!, nos ofrecen la metamorfosis de personalidades transmudadas en telas y formas recortadas llenas de infantiloides dibujos y coloridos, como el imperio De la Prada ha sabido extender desde la artesanía del juego privado hasta la producción en serie de cualesquiera memeces repentizadas. Imagínese, al otro extremo del gran arco textil, la austeridad monacal, conventual, del ecológico celtiña, con resabios de cilicio y castidad garantizada. Si antes el estilo era la persona, al decir de Buffon –y discúlpeseme la cita manida–, ahora la creación es la propia persona: las obras valen por lo que vale el creador, ¡si es que ha llegado a crear algo!, porque lo habitual es que los cambios de uso de los objetos o la nueva mirada sobre ellos substituyan la antigua y pesada labor de crearlos. ¿Para qué ha de intentar alguien pintar hoy una nueva Gioconda, si puede desfragmentar la existente y recombinar las facciones en un vídeo donde constatamos la esencia de tablero de ajedrez que tiene la obra de Da Vinci, su intensa raíz polimórfica, y acaso perversa...?&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Tienen, las últimas tendencias pseudo artísticas un sí se sabe qué de limitación expresiva, afición a la redundancia y maneras compulsivas, amén de viejas imitaciones de la única vanguardia a la que le cabe tal nombre: la del periodo del 18 al 40 del siglo pasado: veintidós años y, después, a vivir de las rentas aún en plena juventud...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Nada más explícito al respecto que el anuncio televisivo –¿o acaso no son los anuncios los textos literarios e ideológicos más importantes desde hace 20 años?– en el que se describe una &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;glamurosa&lt;/i&gt; fiesta llena de los seres más vulgares y predecibles, auténticos clones de la sempiterna estupidez humana, y en la que, al final, hace su aparición el divo del diseño, acompañado de quebradizas mujeres de anoréxica y lánguida y ojerosa belleza perversa, para revelar a sus huéspedes que él no se está perdiendo la fiesta porque la fiesta es él. Si alguien se ha percatado, no de la aguardentosa y cocainada afirmación mafiosa del protagonista, sino de los aplausos desmayados de los jóvenes de talle gladiolesco y las jóvenes de laminar compostura, iluminados por la sonrisa de la sumisión al idolillo de la fama infame, habrá descubierto en qué consiste gran parte de la esencia de la vulgaridad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;No pretendo que el lector pasee conmigo de la mano por las salas de exposición donde cuelgan sus atrevimientos los tristes magos de la brocha, puesto que ojos que no ven, horrores que se ahorran; tampoco que me siga en la recreación de las instalaciones maléficas –lo propio sería &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;malefácicas&lt;/i&gt;, del mal hacer...– donde 800 patitos de goma distribuidos ¡no al azar! sobre el enlosado de&amp;nbsp; la sala nos interpelan como a quien se plantara ante el Bosco para descubrir las delicias de su jardín abierto para pocos; o que castigue sus oídos con los mix de los Djs, estrellas de sacar partido al trabajo ajeno. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Junto a todas esas imposturas, ¡qué soberbia obra de arte humano hubiera sido el polifémico calcetín viejo proyectado por Tapies para el Museo Nacional de Arte de Cataluña! Parece incluso mentira que, ya en el siglo XXI, aún una obra así tenga un carácter transgresor, ¡y viniendo de un más que acomodado pope de las artes plásticas, además!, a quien la burguesía política del Principado le negó el pan y la sal del plácet para su calcetín de mendigo, quién sabe si representación de sus íntimos conflictos éticos. Junto a las anteriores manifestaciones vulgares, ¡cómo atreverse, sin tener conciencia de estar abusando, de caer casi en el escarnio más cruel, a criticar las inclasificables figuras de Lladró o la aniñada orfebrería de Tous, por ejemplo!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;No, no se trata de revisar ejemplos y señalar los rasgos formales que los convierten en algo vulgar, sino de constatar que el halo de la vulgaridad cubre con su radiación campos que se presumen muy alejados de ella, actividades que se consideran ajenas a toda suerte de necedad. El uso enfático de la obviedad como recurso comunicativo, sumado a una elección del léxico grandilocuente nos dan como resultado la pedantería, que es señal inequívoca de vulgaridad, su heraldo inconfundible. De ahí que se extienda ésta con tanta facilidad al terreno del pensamiento y de las artes que requieren la palabra como vehículo de comunicación. Esa querencia natural hacia la polémica y la argumentación ha hecho que sea en el campo político, en el que de aquí a poco entraremos, donde se la acoja con entusiasmos casi de índole deportiva: entre&amp;nbsp; la clase política se la mima y se le prodigan todos los halagos imaginables. No hay político en cuyo argumentario oficial –expedido por la comisión electoral de su partido– no figure que vulgar procede de vulgo, voz que significa &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;pueblo&lt;/i&gt;. El resto ya es obra de cada candidato y conocimiento directo o indirecto de cada votante.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Creen, así pues, los políticos que más caen en ella, que conectan mejor con los deseados votantes que hozan en su lodazal con delectación. Se trata de estar a la altura de las circunstancias, según el imperativo orteguiano.&amp;nbsp; Era ley no escrita de la Historia que cada pueblo en cada época tenía los gobernantes que se merecía. Son muchos, con todo, los factores que inciden en el voto popular y no es el menor la necesidad paradójica de votar a quien vaya más allá de esa vulgaridad constituyente del cuerpo electoral; a quien se convierta en un&amp;nbsp; reflejo de la expectativa de superación de la misma. No tanto votar lo que a uno le gustaría ser, cuanto elegir a quien, siendo muy diferente de uno, le permita a uno seguir siendo lo que es sin tener que avergonzarse de ello. De ahí que la distancia entre el original y la diferencia se haya de medir con extremada cautela: pasarse es una tragedia; no llegar, un drama. En cualquier caso, el hilo íntimo que conecta al candidato y al votante, lo que los convierte en parte del mismo tejido social, no puede adelgazarse hasta romperse. Y la experiencia nos dice que eso ocurre muy a menudo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19755418-4600209404584295329?l=diariodeunartistadesencajado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/feeds/4600209404584295329/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19755418&amp;postID=4600209404584295329&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/4600209404584295329'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/4600209404584295329'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/2011/12/la-espana-vulgar-libelo-libelular-de.html' title=''/><author><name>Juan  Poz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17503156474886831961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_u6w_IJ9Oots/SiEgEn1IS5I/AAAAAAAAACU/QX5Bv7W6OOA/S220/IMGP0156.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19755418.post-7896195512658524029</id><published>2011-12-04T12:26:00.001+01:00</published><updated>2011-12-04T12:27:45.653+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;b&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;LA ESPAÑA VULGAR&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 16pt; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 16pt; line-height: 150%;"&gt;8. De porte fanático&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;España, fiel a su tradición, es un país partido por la mitad. El 50% de los españoles no sólo reconoce no leer un libro al año, sino no haber leído ni uno solo en toda su vida,&amp;nbsp; y el otro 50% sí. Está claro que dentro de este último 50% habría que distinguir entre quienes, efectivamente, leen sólo uno, es decir, el 80%, y quienes leen, por término medio, entre doce o quince al año, es decir, el 20%. Cuánto tenga que ver la incontestable vulgaridad&amp;nbsp; española de hoy, y casi la de siempre, con esta estadística aquí reflejada &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;grosso modo&lt;/i&gt; es algo en lo que, si quedan fuerzas, ánimos y ánimas,&amp;nbsp; y amor a la aflicción, la derrota, el dolor, las lágrimas, el desconsuelo y la desesperanza trataré de entrar en detalle un poco más adelante. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;No es de extrañar, no obstante, que con la tradicional enemistad que ha habido en este país contra “la funesta” –han dicho siempre los bárbaros– manía de pensar”,&amp;nbsp; la servil actitud ¿patriótica? del “¡vivan las cadenas!” o el no muy lejano grito deletéreo, “¡Muera la inteligencia!”, de la última dictadura; más el paradójico e incomprensible “¡que inventen ellos!” unamuniano; no es de extrañar, en suma, que sea el nuestro un país donde la letra impresa se vea como el protoenemigo, el archiobstáculo y el hipercastigo que han de evitarse a toda costa, que no es otra que la de seguir llevando vacío el costal del conocimiento, la curiosidad científica, la sensibilidad artística y, por extensión, las convicciones democráticas. Sí, sin duda, un asunto de calado, un auténtico &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;tema&lt;/i&gt; –como de inmediato lo etiquetaría el discurso político– que debería formar parte de la agenda de nuestras preocupaciones patrias y convertirse en auténtica &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;tema&lt;/i&gt; –según su octava acepción–,&amp;nbsp; pero frente al que la vulgaridad dominante ha logrado excavar un foso de inaccesibilidad y desprecio, lleno de las más terribles descalificaciones, anatemas y ostracismos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;El impactante excurso estadístico buscaba, sin embargo, establecer un paralelismo con otra realidad en la que la vulgaridad más lamentable, más deplorable, halla su asiento, un auténtico trono de monarca absoluto que dicta&amp;nbsp; su real capricho, y exige un vasallaje que todos le dispensan por igual y de mil amores, en el bien entendido de que es práctica que acredita y no desmerece, que otorga estatus, prestigio, y que nunca rebaja:&amp;nbsp; El deporte. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Lo suyo es, si queremos usar con propiedad los términos, hablar de la afición al deporte. En este país la estadística respecto de la inmersión en ese mundo alienador del sudor, las fratrías, las banderías, el sectarismo, el nacionalismo de baratillo, los orgullos metafísicos, la ausencia de ecuanimidad y las rivalidades fanáticas es casi más desoladora que la referida a la lectura como instrumento civilizador, porque la invierte hasta extremos esperpénticos; esa afición, decía, tan visceral y chabacana como prosopopéyica y pseudointelectual, según los casos y los emisores, ha logrado extender su vulgaridad incluso a los propios practicantes del mismo, desde el nivel aficionado hasta el profesional, pasando por los inefables directivos de los clubes, sobre todo de fútbol, auténticos esperpentos dignos de un Valle redivivo, ahora que los borbones andan tan modosos y relativamente discretos, sin dar motivo al desahogo de los ingenios novelísticos o pictóricos, por más que una de las excelsas vulgaridades patrias, la del nacionalismo –que es dios único y celoso aquí, allá y acullá..., a pesar de sus muchas patrias–, en la que más adelante entraremos, porque así lo exige este fiel retrato al ácido de rasgo tan idiosincrásico nuestro como este de la vulgaridad, se haya conjurado al modo españolísimo de la inquisición para provocar autos de fe en efigie, con quema y traca final.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Nada tan vulgar, escribíamos, como la extendida afición al esfuerzo de los demás y la exigencia crítica radical, en términos de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Cesar aut nihil&lt;/i&gt; –aunque esta sencilla cita se vuelva para los exigentes aficionados una suerte de jeroglífico impertinente, y el citador un sospechoso de ponerlos en evidencia y no poseer la caridad cristiana que ellos han sepultado bajo pliegues y más pliegues de grasa abdominal y ateromas arteriales–, con que los practicantes del tristemente famoso &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;sillónbol&lt;/i&gt; viven una actividad de la que hacen depender, en grado de infantilismo agudo, su bienestar emocional y, en algunos casos, hasta la eufórica práctica sexual conyugal. ¡Cuántas resignadas al débito rutinario no podrían atestiguar que suelen cobrarlo más fácilmente tras unos cuantos goles de campeonato que tras haber exhibido sus mejores artes seductoras; que poco puede, en definitiva, la delicada lencería fina de encaje contra los goles encajados tras emocionantes lances de área provocados por los finos dribladores!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Protagonistas, espectadores, mediadores mediáticos &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;e tutti quanti&lt;/i&gt; han conseguido que la esencia del deporte, el esfuerzo del organismo humano por superarse a sí mismo, se haya convertido en un espectáculo de bochornosa catadura que aleja de él a cualquiera cuya sensibilidad no pueda aguantar, incólume, los envites&amp;nbsp; soeces y repulsivos de la vulgaridad travestida de sudor heroico y representatividad nacional. Suele compararse a los héroes deportivos con los antiguos mitos, y ahí se inicia el proceso de vulgarización&amp;nbsp; que se extiende hasta el más mínimo detalle: no hay otro lado o un liberador &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;más allá&lt;/i&gt; de ese mundo total en el que, desde unas toses hasta un mal gesto con el cuerpo o una desabrida respuesta a alguien, la hermenéutica no sea capaz de desentrañar mensajes tan inverosímiles como, por lo general, estúpidos, inanes, anodinos, insignificantes. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;La primera de las infinitas vulgaridades que forman parte intrínseca del cultivo social de la &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;espectaduría&lt;/i&gt; deportiva –que casi es oficio, y de los peores: excesivo estrés y escaso beneficio- maltrata de lleno el oído: los deportistas balompédicos, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;verbi desgratia&lt;/i&gt;, que cocean los micrófonos hablando de sí mismos en tercera persona: “X es un jugador que lo da todo en el campo y que busca la confianza del míster para seguir sumando minutos y demostrar lo mucho que vale”. “X aún no tiene decidido qué hará a final de temporada; pero X se va a dejar la piel en el campo hasta el último minuto del último partido de esta liga.” Les deben de haber dicho que es el colmo de la modernidad y allá que van ellos con su pendiente, su pelo en cresta india con brillantina de malevo argentino, su &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;t-shirt&lt;/i&gt; ajustadita para marcar pectoral y punto de pezón y su reconcentrada expresión facial de ser conscientes de la trascendencia del mensaje, dispuestos a quedar como unos intelectuales del puntapié y nunca bien ponderados actores del mucho teatro con que suelen amenizar los &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;maches&lt;/i&gt;..., sobre todo cuando el contrario les da la réplica adecuada, con o sin morcilla de severas amputaciones, cornadas de Mihura o la sanguínea Fontana de Trevi en que fingen habérseles convertido las narices, que se tocan y se retocan para luego mirarse las palmas y no ver ni una gota de la hemorragia que justifique su dramático teatro... &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;A ellos se les suman los espectadores que han pagado un entrada para dejar de ser personas y convertirse en masa despótica de energúmenos cuyas agresiones y desmanes, amén de las deslenguas, tienen exacto parangón con la tétrica historia de lo peor de la especie humana. Dejemos de lado la proliferación de insultos cariñosos sobre la amantísima madre del árbitro, pues éste los da por descontados al ingresar en la sacrificada profesión, pero ¿cómo no detenerse en esos gritos racistas de imitación de los monos con que la turba arremete contra cualquier jugador negro del equipo contrario, imitando a los orangutanes con sus gestos? De igual manera son paradigma de la agresividad más banderiza e irracional los inspirados cánticos poéticos de los aguerridos seguidores, esto es, de los fascistófilos y matones que ven el día de partido como una posibilidad de investigación científica del cerebro de los rivales, previa apertura a garrotazos de la frágil caja craneal protectora. Una tarde dominical de gradas constituye una inolvidable experiencia del poder totalitario y aberrante, no sólo berreante, de cualquier masa humana dispuesta a identificarse con cualquier símbolo y a defender cualquier arbitrariedad, sobre todo contra los árbitros, endeble representación de la Justicia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;La segunda agresión se sufre en el mismo sitio, porque, a pesar de ser su referencia una manifestación visual, la vulgaridad deportiva entra mucho más por los oídos. Si alguien quiere tener una radiografía perfecta de la vulgaridad española en este aspecto, lo único que ha de hacer es repasar el dial de la radio un domingo de invierno por la tarde y escuchar cualquier programa deportivo. Desde la camaradería cuartelera de los muchos locutores que pueblan cada emisora hasta la publicidad de la mayoría de ellas, todo se conjura para ofrecer un retrato en el que el machismo más rancio, el patrioterismo de más baja estofa, el sacapechismo ajeno de ínfima ralea y la bandería más ciega se ofrecen al radioescucha como la síntesis del verdadero amor al deporte. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Se dirimen en esas horas de toscas emociones el ser y la nada de vitales destinos uncidos a la gran triada de posibilidades: derrota, empate o victoria. Hasta el curso de la semana entrante puede venir determinado por ese&amp;nbsp; algoritmo párvulo y gárrulo del 1-X-2. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Ya va escaseando en el paisaje ciudadano la visión del urbanita que pasea con la parienta y lleva pegado el transistor al oído donde se diluye, confunde, dispersa y desaparece entre ayes, uyes, gooooooooooooooooles asfixiantes, y selváticas emociones de postes, largueros y otras ebanisterías, lo que la legítima intenta colarle por el otro. Pero no han dejado de existir quienes siguen abonados a esas “tardes de emoción”, o, como dice la promoción de una de esas cadenas, “las horas más calientes de la radio española”.&amp;nbsp; ¡Cuántas benditas en celo no los habrán tenido ( malditos celos, claro) del éxtasis con que contemplan sus nada atléticos &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;partenaires&lt;/i&gt;, por ejemplo, los abdominales de tal o cual goleador que, tras el tanto de rigor, se encapucha la cabeza para exhibirlos;&amp;nbsp; las pantorrillas férreas de un armario de defensa o los cuádriceps de escultura helénica de un &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;killer&lt;/i&gt; del área... &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;La tercera agresión se reparte entre lo visual y lo auditivo, porque afecta a los programas deportivos en la televisión. Ahora, ya, un calco de los programas del corazón, con sus seres singulares, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;freakies&lt;/i&gt; incapaces de suscitar la más mínima emoción o admiración: exjugadores verbilindos y encanecidos; intermediarios barrigudos y papados; ex-árbitros sentenciosos; periodistas marisabidillos y marimaliciosos; directivos de pañolada rencorosos; entrenadores en paro y disparatados..., ¡una hermosa &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;trupé&lt;/i&gt; de teóricos del sangre, sudor y lágrimas! ¡Hijos beneméritos de la gran tautología Boskoviana que lo explica todo: &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Fútbol es fútbol&lt;/i&gt;!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Incontables son los rasgos de vulgaridad que rodean el mundo del deporte. Y admite más cada día, porque es necedad consentida y premiada. Destacadísimo es el abismo permanente que se abre entre, por un lado, el sillonbolista de cerveza, frutos secos y puro pestilente, y, por otro, el deportista que disfruta del ejercicio, del entrenamiento y, por qué no, también de la competición, sobre todo cuando no está contaminada por el espectáculo. Entre las grasas, el humo cancerígeno, las calorías basura, la pasión partidaria tan cerrada como cerril, tan enérgica como energúmena, y la actividad física liberadora de benditas endorfinas hay un abismo imposible de salvar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Pero la mayor vulgaridad no es otra que el mal endémico en este mundo de tan sólido prestigio social: la bandería, llamada, por otro nombre más revelador de su&amp;nbsp; íntima condición, fanatismo. Si cualquier actividad social puede prestarse a caer bajo la tiranía envilecedora del fanatismo, y ahí está la política y la ceguera de tantísimos militantes que no dudarían ni un momento en incluso arrebatarles la vida a sus adversarios, o en abrirles la cabeza a banderazos, como al bendito beato Bono sucedióle en señalada ocasión; el mundo del deporte de competición, con el deporte rey entre nosotros, el fútbol, a la cabeza, parece haberse conformado todo él con arreglo a las leyes no escritas y eternamente vigentes del fanatismo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Ahí están no sólo el caso de los presidentes que movilizan a sus aficiones con arengas marciales, desplantes a los rivales, descalificaciones de los árbitros, etc.; sino el infinitamente vulgar de quienes, políticamente, transforman un club de deportistas en una institución nacionalista que, más allá de los colores propios de la entidad, se convierte en la transustanciación del cuerpo y la sangre de ese espíritu nacional al que aspira a encarnar o al que confirma como realidad. Todo ello a pesar de alinear a mercenarios profesionales que, ignorando el fregado politicodeportivo en el que los meten, no tardan en sumarse al aquelarre con tres vivas chovinistas que multiplican sus nóminas y llevan a punto de ebullición los aplausos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Caso patético donde los haya es el de la suma de lo ideológico y lo étnico –pero una etnia de andar por casa, claro...–, como sucede con el Atlético de Bilbao, nada menos que ¡los leones! mamesinos –recientemente meros cachorrillos a punto de descender de sabana, para deprimente decepción, con visos de catástrofe natural, de los miembros de su tribu–. Y no le va a la zaga el Barça de Cataluña, donde conviven reputados legionarios extranjeros de variados países, estrechamente unidos a la  Moreneta, el pan con tomate y la botifarra, la Sagrada Familia, alguna que otra sala de diversión de menor relieve arquitectónico y mejores proporciones humanas en sus &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;salasianas&lt;/i&gt; nada católicas, y un &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;tarannnà&lt;/i&gt;, esto es, un talante idiosincrásico, pero no leonés..., que, al parecer, ellos representan como nadie,&amp;nbsp; con absoluta propiedad y fervor eurocéntrico.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Aún menos se quedan atrás los comentaristas deportivos que sacan pecho patriótico por los éxitos, en los cinco continentes, de los deportistas españoles, abanderados de la patria, embajadores de la superioridad del &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;¡zoy españó, cazi ná!&lt;/i&gt; que, con un nudo de emoción indescriptible en la garganta, relatan como si narrasen victorias bélicas, tal que los corifeos de Aznar, ¡el último gran caudillito español!, su epopeya del perejil. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;¡Nunca como en esos momentos ha sonado tan vulgar el nombre propio del país! De repente España ya no es un nombre, sino un gran caldero donde hierve a borbotones la necedad y la soberbia, ingredientes básicos de la gran olla podrida en la que caben las gracias inverosímiles y cejialzadas de Nadal, las chiquilladas de parvulario de Lorenzo, las lágrimas gasoleñas, el engreimiento de Alonso, la chiripa de Contador, las rabietas geriátricas de Luis, el ya olvidado serial Raúl sí, no, tal vez, y así &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;ad nauseam&lt;/i&gt;... &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;¡Cualquier ocasión es buena para poner a prueba la grandeza nacional! ¡Cualquier derrota deportiva sonada es amargo funeral de Estado! ¡Cualquier victoria, como la reciente de la Eurocopa, contra unos equipos con menor peligro que Togo y fútbol más tosco que el del Middelbourgh, es prueba inequívoca de la inclinación divina hacia la eterna cenicienta del fútbol mundial! &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;De repente, toda una generación victoriosa ha descubierto que entre sus señas de identidad no sólo están los capotes rauleños, sino los tricornios ahumados, los volantes de mil abriles, las banderas a porrillo y &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;pomporrutas&lt;/i&gt; austríacas,&amp;nbsp; pinturas rojigualdas en las mejillas, sombreros cordobeses, capas de nobel castizo, monteras tempranilleras y un pasodoble, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;¡Que Viva España!&lt;/i&gt;, compuesto por el flamenquísimo Leo Caerts..., amén de surrealistas pelucas azules, travestidos pantojiles y otras friquerías de guardarropía y tente tieso.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;¿No es lamentable que una empresa tan poderosa, en lo cultural, como PRISA, haya forjado su imperio con el fútbol y los toros? Y en ello se sigue, se pague por visión, se pague por decodificación, se pague como se pague..., y por todo: Liga, Copa, Champions, Uefa, ¡y hasta los amistosos de verano! Definitivamente, pues, nada tan vulgar como la espectaduría deportiva y el infinito negocio tejido a su alrededor: negocio de la excitación, la pasión, la intolerancia y el machismo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19755418-7896195512658524029?l=diariodeunartistadesencajado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/feeds/7896195512658524029/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19755418&amp;postID=7896195512658524029&amp;isPopup=true' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/7896195512658524029'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/7896195512658524029'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/2011/12/normal-0-21-false-false-false-es-x-none.html' title=''/><author><name>Juan  Poz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17503156474886831961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_u6w_IJ9Oots/SiEgEn1IS5I/AAAAAAAAACU/QX5Bv7W6OOA/S220/IMGP0156.JPG'/></author><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19755418.post-8177550330720284514</id><published>2011-12-02T17:59:00.001+01:00</published><updated>2011-12-02T17:59:45.876+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;LA ESPAÑA VULGAR&lt;/span&gt;&lt;/b&gt; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 14pt; line-height: 150%;"&gt;7. Movilidad Mórbida&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;En la era de la comunicación global la inmediatez es también el rostro saciado de lo soez: todo está cerquísima, a golpe de correo electrónico y de móvil, versión jeroglífica del SMS&amp;nbsp; o versión verborreica de la locuacidad inane. ¡Qué mayor mediocridad, en&amp;nbsp; nuestros días, que la dependencia del teléfono móvil! Los “¿dónde estás, Mari?” y los “estoy saliendo del metro, ¿me ves?”, entre millones de mensajes emitidos en honor de la vacuidad, la estupidez y la función fática, como saben millones de primitivos y primitivas&amp;nbsp; estudiantes de Primaria, andan en boca y en ojos de todo el mundo. Porque un móvil es, ¡ay del transeúnte poco ágil!, también una pantalla que devora la atención y, en según qué circunstancias, sobre todo al volante, puede incluso provocar la muerte, según revelan las estadísticas, que son la versión laica de la omnisciencia divina.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;El deterioro de la lengua castellana está emparentado, ¡paradoja de paradojas!, con el aumento exponencial de los mensajes emitidos a lo largo, ancho y alto de este país e incluso desde y hacia el extranjero, aunque en este último caso sí que la ley de selección social económica se manifiesta con el más fiero carácter de ley natural: ese gasto sólo está al alcance de unos pocos, por más que una ley del parlamento europeo pretenda democratizar el salto de fronteras de las ondas unificando tarifas y prohibiendo los abusos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;El uso del móvil va más allá de la necesidad de comunicación, sin duda, y probablemente poco tenga que ver con ella, y sí mucho con el modelo social de la apariencia de modernidad, de ahí la escasa o nula importancia del contenido –la expresión del pensamiento o de las emociones– frente al hecho en sí de activar el aparato a través del pin pan pun y navegar por el menú, los ajustes, los mensajes, la guía, la galería, el organizador, las aplicaciones, los extras o los servicios. Cuanto más intensa sea la concentración y más ceñuda la perplejidad podremos aventurar con menor riesgo de equivocarnos la deleznable calidad del castellano utilizado en la comunicación; del mismo modo que quien grita para hablar por el móvil denota su escasa familiaridad con los avances científicos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;El teléfono móvil, como ejemplificábamos hace un momento, ha creado una inflación de palabrería inútil, redundante, inane, desustanciada, estropajosa y chillona que ha atrapado en su red viscosa las energías emocionales de no pocas personas. Lo habitual, hoy en día, es, a imitación de los desnudos emocionales de la telebasura, gritar a los cuatro vientos, en el metro, la calle, un café, el probador de una tienda, una sala de espera, el vestíbulo de un cine o cualquier otro espacio social, sentimientos desgarrados que repiten, en patético simulacro, modelos televisivos &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;prime time of the heart&lt;/i&gt; o radiofónicos de insomnes confesores de&amp;nbsp; madrugada. Los “yo le dije” y “ella me dijo”, encadenados a un rifirrafe de desplantes, retos, pullas, chulerías, amenazas; los “por ahí no estoy dispuesta a pasar”, “eso no te lo tolero”, “pero tú qué te has creído”,&amp;nbsp; “quién es capaz de soportar eso”, “¡qué desfachatez!”; o los enternecedores intercambios amorosos que sus emisores comparten sin la más mínima vergüenza con los otros clientes de la terraza del café, con quienes esperan junto a ellos en el andén del metro o, más íntimamente, con quienes comparten la cabina del ascensor: “sí, gatita, lo que tú quieras”, “pero qué cosas tienes Jonathan”, “me estás poniendo colorada, cariño”, “¡pues claro que yo también te quiero, mi amor”&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Como auténticos arúspices observan el pez parlante tantísimos sujetos a su&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; dependencia, esperando nunca sabe uno qué revelación de esas entrañas de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;bytes&lt;/i&gt; a las que se mira y remira con idéntica indecisión con que se escruta el otro menú, el del restaurante. Los dedos teclean una y otra vez en el mar de posibilidades que el menú cibernético ofrece y siempre acaba ubicándose el usuario aficionado en un rincón del mismo&amp;nbsp; cuya existencia desconocía, para su pasmo, confusión y&amp;nbsp; ¡no pocas veces! extremo pánico: Aceptar o rechazar, guardar o borrar, son los nuevos dilemas que atrapan al usuario timorato, acomplejado y acaso incluso angustiado. De una presión del pulgar depende, a veces, un desconsolado arrepentimiento o una torpeza de nefastas consecuencias. Un poco al estilo de aquella película francesa en la que el marido baja a la cabina, llama a su amante para decirle que le es imposible acudir a la cita y quien le responde es su propia mujer, pues, acuciado por la urgencia –simplemente ha bajado a tirar la basura al contenedor–, y gobernado por la costumbre, ha tecleado el número de su propia casa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Los efectos sociales de la dependencia &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;movilizada&lt;/i&gt;, ¡y escasamente civilizadora!, tienden a manifestarse en forma de conducta incívica que supone un incremento del riesgo para la integridad personal no sólo de los usuarios sino también de quienes, ajenos a esa adictiva ordinariez, han de sufrir los embates, los embustes y los atropellos de semejante ejército de zombies teledirigidos por la deslenguada ansiedad de “estar en contacto”. ¡Cuánto no recaudarían las arcas municipales o estatales si hubiese controles efectivos de los conductores que manejan un vehículo al tiempo que hablan por el fatídico móvil, sobre todo quienes trabajan al volante! ¡Cuántas vidas no salvarían al año! Del mismo modo que se evitarían tantas situaciones de riesgo entre peatones o entre éstos, concentrados en la voz remota ante la que creen estar, y los automóviles a los que les es imposible sortear la imprudencia de quienes cruzan cuando y por donde no deben. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;El uso indiscriminado y abusivo del móvil se ha convertido en una segunda naturaleza de las personas, un pegajoso y estentóreo disfraz que revela la vulgaridad interior como un espejo colocado ante el rostro de la necedad. A este ritmo, y si ningún invento viene a remediar el actual estado de cosas, corremos el riesgo de que esta dependencia acabe provocando una mutación genética de la que se derive que los bebés, al nacer, lo hagan con el brazo doblado a la altura del hombro para que la mano, situada junto a la oreja, con cuatro dedos en escala y el pulgar levemente flexionado, esté en condiciones de recibir el primer móvil, casi como el primer chupete, para alborozo de los progenitores, quienes no dudarán, nada más verlo, en sacar el suyo, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;pinear&lt;/i&gt; el acceso y extender a los cuatro vientos de las ondas la feliz nueva de la criatura vieja recién nacida...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19755418-8177550330720284514?l=diariodeunartistadesencajado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/feeds/8177550330720284514/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19755418&amp;postID=8177550330720284514&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/8177550330720284514'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/8177550330720284514'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/2011/12/la-espana-vulgar-7.html' title=''/><author><name>Juan  Poz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17503156474886831961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_u6w_IJ9Oots/SiEgEn1IS5I/AAAAAAAAACU/QX5Bv7W6OOA/S220/IMGP0156.JPG'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19755418.post-5340354878799953341</id><published>2011-11-29T23:34:00.000+01:00</published><updated>2011-11-29T23:34:16.072+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt; LA ESPAÑA VULGAR&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:WordDocument&gt;   &lt;w:View&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:Zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:TrackMoves/&gt;   &lt;w:TrackFormatting/&gt;   &lt;w:HyphenationZone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:PunctuationKerning/&gt;   &lt;w:ValidateAgainstSchemas/&gt;   &lt;w:SaveIfXMLInvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:IgnoreMixedContent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:DoNotPromoteQF/&gt;   &lt;w:LidThemeOther&gt;ES&lt;/w:LidThemeOther&gt;   &lt;w:LidThemeAsian&gt;X-NONE&lt;/w:LidThemeAsian&gt;   &lt;w:LidThemeComplexScript&gt;X-NONE&lt;/w:LidThemeComplexScript&gt;   &lt;w:Compatibility&gt;    &lt;w:BreakWrappedTables/&gt;    &lt;w:SnapToGridInCell/&gt;    &lt;w:WrapTextWithPunct/&gt;    &lt;w:UseAsianBreakRules/&gt;    &lt;w:DontGrowAutofit/&gt;    &lt;w:SplitPgBreakAndParaMark/&gt;    &lt;w:DontVertAlignCellWithSp/&gt;    &lt;w:DontBreakConstrainedForcedTables/&gt;    &lt;w:DontVertAlignInTxbx/&gt;    &lt;w:Word11KerningPairs/&gt;    &lt;w:CachedColBalance/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:BrowserLevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;   &lt;m:mathPr&gt;    &lt;m:mathFont m:val="Cambria Math"/&gt;    &lt;m:brkBin m:val="before"/&gt;    &lt;m:brkBinSub m:val="&amp;#45;-"/&gt;    &lt;m:smallFrac m:val="off"/&gt;    &lt;m:dispDef/&gt;    &lt;m:lMargin m:val="0"/&gt;    &lt;m:rMargin m:val="0"/&gt;    &lt;m:defJc m:val="centerGroup"/&gt;    &lt;m:wrapIndent m:val="1440"/&gt;    &lt;m:intLim m:val="subSup"/&gt;    &lt;m:naryLim m:val="undOvr"/&gt;   &lt;/m:mathPr&gt;&lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:LatentStyles DefLockedState="false" DefUnhideWhenUsed="true"  DefSemiHidden="true" DefQFormat="false" DefPriority="99"  LatentStyleCount="267"&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="0" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Normal"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="heading 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 7"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 8"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 9"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 7"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 8"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 9"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="35" QFormat="true" Name="caption"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="10" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Title"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="1" Name="Default Paragraph Font"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="11" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Subtitle"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="22" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Strong"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="20" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Emphasis"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="59" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Table Grid"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" UnhideWhenUsed="false" Name="Placeholder Text"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="1" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="No Spacing"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" UnhideWhenUsed="false" Name="Revision"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="34" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="List Paragraph"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="29" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Quote"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="30" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Intense Quote"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="19" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Subtle Emphasis"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="21" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Intense Emphasis"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="31" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Subtle Reference"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="32" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Intense Reference"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="33" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Book Title"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="37" Name="Bibliography"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" QFormat="true" Name="TOC Heading"/&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if !mso]&gt;&lt;img src="http://img2.blogblog.com/img/video_object.png" style="background-color: #b2b2b2; " class="BLOGGER-object-element tr_noresize tr_placeholder" id="ieooui" data-original-id="ieooui" /&gt; &lt;style&gt;st1\:*{behavior:url(#ieooui) }&lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt; /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tabla normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-priority:99; mso-style-qformat:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:11.0pt; font-family:"Calibri","sans-serif"; mso-ascii-font-family:Calibri; mso-ascii-theme-font:minor-latin; mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; mso-fareast-theme-font:minor-fareast; mso-hansi-font-family:Calibri; mso-hansi-theme-font:minor-latin; mso-bidi-font-family:"Times New Roman"; mso-bidi-theme-font:minor-bidi;}&lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;  &lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 10.0pt;"&gt;6.&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Plastas, y plastos, en el Plasma.&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Capítulo cumbre de la España vulgar lo ocupa el fiel reflejo del país que se ofrece a su original, como modelo y aspiración, a través de la pantalla de la televisión. Apenas pueden establecerse diferencias entre las distintas empresas que gobiernan sus parrillas con&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;la espátula del share, las tenazas de la estadística y los picos de audiencia, propagandeados como símbolo de la calidad, como si de un ISO 2000 o&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;un AENOR&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;se tratase. Cuantos más ignorantes alienados se sienten frente a un producto televisivo, mayor es el prestigio del bodrio que consumen, aliñado, ¡como premio!, con mayores dosis de la savia publicitaria que diseña sus vidas, cifra sus aspiraciones personales y orienta sus ambiciones sociales de seres vegetales, arraigados como alcornoques ante el plasma o el LCD.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;El principal requisito del triunfo es contar con presentadores que no hablen, sino que chillen, además de ser capaces de destrozar todas las curvas de entonación propias del español coloquial y formal, hasta volverlo, ¡y no inauditamente!,&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;irreconocible. También, con absoluta literalidad, han de saber desgañitarse en pantalla y extender las palmas de las manos, al modo episcopal, para contener las manifestaciones del público que, siguiendo en el plató el riguroso directo del programa, descontrola sus banderías cuando de un concurso se trata o aplaude a los artistas con entusiasmo siguiendo las órdenes del regidor que los gobierna, porque decir televisión y decir concurso casi es lo mismo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Los vistosos programas rosáceos, matadero de reses que venden su descuartizamiento público, comparten honores con los concursos, las variedades, las fotonovelas nativas e hispanoamericanas, las series casposas, ¡las transmisiones deportivas!, y lo que podríamos llamar la telebasura deportiva de los aberrantes programas dedicados al comentario del sudor y, cuando se da, que suele ser muy de tarde en tarde en ese ámbito del esfuerzo físico, del posible arte ajeno&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Fijemos brevemente la atención en un programa familiar por excelencia, para huir de la carnaza que la telebasura pone al alcance del denostador de la casquería vulgar que se asa día sí y al otro también en las parrillas televisivas. En él, niños y niñas con aspiraciones artísticas y deseos paternomaternos de alcanzar la celebridad compiten imitando a cantantes famosos mientras sus orgullosos progenitores asisten desde la grada, con la emoción reprimida y los nervios destrozados –como los fanáticos presidentes de los equipos de fútbol en los palcos–, a la actuación de sus cachorros y cachorras, a quienes el presentadorote, campechano como un pincho de morcilla, conduce por el plató con la mano izquierda del pastor trashumante y las risas condescendientes de quien sabe que triunfar en la vida es vivir del cuento, como él. No de la canción, sino del tasajo de jamón anunciado, ¡jamás del tajo!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Ellos y ellas -¡nada que ver con Mankiewicz, por supuesto!-&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;se presentan al público como réplicas en miniaturas de sus ídolos y reproducen hasta el más mínimo gesto del repertorio que ha hecho famosos a los triunfadores. Y ahí aparece, entonces, ¡como cruel pesadilla barroca, quevedesca!, una diminuta Paulina Rubio, pongamos por caso, maquillada con exageración, vestida con un ceñido mono de lamé escotadísimo y ejecutando un baile con un contoneo sensual del que en modo alguno se han eliminado los gestos eróticos explícitos, que la chiquilla ejecuta un poco mecánicamente y sin conocer bien aún, ¡confiamos!, la portentosa capacidad de provocación vulgar que podrán llegar a tener cuando doble la edad. Los padres sonríen y hasta casi babean satisfechos. Los espectadores se dicen “¡pero qué gracia tiene la condená!”, “¡miala tú cómo se mueve, ain que vel!”, y el jurado bendice la monstruosidad encareciendo la fidelidad al original y la “gracia y el arte” que ha derrochado la criatura, a quien auguran un futuro lleno de prosperidad, éxito y, si se descuida, hasta de perdices. Aquí, afortunadamente, a diferencia de otros concursos,&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;no se insulta y humilla a las cobayas: traen la aberración puesta ya de casa, y con todas las bendiciones del dios &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Share&lt;/i&gt; al que los devotos seguidores del programa, de los programas en general, ponen la vela del costoso SMS interactivo para compartir la ilusión de ser un miembro activo de la acogedora sociedad de la estupidez.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Porque sí, también se da el caso de los concursos en los que los participantes, además de ridiculizarse con sus escasas habilidades para lo que sea, han de soportar los juicios vitriólicos de unos jurados cuyos méritos para serlo no van más allá de su efímera popularidad, por lo general lograda en otros programas semejantes, y cuyas sentencias pontificales excitan o enervan a la&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;audiencia que las recibe con aplausos o abucheos artificiales que convierten a los jueces en protagonistas y que relegan a los participantes a la categoría de comparsas. ¡Hay que oír, si se tiene el cuajo necesario, las aberraciones lógicas y estéticas de esos seres inverosímiles que asumen su papel de jueces con la predisposición de animados matarifes! En sus sentenciosas argumentaciones de baratillo se hace evidente el triunfo supremo de la vulgaridad más refinada, esto es, el magma oscuro y supersticioso de verdades de tomo y lomo que acoge la audiencia como los curas de aldea las encíclicas papales. Se prodigan en el insulto sin que se advierta en sus descalificaciones crudelísimas el menor atisbo de la piedad que cabe esperar de un congénere puesto, por amiguista dedocracia, jamás por una meritocracia inverosímil en esos ámbitos de la comunicación, por encima de otra persona. Por lo general, su munición es más gruesa cuanto mayor es la debilidad psíquica que advierten en el reo, y abusan de él mostrando las ajadas galas de un ingenio revenido y mostrenco, amorcillado, propio de otros programas humorísticos de esa o de cualquier otra cadena, todos ellos, sin distinción, verdaderas antologías de la zafiedad, la caspa y el más brillante repertorio de lo deleznablemente español a través de los siglos, porque en la larga historia desgarrada de la enemistad con la razón de este pueblo nuestro es donde hunden sus raíces esos contenidos, esas actitudes, ese desparpajo del despojo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Si hay algún espejo en el que se mire la  España vulgar con la delectación propia de los necios, ése no es otro que el polifacético de los programas de humor que dominan las parrillas lorencianas en las que los espectadores reclaman de continuo que les den la vuelta para retorcerse mejor con los espasmos de las carcajadas sobre las ardientes varillas de una tortura que agradecen con la fidelidad servil de quienes nunca leyeron a Quevedo ni tendrán entre sus manos &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;El Ruedo Ibérico&lt;/i&gt; de Valle ni pondrán en sus vídeos &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;La  Kermesse&lt;/i&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt; heroica&lt;/i&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;o &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Mon oncle&lt;/i&gt;, de Tati. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;De un tiempo relativamente corto a esta parte, el humor, el supuesto humor, puesto que sería más apropiado hablar de&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;chuflas de voceras, chascarrillos de chisgarabises o facecias de charlatanes –¡jamás de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;charlotadas&lt;/i&gt;, pues hemos de rescatar tan alto nombre para el verdadero humor, como hemos de preservar el de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;quijotada&lt;/i&gt; para los sublimes actos heroicos del más encomiable idealismo!–, se ha adueñado de la vida televisada casi en relación directa con la tensión política generada por las estrategias de partidos sin ideología que sólo viven del azuzamiento, la bronca, la pelea, la confrontación radical y la esperanza de que el río baje bien revuelto para pescar cuantos más votos mejor. En uno y otro caso, el del humor televisivo y el de la política (no menos televisiva, todo sea dicho) la zafiedad de los mensajes, la vulgaridad de los contenidos, aspira a confundirse, a fusionarse, con los receptores, hasta el punto de hacerse imprescindible.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Prácticamente no hay empresa televisiva que no juegue la baza del humor chocarrero y zafio para hacerse un huequecito en la solicitada agenda de los espectadores, llena de citas inverosímiles, y con idéntica promesa: con nosotros te reirás hasta la carcajada, te temblarán las muelas, te descoyuntarás y se te rebelarán los intestinos. Ahora bien, ninguna de ellas se privará de anunciar a bombo y platillo el adjetivo que define, en todas, la llave moderna que abre el candado de ese culto diario de los plastas al plasma: &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;inteligente&lt;/i&gt;. Colocado el rótulo, a modo de INRI, en la parte superior de las pantallas planas, sirve de patente de corso para que cualquier imbécil, usualmente travestido, castigue, ¡hasta llegar a la tortura!, la sensibilidad de quien se equivoca en el uso del telemando y satisfaga, con aspavientos, gritos y sal gruesa, la desmesurada necesidad de ingenio del común de los mortales. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Es indiferente que el gracioso aparezca en compañía, solo, en un plató, en un teatro, vestido de presentador, travestido de vip vilipendiado, o comoquiera que sus guionistas diabólicamente se lo ingenien: ¡siempre tendrá a su disposición las risas enlatadas para convencer a la audiencia, y los aplausos regidos para ratificar su éxito! Sentar cátedra de gracioso es, en este país de las risas cariadas y las carcajadas halitosas, tan fácil como cobrar la comisión municipal por un pelotazo urbanístico. Contribuye mucho al buen fin de la risueña empresa tener una jeta &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;ad hoc&lt;/i&gt;, un hablar atropellado, y ser capaz de decir diez mil obviedades de rancia actualidad con tanta agudeza cada una como cualquier intervención pública de Zaplana, y, a ser posible, con una sonrisa de boca al biés como la del eminente político murciano, gloria del parlamentarismo español,&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;patrono comisionado de la Tierra Mítica y deidad advocadísima de la fratría del santo ladrillo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Es indiferente el sexo, aunque dominan los comicastros masculinos, si bien no es infrecuente entre ellos la afición al travestismo, lo que no ocurre entre las mujeres, a mayor honra, salvo excepciones. Todos ellos, no obstante, dominan el arte de Tancredo y son capaces de resistir con impávida desfachatez su propia actuación deprimente, apenas animada&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;por la cooperación costosa de tantos decorados, luces, cámaras,&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;risas enlatadas y la presencia, en según qué lastimosas intervenciones, de algún famosejo que va del roto al descosido con idéntico rostro de jijona: una cara dura de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;jijíes&lt;/i&gt; patéticos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19755418-5340354878799953341?l=diariodeunartistadesencajado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/feeds/5340354878799953341/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19755418&amp;postID=5340354878799953341&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/5340354878799953341'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/5340354878799953341'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/2011/11/la-espana-vulgar-normal-0-21-false_29.html' title=''/><author><name>Juan  Poz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17503156474886831961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_u6w_IJ9Oots/SiEgEn1IS5I/AAAAAAAAACU/QX5Bv7W6OOA/S220/IMGP0156.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19755418.post-2748205473881533270</id><published>2011-11-26T17:36:00.000+01:00</published><updated>2011-11-26T17:36:30.949+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="line-height: 150%;"&gt;LA ESPAÑA VULGAR &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 16pt; line-height: 150%;"&gt;5. Vino para quedarse ido&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Se ha de haber tenido un sólido aprendizaje en la ingestión de alcohol para considerar que ciertas bromas, como las de las despedidas paganas de la soltería, lo sean y sirvan, además, como materia narrativa para pretender acaparar el interés de otros alcoholizados. Muchas horas de vuelo sin frenos morales se han de haber hecho para estar orgullosos de esa suerte de inmunidad&amp;nbsp; inhumana ante los efectos nefastos de la afición espiritual que se atribuyen los embriagados, siempre dispuestos a defender, trazando un camino de eses tortuosas al ritmo de sonoros golpes de pecho, que ellos saben beber y que aún admiten una copa más, o un litro, apenas vacíen la vejiga amorapiada. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Mentores nunca han faltado en este país de orujo matutino, cerveza, vino y licores diurnos, y coñacs, güisquis, rones, vodkas y otras aves nocturnas de mal agüero. “Viva el vino”, gritaba Rajoy a sus huestes beodas con su media lengua sin frenillo entumecida. “Nadie me tiene que decir cuántas copas tengo que beber”, se defendía quien aún sigue esperando, mientras hace negocios en las Caimán con su castellano tejanizado, que Abderramán le pida disculpas públicas por haber conquistado buena parte de España. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Mientras tanto, el espectáculo nacional de los botellódromos, prohibidos o auspiciados municipalmente, se ofrecen a la vista abstemia, o a la del&amp;nbsp; morigerado degustador de los buenos &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;caldos&lt;/i&gt; -¡qué elegancia léxica para quitarle poder cirrótico a la metáfora sanguínea de Cristo!-, como uno de los más tristes espectáculos de la  España vulgar de siempre. Nadie puede considerarlo una novedad: sin duda debe decirse que en la historia de este país ha corrido más el vino que la sangre, y muy a menudo los dos juntos en orgullosa mezcolanza y taurobólica celebración cainita.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;Mozos jovencísimos que han hecho del calimocho y otros bebistrajos su principal alimento espiritual arrastran sus bolsas de pudoroso plástico hacia el triste aquelarre báquico: vaso tras vaso van, quizás deseando beso tras beso, acumulando el agrio poso aniquilador de su alegría de vieja alquitara –que tanto les pone– y húmeda bodega; corren los chascarrillos beodos, las risotadas homófobas, las rivalidades goyescas de estacazo, el pecho sacado como mascarones de proa, y la algazara deviene alfaguara de broncas, vómitos, comas etílicos y aventuras suicidas al volante.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;En coches transparentes o en rincones opacos se acogen torpes, desangelados y brevísimos polvos de orangután, y un sopor, una modorra de somnífero, se apodera de las bestias risueñas que balbucean sílabas desordenadas con lenguas de corcho y gargantas de lija. Los hasta poco antes dueños del mundo, desafiadores como matones de camisa parda, centros individuales del orbe, milagros genéticos del universo, encarnación de la irresponsable alegría de la juventud, yacen, de madrugada, sin algún zapato, en posición fetal en algún banco público o espatarrados en el escalón de algún portal, arropados con nada, quizás desvalijados, cerca del círculo dentado de su espeso vómito de pasta o de pizza...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;País de pedos con regüeldos, de pedales, de cogorzas de alivio, de jumeras, de moñas, de zamacucos, de merluzas, de chispas de&amp;nbsp; escasa luz, de curdas, de melopeas cacofónicas, de tajadas, de trompas desafinadas y de pítimas impronunciables... &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;“¡Esto es vida!”, gritan los beodos congestionados y beocios, temblándoles el papo ceñido por un cuello de camisa dos tallas menor del que necesitan, y mojando el culo del cigarro habano en la copa de coñac después de una comilona grasienta, feculenta y de imposible digestión. ¡Y halla eco su oración enfática; eco de bendición política y religiosa!&amp;nbsp; De rones brugales que cambian la vida, la iluminan, la reinventan, y otras adulaciones paradójicamente lameculares del machismo y su poder, está España empapelada y vallada de arriba abajo, sin distinción de fronteras ni lenguas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Colocados andan, y la ayuda de los bregados extranjeros militantes que acuden al reclamo es refuerzo de primer orden, por toda la geografía española, en la más extraña lucha que se haya llevado a cabo jamás contra la sequía, una amenaza dramática que, ni de lejos, es, para la  España vulgar un problema que le inquiete o le haga perder el sueño. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;En las fantasías –quizás más propiamente lagareñas que lugareñas...– de los&amp;nbsp; cofrades de la buena vida, de la &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;buena bevida&lt;/i&gt;...,&amp;nbsp; las bebidas alcohólicas serán, en el futuro inmediato, no sólo panacea de enfermedades, sino recurso energético industrial y líquido sagrado que alimentará los campos para mejorar la producción y lograr ese gusto definitivo a &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;caldo&lt;/i&gt; nutritivo desde las alcachofas y las zanahorias hasta el trigo y las judías verdes..., por no hablar del delicado sabor de las carnes así tratadas, como la de los navideños pavos emborrachados... ¡Que no decaiga!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;La piel de toro de la España vulgar disfruta de&amp;nbsp; un exacerbado sarpullido beodo que se excita con los calores y se convierte en eritema así que entran la primavera y los calores veraniegos, sobre todo. La romería del Rocío, esa hiperexcelsa demostración de fanatismo religioso, comparable a las de las hordas islamistas que, al estilo de los flagelantes de Llerena,&amp;nbsp; mutatis mutandis, se acuchillan el torso por un antiguo profeta –¡ni siquiera por el mismísimo Alá o su profeta máximo, Mahoma!–, es una escuela del culto religioso al alcohol, la fiesta y la sexualidad reprimida, indigna de las antiguas fiestas báquicas con las que neciamente se la emparenta, y, por supuesto, sin el dulce escepticismo helénico respecto de su panteón divino. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Su versión laica, la Feria de Abril, creada por el celo comercial del catalán&amp;nbsp; Narcís Bonaplata, amante de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;la disbauxa, els vins del priorat i els negocis de ramaderi&lt;/i&gt;a... es paradigma de la devoción beoda cuyos regüeldos apestan a lo largo y ancho de la geografía española, sin excepciones nacionalistas políticamente correctas. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Alarde excepcional de esa religión vinatera es la confluencia, en el País Vasco, del alcohol y la política, como lo demuestran las Herrikotabernas, entre otros ejemplos. ¿A quién le puede extrañar que de esos conciliábulos espiritosos salgan tremendos y castradores delirios neoruralistas románticos, en vez de programas realistas, apegados al aquí y al ahora de las necesidades de las gentes?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;A año de hoy es bien probable que, frente a la fiebre erradicadora de viñedos de las autoridades comunitarias, un diminuto ser sea el encargado de reducir a niveles ínfimos la producción del venerado líquido: ¡el topillo! ¡Lástima que, como entrantes, le dé el animalejo al cereal, a las patatas y a las zanahorias, antes de lanzarse a las vides!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19755418-2748205473881533270?l=diariodeunartistadesencajado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/feeds/2748205473881533270/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19755418&amp;postID=2748205473881533270&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/2748205473881533270'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/2748205473881533270'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/2011/11/la-espana-vulgar-5.html' title=''/><author><name>Juan  Poz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17503156474886831961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_u6w_IJ9Oots/SiEgEn1IS5I/AAAAAAAAACU/QX5Bv7W6OOA/S220/IMGP0156.JPG'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19755418.post-4960148279261257166</id><published>2011-11-23T22:58:00.000+01:00</published><updated>2011-11-23T22:58:27.723+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;b&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;LA ESPAÑA VULGAR&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;   &lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 16pt; line-height: 150%;"&gt;4. El pagano adiós a la soltería&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Esos dos especímenes emparejados y &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;afamiliados&lt;/i&gt; han querido olvidar, para bien de la institución sagrada que bendijo en su día la Iglesia, otra de las bufonadas vulgares en que caen por docenas los y las incautas que se dejan llevar por la crecida de las aguas del negocio y la contaminación de los estragos estéticos: el pagano adiós a la soltería. De más de uno, por cierto, se salió bienvenidando a la soltería de nuevo, así que a oídos del futuro, o de la futura, llegaron las noticias que siempre hallan heraldos y heraldas dispuestos a la confidencia carnicera y, en no pocas ocasiones, codiciosos del bien perdido por los otros. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;En tales circunstancias, los excesos, sobre todo seminales, hallan su marco en salas reservadas donde los fieros amigotes despliegan su ingenio erótico-festivo de fieras reprimidas, embriagadas de vinazo morganático mal caído sobre&amp;nbsp; salsas de grasiento queso azul y fieras bayas de pimienta verde. Allí se dan cita todos los &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;gadgets&lt;/i&gt;&amp;nbsp; sexuales posibles, desde la lencería sadomaso hasta los vibradores pasando por la inevitable muñeca hinchable con la que, ¡el afortunado protagonista!, ha de echar un casquete a la salud de los presentes, o, a petición popular palmoteada con ritmo de pilote, en efigie con su futura. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;A prueba semental será puesto cuando, satisfecha la petición con una faena de alivio, aparezca, como en las celebraciones mafiosas, la gran tarta con&amp;nbsp; la &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;estríper&lt;/i&gt; y el candidato al yugo tenga que estriparse con ella al ritmo de Full Monty y al de las renovadas palmas batientes de a quienes se les hacen los dedos huéspedes sobre si todo acabará como ha sido planeado o no. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;No muy lejos de allí, ellas reproducen la escena y la protagonista, vestida con faralaes, con hábito y toca de monja o de chulapa madrileña con banda de miss futura conyugada sobará el rabo entangado de un culturista que agita y descarga sus golpes de pelvis al compás del redoble circense del más difícil todavía. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Antes de llegar a la sala, las amigas, todas ellas con pañuelo llamativo de idéntico color, habrán acompañado a la futura &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;señora de&lt;/i&gt; por las principales calles de la ciudad donde habita, casi siempre lejos del propio barrio, aunque en éste hayan colgado en los puentes que atraviesan las autovías de salida de la ciudad los carteles alusivos a su pérdida de la soltería, usualmente con la paráfrasis del &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Se busca&lt;/i&gt;... &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Herederas de las tradicionales y emboinadas bromas cazurras de los mozos de los pueblos chicos, las despedidas de la soltería acreditan con creces el brochazo grosero y esperpéntico de la alegría descerebrada con que se acometen. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;La vulgaridad de la celebración no cede ni ante la maldad de ocasiones en las que, en locales separados por apenas una puerta corredera, e ignorando una y otro protagonistas qué grupo andará de celebración en la sala de al lado, se ha abierto la puerta como el nudo corredizo de una horca acerca la muerte al cuello del condenado por la ley de Lynch,&amp;nbsp; para que él la vea a ella disfrutando de una mamada de asfixiante avidez al puto musculado de alquiler (después de que, vendados los ojos, le hayan ido presentando ante los labios imitaciones consoladoras y algunas frutas ergonómicas), y ella, caída la venda y con la boca llena, se&amp;nbsp; lleve la sorpresa de tropezar con la mirada extática de su galán dando el último golpe de escoba al polvo con la puta contratada: ambas acciones coreadas por los ¡amigachos y amigachas! que no ocultan sus regocijadas satiriasis y ninfomanías respectivas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 16pt; line-height: 150%;"&gt;4.1. Vicioso bien dotado/Morbosas complacientes...&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Más de dos y de tres de esos acachondados son clientes habituales de la única red que compite en difusión global con internet: la del sexo de pago en sexódromos impagables para un archivo de lo &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;kitsch&lt;/i&gt;: burdeles, saunas, casas de citas, masajes (con final feliz...), cuartos oscuros, azafatas por horas, escoltas de lujo, salones de relax, puticlubs de carretera, etc. Internet, no obstante, ha potenciado, a través de las numerosas posibilidades que ofrece, el más viejo negocio inventado por la especie humana, e incluso ha abierto nuevas vías de participación para quienes son dados al mironismo y a la autosatisfacción manual o instrumental. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;En modo alguno se erige el libelista en censor, y mucho menos en lo tocante a cómo se le enciende, satisface y apaga la libido a cualquier hijo o hija de vecino –que allá cada cual cómo se lo monte, mientras las relaciones sean libremente consentidas y no se implique en ellas a menores de edad– pero no quiere dejar de consignar el sufrido autor la vulgaridad chillona, astracanal, hortera, cutre, friqui y mecánica de ese mundo lleno de lúbricas insinuaciones cuyo hechizo sólo puede encantar a quienes, paradójicamente, han decidido cerrar los ojos y dejarse guiar por el tacto o bien a quienes, por carencias propias o estigma ajeno, no les queda más remedio que recurrir al pago de los servicios, se den estos en el marco vulgar en que se den, pues, en caso de necesidad, sobran los escrúpulos estéticos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;¡Qué hipócrita vulgaridad le ha parecido al clonista que se vehicula en la campaña&amp;nbsp; (¡Acabo de borrar una errata de tecleo, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;capaña&lt;/i&gt;, que parece la aspiración de cierto feminismo enfermizo: campaña de capaduras!) incriminadora de la Junta de Andalucía: &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;¿Tan poco vales que tienes que pagar?&lt;/i&gt;! ¿De qué valor hablan? ¿Cómo es posible que confundan tan escandalosamente el culo con las témporas? ¡Ah, la eximia vulgaridad de lo políticamente correcto! Otro asunto de mayor relieve es que la acción política se limite a la pulcritud de las campañas, hipócritas o no, y abandone el terreno de los hechos, de las acciones legislativas y policiales que modifican la realidad, pero que implican un serio conflicto del que quizás no saquen en limpio más que nuevos descréditos y menos votos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Por otro lado, algo más oscuro y poco propenso al esclarecimiento, es inconmensurable la cantidad de votantes y votantas de todas las fuerzas políticas que gastan en el negocio del sexo una cifra para la que apenas hay fuentes fiables, como lo prueba el que las estimaciones de diversos medios de comunicación vayan desde los 18 millones de euros al día hasta los 18.000 millones de euros al año. En todo caso, la media quedaría en unos 14.000 millones anuales, un pellizco en el que, se mire como se mire, participaríamos casi todos, en indebido prorrateo... ¿Qué ocurre con la familia española, tan defendida por los obispos y el PP? ¿Forma parte de la propia estructura familiar el capítulo de gasto en burdeles y similares? ¿Ha de entenderse que los únicos usuarios son los miembros y miembras de una juventud poco agraciada? En los tiempos bonancibles y gloriosos del pretérito alzamiento –palabro viril donde los hubiera para aquella horda de reprimidos meapilas&amp;nbsp; franquistas, la institución de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;la querida&lt;/i&gt;, de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;la otra –&lt;/i&gt;incluso celebrada en coplas de racial ejecución canora–,&amp;nbsp; permitía mantener la cohesión de la familia cristiana y un orden moral estomagante; a día de hoy, y a pesar de la amplia libertad sexual de que gozamos, más nominal que carnalmente, la situación sólo ha cambiado en que el nivel de vida ha subido, el gasto suntuario se ha incrementado y, en consecuencia, se ha democratizado la afición.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Desde las propias páginas de los diarios, incluso desde las de&amp;nbsp; los de la derecha de toda la vida, el patético espectáculo de los reclamos léxicos y gráficos del sexo de pago supera con creces el nivel de vulgaridad de la mayoría de los usuarios de esos servicios que se ofrecen con la garantía de un auténtico contacto de ensueño, como una experiencia casi sobrenatural, lo cual es coherente con la sobrecarnalidad que a menudo suele exhibirse en las fotos de rigor. Es tan inacabable el repertorio soez de la oferta como limitada la imaginación erótica de la demanda, y así no es de extrañar que se lean reclamos que sólo encienden a seres auténticamente primitivos: &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;maduras calientes&lt;/i&gt;; &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;viciosa y económica&lt;/i&gt;; &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;dulce y con mucho pecho&lt;/i&gt;; &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;casada insatisfecha&lt;/i&gt;; &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;madurita activa pasiva&lt;/i&gt;; &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;busco macho para llamada caliente&lt;/i&gt;; &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;amas de casa insaciables&lt;/i&gt;; &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;mulatas ardientes&lt;/i&gt;; &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;rubia escultural&lt;/i&gt;; &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;morbosas complacientes&lt;/i&gt;; &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;orientales de lujo&lt;/i&gt;; &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;sadomaso: tu dolor es mi placer&lt;/i&gt;; &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;sado sumisas&lt;/i&gt;;&amp;nbsp; &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;mazmorra completa;&amp;nbsp; Lolita dinamita: todo en mi boquita&lt;/i&gt;;&amp;nbsp; &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;morbosa: lluvia y francés sin...&lt;/i&gt;; &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;travestí: cuerpo exuberante&lt;/i&gt;; &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;besos con lengua&lt;/i&gt;, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;profesora muy viciosa&lt;/i&gt;; &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;chinita: hablo francés&lt;/i&gt;... Con estos reclamos ya puede intuirse que las fotografías, sin ser tan explícitas como los lemas, suelen estar a la altura de la retórica, si bien entre el reclamo y la realidad suele haber trechos que desengañan a más de un cliente que ha entrado por el 150 de pecho y ha huido ante el 250 de vientre...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;No es extraño que antes de tomar al asalto esos castillos de la lujuria se alegren los galanes con generosas consumiciones de&amp;nbsp; alcohol que les dan la arrogancia de los triunfadores, la verborrea de los boquirrotos, también algo de la de los boquirrubios, y el gracejo achispado de los dicharacheros, de modo que, sacando fuerzas de flaqueza, puedan tomar gozosa y completa posesión de la rendida fortaleza.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19755418-4960148279261257166?l=diariodeunartistadesencajado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/feeds/4960148279261257166/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19755418&amp;postID=4960148279261257166&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/4960148279261257166'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/4960148279261257166'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/2011/11/la-espana-vulgar-4.html' title=''/><author><name>Juan  Poz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17503156474886831961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_u6w_IJ9Oots/SiEgEn1IS5I/AAAAAAAAACU/QX5Bv7W6OOA/S220/IMGP0156.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19755418.post-1085419120533208500</id><published>2011-11-21T18:03:00.000+01:00</published><updated>2011-11-21T18:03:35.294+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;b&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;LA ESPAÑA VULGAR&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:WordDocument&gt;   &lt;w:View&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:Zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:TrackMoves/&gt;   &lt;w:TrackFormatting/&gt;   &lt;w:HyphenationZone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:PunctuationKerning/&gt;   &lt;w:ValidateAgainstSchemas/&gt;   &lt;w:SaveIfXMLInvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:IgnoreMixedContent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:DoNotPromoteQF/&gt;   &lt;w:LidThemeOther&gt;ES&lt;/w:LidThemeOther&gt;   &lt;w:LidThemeAsian&gt;X-NONE&lt;/w:LidThemeAsian&gt;   &lt;w:LidThemeComplexScript&gt;X-NONE&lt;/w:LidThemeComplexScript&gt;   &lt;w:Compatibility&gt;    &lt;w:BreakWrappedTables/&gt;    &lt;w:SnapToGridInCell/&gt;    &lt;w:WrapTextWithPunct/&gt;    &lt;w:UseAsianBreakRules/&gt;    &lt;w:DontGrowAutofit/&gt;    &lt;w:SplitPgBreakAndParaMark/&gt;    &lt;w:DontVertAlignCellWithSp/&gt;    &lt;w:DontBreakConstrainedForcedTables/&gt;    &lt;w:DontVertAlignInTxbx/&gt;    &lt;w:Word11KerningPairs/&gt;    &lt;w:CachedColBalance/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:BrowserLevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;   &lt;m:mathPr&gt;    &lt;m:mathFont m:val="Cambria Math"/&gt;    &lt;m:brkBin m:val="before"/&gt;    &lt;m:brkBinSub m:val="&amp;#45;-"/&gt;    &lt;m:smallFrac m:val="off"/&gt;    &lt;m:dispDef/&gt;    &lt;m:lMargin m:val="0"/&gt;    &lt;m:rMargin m:val="0"/&gt;    &lt;m:defJc m:val="centerGroup"/&gt;    &lt;m:wrapIndent m:val="1440"/&gt;    &lt;m:intLim m:val="subSup"/&gt;    &lt;m:naryLim m:val="undOvr"/&gt;   &lt;/m:mathPr&gt;&lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:LatentStyles DefLockedState="false" DefUnhideWhenUsed="true"  DefSemiHidden="true" DefQFormat="false" DefPriority="99"  LatentStyleCount="267"&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="0" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Normal"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="heading 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 7"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 8"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 9"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 7"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 8"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 9"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="35" QFormat="true" Name="caption"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="10" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Title"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="1" Name="Default Paragraph Font"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="11" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Subtitle"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="0" Name="Body Text Indent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="22" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Strong"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="20" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Emphasis"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="59" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Table Grid"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" UnhideWhenUsed="false" Name="Placeholder Text"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="1" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="No Spacing"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" UnhideWhenUsed="false" Name="Revision"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="34" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="List Paragraph"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="29" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Quote"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="30" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Intense Quote"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="19" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Subtle Emphasis"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="21" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Intense Emphasis"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="31" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Subtle Reference"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="32" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Intense Reference"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="33" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Book Title"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="37" Name="Bibliography"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" QFormat="true" Name="TOC Heading"/&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt; /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tabla normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-priority:99; mso-style-qformat:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:11.0pt; font-family:"Calibri","sans-serif"; mso-ascii-font-family:Calibri; mso-ascii-theme-font:minor-latin; mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; mso-fareast-theme-font:minor-fareast; mso-hansi-font-family:Calibri; mso-hansi-theme-font:minor-latin; mso-bidi-font-family:"Times New Roman"; mso-bidi-theme-font:minor-bidi;}&lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;  &lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 10.0pt;"&gt;3. Sebo fresco&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 150%;"&gt;Viene rodada, desde ese subidón de vulgaridad que nos indica tanto la literalidad torticera de Roldán, como la franca de Pujalte, que sube alto, almoneda de por medio, la compañía adiposa del castigo visual al que nos someten tantísimas españolas ufanas y sin complejos que, en lugar de descubrir su ombligo, a veces adornado con una refulgente perla de acero, sacan, en su lugar,&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;los sólidos rollos de grasa a pasear sin ningún pudor ni la más mínima consideración para los involuntarios observadores de tan neumático espectáculo. Aun siendo pancetas jóvenes en su mayoría, ¡cuantísimas de ellas no ofrecen a la visión ajena el agresivo espectáculo de las estrías brillantes, como insólitos cortafuegos de hielo en dunas deforestadas, y la áspera corteza agria del naranjal de la celulitis! &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Es indiferente, para esa exhibición impúdica, el tiempo atmosférico. Como lo es, igualmente, para la masculina moda mozalbeta de llevar los pantalones casi por debajo de los calzoncillos, -haciendo exhibición literal de masculinidad...-&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;no siempre, éstos, sin embargo, tan libres de palominos de alas cortadas como la moda exigiría. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Haga frío o calor, los rollos adiposos, hijos de generosas pizzas cuatro estaciones y de líquidas invasiones imperialistas aceptadas a mandíbula batiente incluso por los cachorros nacionalistas de toda calaña y de cualquier cabaña, se liberan del escaso abrazo ceñidor de chillonas camisetas con tirantes, de mucho mango y escaso sabor, bajo las cuales se elevan bóvedas ventrales&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;hipercalóricas sobre las que descansan repechones ofrecidos como amplios escalones visuales donde descansar y esconder la vista para evitar el enfrentamiento con espejos del alma que parecen, antes bien, ventanas abiertas a los abismos de las más tenebrosas visiones del Dante.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Entre el extremo siniestro de las enfermas anoréxicas que exhiben en las páginas web como trofeos sus esqueletos descarnados, en poses de pasarela y calendario funerarios, y la obesidad mórbida de quienes han trasegado calorías basura desde el cochecito de bebé con la aquiescencia de quienes los han descuidado o, en el peor de los casos, se han complacido en lo hermosos que se les ponían sus Jonathans o sus Jessicas, hay un buen colchón neumático intermedio de quienes, desacomplejadas sobre todo, imponen a los viandantes o viasedentes la contemplación, aunque sea de soslayo, de morbideces colgantes poco o nada relacionadas con los míticos jardines babilónicos: Tríceps flácidos con caída de quince centímetros;&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;michelines desbordados sobre la cintura como los relojes blandos de Dalí; carrillos carifartos de los clásicos angelotes de Murillo; dedotes amorcillados en los que algunos anillos han enterrado toda posibilidad de oxigenadora extracción;&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;ajustadísimos tops cuyas cinchas axilares quedan sepultadas bajo el beso de los rollizos labios carnales que restituyen la continuidad amenazada por el cortante textil, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;et sic de caetaris&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 10.0pt;"&gt;3.1. La catedral de los Bibendos y las Bibendas&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Tienen su origen deformaciones estéticas semejantes en las actuales catedrales del vulgo: los megacentros comerciales. Entre el desdichado en una gran superficie –la mula...– y diríjase al sancta sanctórum de la misma: el hiper de turno (¡nada que ver, por supuesto, con el celoso rival de Eneas...!). Ha de encontrarse allí con un rebaño de familias patronadas que van llenando los carros hasta convertirlos en pirámides funerarias de la discreción y la templanza. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Sin la sal ni la chispa de Sancho, pero todos con su panza, caminan los orondos Bibendos y las rollizas Bibendas por los ordenados pasillos escogiendo los productos hipercalóricos –algunos de ellos incluso se consumen en el acto– a ocho manos avariciosas que saquean las estanterías como si hubiera de aprovisionarse, el familión, para la inminente guerra de los cien años. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Se produce tal competencia de acumulación de productos, que los contendientes en esa guerra cutre de la ostentación carrocera han de vigilar, con afán de inspectores de consumo, si en la base de los otros carros van los packs de botellas de agua, las garrafas del mismo preciado y carísimo líquido, las cajas de leche y de cervezas y las docenas de litros de refrescos carbonatados; o si, por el contrario, la capacidad del carro se ha destinado íntegra a productos de clase y marca, exquisita delicatessen, incluidos los abultadísimos pedidos de la chacinería y la pescadería. Sólo el segundo supuesto es señal inequívoca del rumbo, del poderío económico de los conductores de marras, quienes lo exhiben impúdicamente cuando, pieza a pieza de su acalorada y calórica cacería, van pasando por el lector del código de barras la pirámide funeraria hasta que, al final, la cajera les entrega el tíquet-serpiente que agitan en el aire durante unos instantes como el pendón ejemplar del general victorioso: en apretada simbología numérica, se hacinan allí los grasos patés de oca martirizada, los chorizos de retales, las salchichas de tocino y piltrafas, las patatas encharcadas de aceites de refrito, los mil y un frutos secos y, afición familiar de honda raigambre, las grandes bolsas de pipas tostadas y saladas, los quince pisos de pizzas inverosímiles, los yogures enriquecidos, los ganchitos de queso, los quesos curados de espanto, el maíz al vacío para las palomitas coloreadas de microondas, los moldes de pan-bollo descortezado, los botes descomunales de mayonesa, la carne magra de cerdo, los paquetes de lonchas de beicon, las aceitunas, la docena larga de tarrinas de Filadelfia, los botes de mantequilla salada, la crema de cacahuetes,&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;las latas de atún en aceite y en escabeche, las mermeladas, los innumerables paquetes de azúcar, el ketchup y la mostaza de marca blanca, gigantes, las bolsas militares de cruasanes, las diez cajas de Donuts, las tabletazas de chocolate con leche y almendras, los tarros de&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Nocilla y, de postre, las tarrinas de helado de quilo, las tartas heladas y las cajas de Magnum variados... &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;¡Menuda marcha triunfal la de los campeones del consumo y el suicidio cardiogástrico hacia el aparcamiento subterráneo! Con mimo van los memos pendientes de que no se deslice ladera abajo de la montaña volcánica ni una sola caloría del acopio que acaban de hacer, al tiempo que van haciéndose cruces de cómo van a embutir semejante relleno en la salchicha con ruedas que&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;ha de desplazarlos a todos de vuelta al hogar. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Miran a diestra y siniestra para provocar las miradas de los otros y saborear su más que dudosa singularidad, pues en ese recorrido visual retador pueden llegar a chocar con más de diez carros con los que mantendrían una reñida competencia por la privilegiada primera posición en un macabro concurso sobre cómo envenenarse legalmente con las bendiciones comerciales de los código de barras correspondientes incluidas. Corren el riesgo de ahogarse en las babas de ansiedad con que inundarán el vehículo, así que, nada más arrancar, y para entretener el desplazamiento hasta el domicilio, cada miembro del familión reclama abrir este o aquel aperitivo que les amenice el viaje hasta que les dé la hora de cenar, ¡ya tan próxima!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Lo propio, antes de salir por ruedas del vientre de la fiera, es haberse dado una vuelta por el fascinante mundo de color y glamour de las tiendas que, alrededor del híper, ofrecen la posibilidad de salir vestidos y calzados con auténtico espíritu de gala de primera comunión o primeras&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;nupcias católicas. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Al benjamín del familión le pueden, en la parafarmacia inexcusable, llena de estupideces que te protegen ¡desde la flora intestinal hasta el ADN...!, horadarle la oreja para que luzca el pendiente de brillantes que, como a su padre, les meta de hoz y coz (estéticas, por supuesto) en la corriente mesocrática de la modernidad, a la que se habían asomado con un peinado de cresta engominada y el adjetivo &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;guapo&lt;/i&gt; colgado de la lengua como un piercing elástico que va rebotando de una consola a unos zapatos estilo&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;jugador de bolos, de éstos a un adorno de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;tunear&lt;/i&gt;, después hacia unas gafas de sol de Police, imitación oriental, luego a un peluco gigante con altímetro, higrómetro, cronómetro, podómetro, calorímetro..., y así sucesivamente hasta que lo recogen en la boca y se lo llevan a casa para ver ¡tan guapamente! un gol guapo, un anuncio guapo, cenar un Panini requeteguapo, ver un vídeo guapo y, a solas&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;ya los padres, fumarse cada uno un Camel la mar de guapo en la cama, después de haberse sacudido un polvo guapo guapo que cierra el sabadete guapísimo y guay como mandan los cánones y la ley.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19755418-1085419120533208500?l=diariodeunartistadesencajado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/feeds/1085419120533208500/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19755418&amp;postID=1085419120533208500&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/1085419120533208500'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/1085419120533208500'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/2011/11/la-espana-vulgar-normal-0-21-false_21.html' title=''/><author><name>Juan  Poz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17503156474886831961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_u6w_IJ9Oots/SiEgEn1IS5I/AAAAAAAAACU/QX5Bv7W6OOA/S220/IMGP0156.JPG'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19755418.post-4109788146892855993</id><published>2011-11-17T22:00:00.000+01:00</published><updated>2011-11-17T22:00:57.643+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; LA ESPAÑA VULGAR&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:WordDocument&gt;   &lt;w:View&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:Zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:TrackMoves/&gt;   &lt;w:TrackFormatting/&gt;   &lt;w:HyphenationZone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:PunctuationKerning/&gt;   &lt;w:ValidateAgainstSchemas/&gt;   &lt;w:SaveIfXMLInvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:IgnoreMixedContent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:DoNotPromoteQF/&gt;   &lt;w:LidThemeOther&gt;ES&lt;/w:LidThemeOther&gt;   &lt;w:LidThemeAsian&gt;X-NONE&lt;/w:LidThemeAsian&gt;   &lt;w:LidThemeComplexScript&gt;X-NONE&lt;/w:LidThemeComplexScript&gt;   &lt;w:Compatibility&gt;    &lt;w:BreakWrappedTables/&gt;    &lt;w:SnapToGridInCell/&gt;    &lt;w:WrapTextWithPunct/&gt;    &lt;w:UseAsianBreakRules/&gt;    &lt;w:DontGrowAutofit/&gt;    &lt;w:SplitPgBreakAndParaMark/&gt;    &lt;w:DontVertAlignCellWithSp/&gt;    &lt;w:DontBreakConstrainedForcedTables/&gt;    &lt;w:DontVertAlignInTxbx/&gt;    &lt;w:Word11KerningPairs/&gt;    &lt;w:CachedColBalance/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:BrowserLevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;   &lt;m:mathPr&gt;    &lt;m:mathFont m:val="Cambria Math"/&gt;    &lt;m:brkBin m:val="before"/&gt;    &lt;m:brkBinSub m:val="&amp;#45;-"/&gt;    &lt;m:smallFrac m:val="off"/&gt;    &lt;m:dispDef/&gt;    &lt;m:lMargin m:val="0"/&gt;    &lt;m:rMargin m:val="0"/&gt;    &lt;m:defJc m:val="centerGroup"/&gt;    &lt;m:wrapIndent m:val="1440"/&gt;    &lt;m:intLim m:val="subSup"/&gt;    &lt;m:naryLim m:val="undOvr"/&gt;   &lt;/m:mathPr&gt;&lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:LatentStyles DefLockedState="false" DefUnhideWhenUsed="true"  DefSemiHidden="true" DefQFormat="false" DefPriority="99"  LatentStyleCount="267"&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="0" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Normal"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="heading 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 7"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 8"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 9"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 7"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 8"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 9"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="35" QFormat="true" Name="caption"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="10" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Title"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="1" Name="Default Paragraph Font"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="11" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Subtitle"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="0" Name="Body Text Indent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="22" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Strong"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="20" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Emphasis"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="59" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Table Grid"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" UnhideWhenUsed="false" Name="Placeholder Text"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="1" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="No Spacing"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" UnhideWhenUsed="false" Name="Revision"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="34" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="List Paragraph"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="29" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Quote"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="30" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Intense Quote"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="19" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Subtle Emphasis"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="21" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Intense Emphasis"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="31" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Subtle Reference"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="32" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Intense Reference"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="33" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Book Title"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="37" Name="Bibliography"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" QFormat="true" Name="TOC Heading"/&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if !mso]&gt;&lt;img src="http://img2.blogblog.com/img/video_object.png" style="background-color: #b2b2b2; " class="BLOGGER-object-element tr_noresize tr_placeholder" id="ieooui" data-original-id="ieooui" /&gt; &lt;style&gt;st1\:*{behavior:url(#ieooui) }&lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt; /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tabla normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-priority:99; mso-style-qformat:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:11.0pt; font-family:"Calibri","sans-serif"; mso-ascii-font-family:Calibri; mso-ascii-theme-font:minor-latin; mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; mso-fareast-theme-font:minor-fareast; mso-hansi-font-family:Calibri; mso-hansi-theme-font:minor-latin; mso-bidi-font-family:"Times New Roman"; mso-bidi-theme-font:minor-bidi;}&lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;  &lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 16.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD; mso-bidi-font-size: 10.0pt;"&gt;2. El nefando indiviso&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;El solo nombre de alguno de los especímenes de los que antes hablaba se basta, a veces, para que en el imaginario activo del posible lector de estas líneas emerja una presencia tan acabada de lo que quiero combatir que bien pudiera ahorrarme ulteriores maledicencias y exégesis, si hubiere lugar. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Pongamos por caso éste: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 70.8pt; text-align: justify; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;Vicente Martínez Pujalte. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Ni demasiado conocido ni desconocido totalmente: perfecto representante del paradigma que, en el ámbito de la derecha montaraz, encarna los deleznables atributos de la más acabada y deprimente vulgaridad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;¿No está, acaso, todo dicho, una vez dicho su nombre? No, claro está, para quienes, ¡afortunados ellos!,&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;vivan al margen de la realidad parlamentaria y política, esa masa creciente de abstencionistas entre los que son número moderado los escépticos hiperconscientes y número astrofísico los zafios.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Aun así, y tanto para quienes ignoran su existencia como para quienes padecen sus histriónicas y demagógicas actuaciones, repasemos las rasgos definitorios del eminente fanático conservador, amante de la jerarquía, leal al polifacetismo de las ya defenestradas mentiras&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;acebeñas y zaplaniles, sumo sacerdote del fariseísmo y activista hooliganero del filibusterismo y la negación de la esencia parlamentaria: el diálogo. No en vano destaca, entre sus méritos insignes, el de haber sido el primer parlamentario expulsado del salón de plenos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Somos hijos de nuestro diseño genético, cierto; pero no lo es menos que, a menudo, nos complacemos en él y lo tomamos por acabada muestra de la sabiduría de la naturaleza. Nadie que haya escuchado torticeros argumentos en la agudísima voz de cochinillo en trance de degüello del tal Pujalte&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;y padecido el horrísono humor de su risa filamentosa de reidor habitual de chistes de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;mariconsones&lt;/i&gt; puede dejar de sentir un escalofrío estético de tal naturaleza que le lleve a considerar si es atinada, más allá de su justicia o injusticia, la decisión científica de hacernos individuos de una misma especie común. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;Disfrazado de hombre rumboso, con chaquetas cruzadas de cuatro palmos más de tela,&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;y ostentando la austeridad de quienes renuncian al cuello para evitar que, en su día, les ruede con facilidad la cabeza rectora de sus cuatro dogmas de baratillo, Pujalte encaja el cerebelo entre los hombros y se le dispara hacia el cielo una faz en la que brilla la mirada maliciosa del cerebro reptilíneo que la anima, y en la que destaca, como proa de navío de la celebrada edad dorada, un apéndice olfativo que huele “socialistas” a más distancia de la que los tiburones huelen la sangre vertida o las abejas huelen a sus congéneres, y no ciertamente para el apareamiento, sino, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;disimiladamente&lt;/i&gt;, para el apaleamiento del &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;bu&lt;/i&gt;!, del &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;anda ya&lt;/i&gt;!, del &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;serás mentiroso&lt;/i&gt;!, del &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;vete con tu abuelo&lt;/i&gt;! y otras lindezas chocarreras de peor jaez.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;¿Por qué será que la ideología, a veces, condiciona la morfología corporal? Entre las flacideces&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;abdominales, tan propias de ser tan dado a la risa congestiva y jadeante como el bregador (&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;sic&lt;/i&gt;, sí, con &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;e&lt;/i&gt;, no jodamos...) Pujalte; el derroche caderoventral del bañista nuclear de Palomares; las expansiones de barril desflejado del extinto Gil del GIL de las corrupciones verdes, y otras desventuras estéticas..., la vulgaridad de ciertas formas habitan, por via paradójica, en espíritus devotos de la firmeza y, sobre todo, de la firma... en el BOE.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 150%; mso-ansi-language: ES-TRAD;"&gt;No está solo, Pujalte, en esa épica parlamentaria de la vulgaridad patria, sino demasiado bien acompañado, porque son legión los seres singulares que cohabitan con él en el Olimpo de la representación política. Desde su propio jefe máximo, Aznar, el funcionario de éxito y productor conspicuo de destilada y nasalizante ideología apolillada veterotradicionalista, hasta el prevaricador excelso de&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;la prosodia castellana, Rodríguez Zapatero, tan dado a cortar los segmentos prosódicos como si inaugurara Aves o Autovías o Ambulatorios, pasando por la presencia siniestra de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Nacho&lt;/i&gt; Astarloa, con su entrañable imagen protectora de inseparable compañero de Nosferatu, o la apicarada y maliciosa retórica, con resabios de pellizcos de monja, de José Blanco, diana de tantos cazadores ad hominem como se ejercitan en los predios populares y aledaños.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12.0pt; line-height: 150%;"&gt;No son pocos, ciertamente, los engendros que el propio pueblo nos regala para exhibirse ante él en un ejercicio de espectacular y especular masoquismo. Sería larga la lista y no se guarda memoria colectiva de todos ellos. ¿Quién se acuerda ya de las patéticas orgías del &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;ingeniero&lt;/i&gt; Roldán, con más tejido adiposo por metro cuadrado que el contenedor de desperdicios de una clínica de restauración corporal, por ejemplo? ¿Quién es capaz de ligar nombre e imagen en el caso de Antonio Hernández Mancha, alias Pipino el breve, insigne parlamentario y efímero líder máximo en la travesía del desierto de la rancia y avinagrada derecha española? ¿Quién recuerda el número astrofísico de millones de pesetas que la Banca perdonó a los intuitivos creadores del gran invento político del siglo, el Partido Reformista, con Miquel Roca i Junyent, alias míster &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;tema&lt;/i&gt;,&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;a la aproada cabeza, hoy abogado de éxito al que nunca –a diferencia de lo que ocurre con muchos otros acreedores bancarios, sobre todo del sector hipotecas euríbor + cero coma mucho... imposibles de pagar – le han pasado al cobro aquella astronómica factura?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19755418-4109788146892855993?l=diariodeunartistadesencajado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/feeds/4109788146892855993/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19755418&amp;postID=4109788146892855993&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/4109788146892855993'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/4109788146892855993'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/2011/11/la-espana-vulgar-normal-0-21-false.html' title=''/><author><name>Juan  Poz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17503156474886831961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_u6w_IJ9Oots/SiEgEn1IS5I/AAAAAAAAACU/QX5Bv7W6OOA/S220/IMGP0156.JPG'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19755418.post-6558951135412474630</id><published>2011-11-10T22:17:00.001+01:00</published><updated>2011-11-10T22:22:57.607+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>Como he anunciado, comienzo la publicación de un libelo, un género casi en desuso, que ha de entenderse en su recto sentido: la recreación en la descalificación, sostenida desde una retórica que puede disuadir a unos y cautivar a otros. Mis quejas desencajadas, que se mueven a medio camino entre la falsa humildad de la parresia y la mala leche del insatisfecho crónico, ceden el espacio a una creación argumental que me va a permitir comentar los comentarios, algo que no hice durante la publicación de la novela -salvo en rarísimas ocasiones- por que una novela no necesita defensa alguna por parte del creador. Por eso siempre me pongo en guardia cuando los autores son tan expertos en el propio análisis de su obra, como si ésta respondiera a un diseño creativo que no ha dejado ni el más mínimo espacio a la verdadera creación, novelas anguitianas, ¿lo recuerdan?: programa, programa, programa. El más temido comienzo de una esas defensas autorales es: "mi obra es una reflexión sobre..." Ahí es cuando desconecto y me digo que otro memo viene a darnos la matraca... Por cierto, en un breve viaje a Nantes, visité el castllo de la localidad y allí descubrí un nuevo sentido de "dar la matraca" muy diferente del que recoge el DRAE, puesto que era la matraca un cilindro de hierro coronado en ambos extremos por dos bolas con las que los tripulantes de los buques negreros golpeaban en la cabeza a los prisioneros para disuadirlos de intentar amotinarse. El autor que se lanza a engarzar supuestas razones sobre su obra en una suerte de impúdica crítica propia -que no pudorosa autocrítica- que sólo recoge, como es preceptivo, los aciertos y los esfuerzos, denodados, obviamente, para conseguir tan acabada obra de perfección me parece un prodigio de charlatanería de feria. ¡Cuanto más prefiero a las folclóricas que "se deben a su publico" de todo canalillo y corazón azotado por el ventalle!&lt;br /&gt;Vale.&lt;br /&gt;Ahí va lo prometido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&amp;nbsp;  &lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 28pt;"&gt;LA ESPAÑA VULGAR&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 28pt;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 28pt;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;(&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 20pt;"&gt;Libelo libelular&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 28pt;"&gt;)&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 28pt;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 141.6pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 20pt;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;br /&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 141.6pt; text-align: justify;"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 20pt;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 141.6pt; text-align: justify;"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 20pt;"&gt;&amp;nbsp; Juan Poz&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="margin-left: 141.6pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 20pt;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 20pt;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 20pt;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 16pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;  &lt;br /&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="margin-left: 106.2pt; text-indent: .65pt;"&gt;El estado reflexivo es contrario al natural. El hombre que medita es un animal depravado.&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 139%; margin-left: 108.0pt; text-align: justify;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;/i&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;span style="font-size: 14pt; line-height: 139%;"&gt;J.J. Rosseau&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 16pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 16pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 16pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 16pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-size: 16pt; line-height: 150%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;  &lt;br /&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify;"&gt;&lt;b style="mso-bidi-font-weight: normal;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 16pt; line-height: 150%;"&gt;1. Introducción depravada&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;No desde los ojos del exquisito que no soy, sino desde los del hastiado al que se le ha vuelto imposible soportarla, por puro hartazgo, por empacho estomagante, emprendo esta invectiva contra la vulgaridad que causa devastadores estragos en un país de tan triste historia como es la de España, si no erraba el vate &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;arrabolero&lt;/i&gt;, y de tan ambiguo presente macroeconómico, como no yerran los indicadores estadísticos de los conspicuos mamones, es decir, de los secuaces de Mamón, los despreciables chulos engominados de la &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;liquidez&lt;/i&gt; y los &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;futuros&lt;/i&gt; a quienes las miserias de la microeconomía les parecen un justificado efecto colateral inevitable de su explotación del mundo. En el babilónico lenguaje contable, ¡y constatable!, del debe y del haber, las crisis siempre las padecen los mismos, porque también son los mismos, pero otros, los que sacan tajada de ellas, cíclicamente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;¿Hay espacio real o ficticio, desde la educación hasta la política, pasando por el mundo del espectáculo, el de las sectas religiosas, con la católica a la cabeza, las ufanías literarias, los eméticos jardines del botellón, las paradas-consulta del mercado o los programas de televisión, entre otros..., donde la vulgaridad no se haya convertido en dueña y señora chillona y marimandona, desgarrada y pandémica?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Tampoco pretendo hacer sociología de baratillo o antropología inocente, y mucho menos levantar estampas costumbristas desde las corrosivas y pedagógicas luces de la sátira moralizante. No. Quiero desahogarme. Así de claro. ¡Y de necesario! Porque es de justicia que, al menos, ponga el grito en el cielo de celulosa reciclada el hijo de vecino que sufre tan en silencio la inhumana agresión ética y estética de la vulgaridad rampante, desacomplejada, jaleada, mimada, espoleada, bendecida y votada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;La corrección política y el mercado insaciable y omnipotente han creado una sociedad monstruosa cuyos miembros, permanentemente adulados para obtener de ellos el valioso voto y sus magros ingresos mensuales, se han convertido en dictadores del&amp;nbsp; gusto aberrante que abarca todos los aspectos de la vida. La masa se ha &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Petronizado&lt;/i&gt; y cualquier hijo o hija de vecina se cree el árbitro de la elegancia. Así pues, apenas nada ni nadie puede escapar de esa viscosa vulgaridad que, como la publicidad, se cuela de matute en nuestra vida y nos la hace imposible, insufrible, insoportable, invivible. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Interactiva&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt; es la primera palabra tótem del nuevo siglo. Interactuar es dictar en el teclado del móvil desde quién hace el ridículo en concursos televisivos casposos, hasta quién se va o se queda de aquí o de allá de las múltiples jaulas donde inverosímiles &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;miembros y miembras&lt;/i&gt; de la especie se ofrecen a la empatía inversora al por mayor de ciertos congéneres con quienes congenian en grado de representatividad casi tautológica. De aquí a nada hasta el pronóstico meteorológico se elaborará por interactuación con el espectador. “Si quiere que el anticiclón se instale en la península, envíe &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Quieto parao&lt;/i&gt;, al 777; si quiere que se aleje la borrasca, envíe &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Fus&amp;nbsp; Fus&amp;nbsp; Fus&lt;/i&gt; al 333”, y, con suerte, hasta le puede tocar al agraciado participante un precioso y decorativo juego de isobaras de regalo, ¡sólo por participar!, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;¿a qué espera?, ¡llame ya! Recuerde:&amp;nbsp; Quieto parao al 777 ; Fus, Fus, Fus al 333&lt;/i&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Cualquier desahogo como mandan las cánones es paradójicamente contrario al orden y al método; de ahí que la diatriba vaya recalando, al buen tuntún del horror, el hastío y el asco, en terrenos de muy diferente morfología, clima, flora y fauna. No hay orden posible en la vulgaridad, ni jerarquías caben en su seno de matalotaje. Ubicua y omnipotente, la vulgaridad se extiende como los mares de nubes bajo la cima cónica de los altos volcanes: todo lo cubre con densa niebla impenetrable; nada se ve a través de ella y ella, sin embargo, todo lo recubre con la pegajosa humedad que atrae las miradas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;La vulgaridad tiene vocación amalgamadora, batiburrillera, y de ese pandemónium caótico y bullanguero iré yo aislando –y alisando con el firme tundidor de la defensiva indignación–, casi con doble vocación de entomólogo y escarmentador, un limitado repertorio representativo de las infinitas variedades de la vulgaridad nacional cuyos rasgos ontogénicos en modo alguno desmienten la filogénesis de la chocarrería que cubre nuestra geografía peninsular como el diseño radial de las vías que nacen del abdomen de la gran araña, siempre presta a engordar con las presas que caigan en cualquier rincón de la tela que, como velo de Maya, disfraza la historia y la vida comunes, ¡y a menudo tan descomunales!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Los argumentos &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;ad hominem&lt;/i&gt; suelen estar prohibidos en cualquier reflexión argumentativa que se precie de tal, pero la condición de desahogo de estas líneas permite -¡y aun exige!- que comparezcan algunos personajes soeces, ¡y preclaros indigentes intelectuales!, cuya actuación pública es la muestra elocuente de la tesis que defiendo: la existencia de una España vulgar omnipotente que se ha ido imponiendo a esas otras Españas ilustradas que tratan de sobrevivir al turbión de chabacanería y estulticia que amenaza con convertirlas en desarraigados fantasmas del sueño de la razón, tristes vilanos estériles, incomprendidos y despreciados estilitas del yermo...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;No se me escapa, por paradójico efecto contrario, que bien pudieran los especímenes humanos que yo traiga al primer plano desde el fondo amorfo&amp;nbsp; -¡y solidísimo!- de esa vulgaridad&amp;nbsp; acabar teniendo una mayor presencia pública y causar aún más estragos de los que pretendo combatir. Pienso ahora en la infame dimensión hortero-comercial de una apuesta estética como la de la ultrapublicitada&amp;nbsp; &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Yo soy La Juani&lt;/i&gt; de Juan José Bigas Luna, entronizador de un modelo canónico de la zafiedad cuya validez suprema consiste en su mera existencia, modelo que, al otrora impecable director de &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Bilbao&lt;/i&gt;, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Caniche&lt;/i&gt; o&amp;nbsp; &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Jamón, jamón &lt;/i&gt;y deleznable de tantas otras como &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Huevos de oro&lt;/i&gt; o &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;La camarera del Titanic&lt;/i&gt;, le parece el protocolmo de la creatividad. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoNormal" style="line-height: 150%; margin-left: 21.25pt; text-align: justify; text-indent: 49.6pt;"&gt;&lt;span lang="ES-TRAD" style="font-family: &amp;quot;Arial&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;; font-size: 12pt; line-height: 150%;"&gt;Como en las patéticas conjuras propiléicas del &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;peplum&lt;/i&gt;, cualquier adalid de la vulgaridad en este país de todos los demonios no está solo. Siempre halla la complicidad de corifeos y corifeas –juguemos a la corrección y a la polisemia- que le jalean, se lo creen, lo comparten y lo difunden. En este país las necedades nacen con carruaje de altavoces tirado por caballos blancos, como bien sabe cualquier aficionado al cine que haya sufrido el éxito comercial de engendros como la saga de los &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;Torrentes&lt;/i&gt; y un sinfín de ordinarieces de parecido jaez, algunas de ellas con pretensiones de cine de autor, que han logrado financiación en el revuelto río de los pesebres oficiales, estatales y comunitarios, amén de los autonómicos, sedientos todos ellos de una etiqueta que cuajara en el archivo de clichés de los espectadores: &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;¡El nuevo cine extremeño!&lt;/i&gt;, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;¡El nuevo cine balear!&lt;/i&gt;, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;¡El novísimo cine catalán!&lt;/i&gt;, &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal;"&gt;¡El nuevo cine ceutí!&lt;/i&gt;, etc. Pero ya habrá tiempo de volver la mirada cinegética hacia ese paradigma de la vulgaridad cinética que es buena parte del cine patrio.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19755418-6558951135412474630?l=diariodeunartistadesencajado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/feeds/6558951135412474630/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19755418&amp;postID=6558951135412474630&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/6558951135412474630'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/6558951135412474630'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/2011/11/como-he-anunciado-comienzo-la.html' title=''/><author><name>Juan  Poz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17503156474886831961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_u6w_IJ9Oots/SiEgEn1IS5I/AAAAAAAAACU/QX5Bv7W6OOA/S220/IMGP0156.JPG'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19755418.post-4172380763068914147</id><published>2011-11-05T10:05:00.000+01:00</published><updated>2011-11-05T10:05:36.382+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:WordDocument&gt;   &lt;w:View&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:Zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:TrackMoves/&gt;   &lt;w:TrackFormatting/&gt;   &lt;w:HyphenationZone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:PunctuationKerning/&gt;   &lt;w:ValidateAgainstSchemas/&gt;   &lt;w:SaveIfXMLInvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:IgnoreMixedContent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:DoNotPromoteQF/&gt;   &lt;w:LidThemeOther&gt;ES&lt;/w:LidThemeOther&gt;   &lt;w:LidThemeAsian&gt;X-NONE&lt;/w:LidThemeAsian&gt;   &lt;w:LidThemeComplexScript&gt;X-NONE&lt;/w:LidThemeComplexScript&gt;   &lt;w:Compatibility&gt;    &lt;w:BreakWrappedTables/&gt;    &lt;w:SnapToGridInCell/&gt;    &lt;w:WrapTextWithPunct/&gt;    &lt;w:UseAsianBreakRules/&gt;    &lt;w:DontGrowAutofit/&gt;    &lt;w:SplitPgBreakAndParaMark/&gt;    &lt;w:DontVertAlignCellWithSp/&gt;    &lt;w:DontBreakConstrainedForcedTables/&gt;    &lt;w:DontVertAlignInTxbx/&gt;    &lt;w:Word11KerningPairs/&gt;    &lt;w:CachedColBalance/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:BrowserLevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;   &lt;m:mathPr&gt;    &lt;m:mathFont m:val="Cambria Math"/&gt;    &lt;m:brkBin m:val="before"/&gt;    &lt;m:brkBinSub m:val="&amp;#45;-"/&gt;    &lt;m:smallFrac m:val="off"/&gt;    &lt;m:dispDef/&gt;    &lt;m:lMargin m:val="0"/&gt;    &lt;m:rMargin m:val="0"/&gt;    &lt;m:defJc m:val="centerGroup"/&gt;    &lt;m:wrapIndent m:val="1440"/&gt;    &lt;m:intLim m:val="subSup"/&gt;    &lt;m:naryLim m:val="undOvr"/&gt;   &lt;/m:mathPr&gt;&lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:LatentStyles DefLockedState="false" DefUnhideWhenUsed="true"  DefSemiHidden="true" DefQFormat="false" DefPriority="99"  LatentStyleCount="267"&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="0" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Normal"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="heading 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 7"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 8"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 9"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 7"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 8"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 9"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="35" QFormat="true" Name="caption"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="10" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Title"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="1" Name="Default Paragraph Font"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="11" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Subtitle"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="0" Name="Body Text Indent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="22" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Strong"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="20" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Emphasis"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="59" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Table Grid"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" UnhideWhenUsed="false" Name="Placeholder Text"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="1" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="No Spacing"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" UnhideWhenUsed="false" Name="Revision"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="34" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="List Paragraph"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="29" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Quote"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="30" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Intense Quote"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="19" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Subtle Emphasis"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="21" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Intense Emphasis"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="31" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Subtle Reference"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="32" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Intense Reference"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="33" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Book Title"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="37" Name="Bibliography"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" QFormat="true" Name="TOC Heading"/&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt; /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tabla normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-priority:99; mso-style-qformat:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:11.0pt; font-family:"Calibri","sans-serif"; mso-ascii-font-family:Calibri; mso-ascii-theme-font:minor-latin; mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; mso-fareast-theme-font:minor-fareast; mso-hansi-font-family:Calibri; mso-hansi-theme-font:minor-latin; mso-bidi-font-family:"Times New Roman"; mso-bidi-theme-font:minor-bidi;}&lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;  &lt;br /&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;La manzana de Poz. Capítulo veinte. (Punto final) &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Así fueron pasando los días, con los pasos de lana lopescos de lo cotidiano, de lo sólito, de ¿lo deseado? Desde su hornacina laica, Poz seguía atento al pulso de su manzana, a los dimes y diretes, a las medias verdades, a los silencios sospechosos y a los apodícticos, a los conatos de historias que quedaban colgadas como irresolubles problemas matemáticos cuya resolución se premia con una sustancial recompensa económica y un prestigio universal. Por delante de él desfilaban vecinos conocidos y desconocidos, y también Ariadna, por supuesto, quien se hacía subir el pedido a casa tras entregarle a Poz una nota de pedido en la que simplemente escribía: &lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt;"&gt;lo de siempre&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;. Nunca le pidió aclaraciones. En los momentos de relativa calma del día, Poz cogía un carrito y, recorriendo el súper con parsimonia, lo llenaba con lo que suponía que habría de ser &lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt;"&gt;lo de siempre&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;. Es muy probable que hubiera acabado modificando los hábitos de consumo de Ariadna, pero ésta jamás rechazó ninguno de los productos que Poz seleccionó para ella, lo que entendió como un gesto de más que buena voluntad condominal.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Las fiestas se habían echado encima como siempre lo hacen, con su torpe insinceridad comercial y su algarabía de guardarropía, desprendiendo un tufo a naftalina sentimental difícil de respirar. Tras un año sabático, y estando obligado a cumplir la palabra dada a D.Antonio, Poz intuyó por primera vez en su vida la autocompasiva liberación de quienes, dejando de lado el trabajo y la familia, huían del forzado alborozo y ponían tierra u océano de por medio. Atrapado en su puesto de vista, no le quedaba al buen Poz sino atenuar hasta donde le fuera posible su participación en las inminentes bacanales, teniendo en cuenta lo que un negocio como el de D. Antonio bendecía semejantes celebraciones. Cuando, en vísperas ya de la nochevieja, Ariadna dejó en sus manos el pedido semanal, Poz quiso cerciorarse de si tendrían lo que intuía que pudiera necesitar para una fecha tan señalada y desdobló el papel para encontrarse con la misma lista: &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt;"&gt;lo de siempre&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿Nada extraordinario, así pues?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Con lo ordinario me basta, como te indico: &lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt;"&gt;lo de siempre&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Una mujer de costumbres.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Una mujer acostumbrada…, que no es lo mismo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿A…?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -A perder y a ganar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿También a desaparecer…?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Y a aparecer.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Como por ensalmo…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Ya oíste a José, Juan: soy una maga.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¡Ah, la Maga!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; - Sí, también la Maga…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿Tienen para mucho, si no es molestia…? –interrumpió el zigzag de floretes desenvainados a tan temprana hora una clienta a quien las horas del día se le hacían tan cortas como larga era la nómina de su compromiso familiar por parte del berzas de su marido, claro, porque ella había tenido la delicadeza marital de ser hija única…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Pase usted, faltaba más.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿Subes después?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Subiré.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Te espero.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Así que Ariadna dejó tras de sí el eco de un sortilegio, la vecina atareada se tomó una libertad insospechada:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Parece que va a subir Vd. al cielo, D. Juan…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Sí, doña Asunción, pero llevando un pedido de la mano…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¡Qué abnegación, por Dios, no se podrá quejar D. Antonio: le ha tocado el gordo…!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ya era tarde para que doña Asunción rectificara, pero la sonrisa de Poz alivió su súbita mala conciencia por un juego de palabras del que solo se percató cuando ya era irremediable.Lo que quiso ser un correctivo a la murmuración acabo convertido en profecía, porque a Winston se le había echado la hora de cierre encima y aún le quedaban pedidos por repartir. Poz tardó una milésima de segundo en ofrecerse para llevar el de Ariadna. ¿Quién mejor que él para ir a su antigua casa? Y así lo hizo, aunque no podía demorarse mucho en la entrega, porque aún tenía que cuadrar la caja, el esperado punto final de la jornada laboral.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Su pedido señora.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Por aquí, mozo…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿Se lo dejó en la cocina?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Donde siempre, sí.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Y lo de siempre.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Así es.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿No sales por Nochevieja?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -No, justo por Año Nuevo estoy acabando de entrar en mi casa, ¿te parece poco salir?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -No soy quien para invitarte a despedir el año con nosotros, en casa de José y Marina, pero de aquí a un par de horas se lo propongo y seguro que aceptarán de mil amores…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Solo faltabas tú por saberlo, Juan, pero la cosa es al revés: sois vosotros tres los invitados por mí para despedir el viejo y recibir el nuevo aquí, en tu casa…, por eso te invité a subir cuando acabaras el trabajo, para invitarte personalmente, antes de que José y Marina te lo dijeran.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Te agradezco la delicadeza.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿Eso significa que aceptas?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Ningún plan mejor para esa noche.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Supuse que te gustaría recibir el Año Nuevo donde siempre lo has hecho.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -&lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt;"&gt;Lo de siempre&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;, ¿no?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Ariadna rió con excelente humor la salida de Poz y, poniéndole la mano en el antebrazo, le dijo:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿Cómo lo has adivinado? ¿Hay algo mejor que &lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt;"&gt;lo de siempre&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Nada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Esa es la respuesta que deseaba escuchar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -No tenía otra que darte… Bueno, regreso al súper, que aún tengo que cuadrar las cuentas antes de afrontar el último gran día de ventas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Estoy segura de que tú eres capaz de cuadrar las cuentas y los cuentos, si te lo propones…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Hasta mañana.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Hasta luego.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Adiós, Tigre. Y pórtate bien, truhán…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Sale en todo a su amo, es un cielo de perro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Sí, a veces pienso que se ha leído ya la mitad de la biblioteca…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¡Quita allá…!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Hasta mañana.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Hasta entonces.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Las cuentas, en efecto, cuadraron a la primera sin&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;ningún tropiezo, como tenía por costumbre Poz. Ahora bien, cuadrar los cuentos ya eran palabras mayores que le pillaban desacostumbrado, desentrenado, porque también hay en la literatura algo de deporte, de ejercicio asiduo que no puede abandonarse o postergarse sin que luego la técnica y la expresión no se resientan. Agradecía el apoyo implícito en la confianza mostrada por Ariadna, pero había aprendido la lección del año sabático y por nada del mundo se atrevería a recaer en un vicio del que había logrado salir con éxito. Lo más que estaba dispuesto a urdir era la inverosímil reaparición del diario de Mies, pero semejante esfuerzo lo agotaba apenas se ponía a pensar en los torcidos caminos disparatados por los que aquella absurda megalomanía del dolor había de desandar sus pasos para acabar en manos del enriquecido novel. Lo más probable era que un pudoroso silencio acogiera el dudoso arrepentimiento de Mies. Alimentar su fantasía de que él, Poz, hubiera sido el sustractor, quizás sirviera para hacerle ver los límites de la desdichada ficción y la necesidad de construir su obra, cualquiera que fuere, sobre cimientos más sólidos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Se arreglaba Poz en su cuarto mientras Mies y Marina hacían lo propio, y lo desconcertó la naturalidad y la relajación con que afrontaba la invitación a casa de Ariadna, por más que le pasara inadvertida la complacencia que la ¡&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt;"&gt;Anfitriona&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;!, ¡ay!, &lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp;&lt;/span&gt;manifestara al referirse a ella como &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt;"&gt;tu&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&lt;i&gt; &lt;/i&gt;casa, de Poz, en vez de &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt;"&gt;mi&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt; casa, de Ariadna. La cena era informal y en nada extraordinaria. Cenarían lo que hubiere, sin alardes ni despilfarros ni tributos absurdos a tradiciones primitivas de sociedades de la escasez, y ni siquiera seguirían las doce campanadas por la televisión, un espectáculo vulgar hasta lo insoportable. Ahí estaba el viejo reloj de pesas de Juan dispuesto a marcarles el ritmo de las uvas de la suerte, la única concesión a los ritos del día, ya que tanto se habían empeñado, ambos, Juan José, en emparentarla con la diosa Fortuna.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Todo discurrió como había sido previsto y bien provisto por la anfitriona, pero cuando ella y Poz hicieron un breve aparte para asomarse juntos al balcón de la terraza y observar las diferentes celebraciones en los hogares de la manzana que vivían de cara al patio del condominio, Mies y Marina hicieron un mutis del que no se percataron los espectadores hasta casi media hora después de haber sucedido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿Te quedas?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Sí.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Hacia la hora bruja de las cuatro y media, Poz abandonó el lecho de Ariadna/Anfitriona y abrió el ordenador de ésta para ponerle el colofón a la &lt;i&gt;Clónica del año 2&lt;/i&gt; que lo había sumergido en la más ficticia de las realidades posibles:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%; text-indent: 35.4pt;"&gt;&lt;span style="line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; &lt;i&gt;Estando su casa sosegada y con ansias de libertad inflamado, el Clonista se asoma, tal día como cuando comenzó, , aunque a diferente hora, por última vez a la realidad prensada con el designio de comprimirla, de embutirla, en sus breves comentarios. Podría vencer el deseo de libertad a la ambigua emoción de perder su esclavitud –&lt;/i&gt;exclavitud &lt;i&gt;desde el último punto final de la clónica de hoy, otro día, como aquel lejano 1.01.02, en que la realidad tampoco existe, salvo el silencio de una casa que duerme a la luz del día bien entrado el rito animado del culto a la transición calendaria del gran enemigo de la especie; pero el Clonista, a pesar de su contenida euforia por haber llegado al puerto de su reposo, al abra de su sosiego, se acerca a la última puerta que le franquea la entrada al gran bazar de la realidad prensada, y se siente confuso, fundido con una emoción tan difícil de describir como de evitar. Evoca, en su ausencia, los garabatos apresurados y viscerales, los círculos y las flechas trazados con la energía inagotable de la indignación, y cree descubrir un legajo antiguo con anotaciones silenses, una nueva gramática del remedo de la vida. No ha inventado una lengua, pero la realidad toda, después de haberla buscado aquí y allá incansablemente, es únicamente su lengua. La carne, ¡y aun la médula del hueso!, se han hecho verbo. Y lo que se ve es el juego de la voz que recrea y enamora, que hace y deshace a su antojo, el de la real gana, la de crear la realidad y decir que es nuestra obra de arte, el espejo de nuestras almas y la única sangre que nos alimenta. Hoy, a su modo, también es el día del euro, el de la rendición de cuentas que salen bastante abultadas, aunque las autoridades económicas nos dan ese 0’2% para no dejarnos por lo que nos toman: imbéciles sin remedio. Haberlos, haylos, también, que, con publicidad y alevosía, se han atrevido a afirmar que la entrada del euro no ha repercutido lo más mínimo en los precios, cuando es a todas luces evidente que anda ya muy avanzado el proceso de sustitución de la moneda de un euro por la de 100 pesetas, es decir, un recarguito semidiabólico del 66%... El gran espacio real donde el euro se mueve como pez en aguas turbias, la bolsa, no deja de acumular pérdidas. El indicador español por excelencia, el Ibex 35 –Ibex de ibero, quiere suponer el Clonista, exudando ingenuidad–, ha descendido un 48’14% en tres años, pero&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt; ¡en plena crisis de confianza! &lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt;"&gt;¿Qué quedará para los tiempos aciagos de la desconfianza que vendrá? El Clonista se despide de ese cogollito de lo real que es el dinero, y cuanto gira a su alrededor para generar más, con idéntica perplejidad que al comienzo de su aventura: no hay quien entienda los infinitos caminos del único dios contemporáneo que en vez de enfrentarse a los fanatismos religiosos, tiene, además, la mala sombra de aliarse con ellos:&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt; In God they trust, &lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt;"&gt;los del eje del mal y los del eje del bien, para perplejidad del resto. Resulta casi enternecedor el afán reparador de la mala conciencia de la realidad prensada: a un año de olvido, media página de acelerado recuerdo atropellado: Angola, Somalia, Liberia, Sudán, Colombia… Eso sí, la realidad consignada es la del informe de Médicos sin Fronteras:&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt;"&gt;Las &lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;crisis humanitarias más olvidadas del año 2002. &lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 150%;"&gt;El Clonista quiere huir de los arqueos, y la Carta al Director de José Suárez muestra bien a las claras el fundamento del porqué: “en fin, lo que ya es irremediable, año 2002, es que todo se haya recrudecido en el curso de tu tiempo y, por ello, siempre serás recordado como un año de males. Eso ya no tiene remedio”. Al Clonista nunca le han gustado los juicios sumarísimos,&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;y menos a los años. No hay años buenos ni malos, obviamente, y todos ellos vendrán y nos harán más ciegos, en justa sentencia ferlosiana. El Clonista siempre agradece la información, y sería deshonesto no reconocer cuanta le ha llegado, en perfecto estado de realidad, a lo largo de su travesía. A veces, sin embargo, la realidad partida y la entera coinciden, sin que sirva de precedente. Lo que se daba, aquí se acaba. Sin rencor. De corazón. Nada es real. Y menos aún esta &lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="line-height: 150%;"&gt;Clónica del año 2&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt;"&gt; a la que el año 3 le pone puntos suspensivos. El Clonista se despide con la convicción de Roquentin&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;: una aventura no se empieza de nuevo ni se prolonga. &lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt;"&gt;Vale.&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19755418-4172380763068914147?l=diariodeunartistadesencajado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/feeds/4172380763068914147/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19755418&amp;postID=4172380763068914147&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/4172380763068914147'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/4172380763068914147'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/2011/11/normal-0-21-false-false-false-es-x-none.html' title=''/><author><name>Juan  Poz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17503156474886831961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_u6w_IJ9Oots/SiEgEn1IS5I/AAAAAAAAACU/QX5Bv7W6OOA/S220/IMGP0156.JPG'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19755418.post-8608833474140800837</id><published>2011-10-31T12:40:00.000+01:00</published><updated>2011-10-31T12:40:34.001+01:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:WordDocument&gt;   &lt;w:View&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:Zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:TrackMoves/&gt;   &lt;w:TrackFormatting/&gt;   &lt;w:HyphenationZone&gt;21&lt;/w:HyphenationZone&gt;   &lt;w:PunctuationKerning/&gt;   &lt;w:ValidateAgainstSchemas/&gt;   &lt;w:SaveIfXMLInvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:IgnoreMixedContent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:DoNotPromoteQF/&gt;   &lt;w:LidThemeOther&gt;ES&lt;/w:LidThemeOther&gt;   &lt;w:LidThemeAsian&gt;X-NONE&lt;/w:LidThemeAsian&gt;   &lt;w:LidThemeComplexScript&gt;X-NONE&lt;/w:LidThemeComplexScript&gt;   &lt;w:Compatibility&gt;    &lt;w:BreakWrappedTables/&gt;    &lt;w:SnapToGridInCell/&gt;    &lt;w:WrapTextWithPunct/&gt;    &lt;w:UseAsianBreakRules/&gt;    &lt;w:DontGrowAutofit/&gt;    &lt;w:SplitPgBreakAndParaMark/&gt;    &lt;w:DontVertAlignCellWithSp/&gt;    &lt;w:DontBreakConstrainedForcedTables/&gt;    &lt;w:DontVertAlignInTxbx/&gt;    &lt;w:Word11KerningPairs/&gt;    &lt;w:CachedColBalance/&gt;   &lt;/w:Compatibility&gt;   &lt;w:BrowserLevel&gt;MicrosoftInternetExplorer4&lt;/w:BrowserLevel&gt;   &lt;m:mathPr&gt;    &lt;m:mathFont m:val="Cambria Math"/&gt;    &lt;m:brkBin m:val="before"/&gt;    &lt;m:brkBinSub m:val="&amp;#45;-"/&gt;    &lt;m:smallFrac m:val="off"/&gt;    &lt;m:dispDef/&gt;    &lt;m:lMargin m:val="0"/&gt;    &lt;m:rMargin m:val="0"/&gt;    &lt;m:defJc m:val="centerGroup"/&gt;    &lt;m:wrapIndent m:val="1440"/&gt;    &lt;m:intLim m:val="subSup"/&gt;    &lt;m:naryLim m:val="undOvr"/&gt;   &lt;/m:mathPr&gt;&lt;/w:WordDocument&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:LatentStyles DefLockedState="false" DefUnhideWhenUsed="true"  DefSemiHidden="true" DefQFormat="false" DefPriority="99"  LatentStyleCount="267"&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="0" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Normal"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="heading 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 7"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 8"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="9" QFormat="true" Name="heading 9"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 7"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 8"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" Name="toc 9"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="35" QFormat="true" Name="caption"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="10" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Title"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="1" Name="Default Paragraph Font"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="11" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Subtitle"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="0" Name="Body Text Indent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="22" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Strong"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="20" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Emphasis"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="59" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Table Grid"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" UnhideWhenUsed="false" Name="Placeholder Text"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="1" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="No Spacing"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" UnhideWhenUsed="false" Name="Revision"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="34" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="List Paragraph"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="29" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Quote"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="30" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Intense Quote"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3 Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid Accent 1"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3 Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid Accent 2"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3 Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid Accent 3"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3 Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid Accent 4"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3 Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid Accent 5"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="60" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Shading Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="61" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light List Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="62" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Light Grid Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="63" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 1 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="64" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Shading 2 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="65" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 1 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="66" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium List 2 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="67" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 1 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="68" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 2 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="69" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Medium Grid 3 Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="70" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Dark List Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="71" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Shading Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="72" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful List Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="73" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" Name="Colorful Grid Accent 6"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="19" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Subtle Emphasis"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="21" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Intense Emphasis"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="31" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Subtle Reference"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="32" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Intense Reference"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="33" SemiHidden="false"   UnhideWhenUsed="false" QFormat="true" Name="Book Title"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="37" Name="Bibliography"/&gt;   &lt;w:LsdException Locked="false" Priority="39" QFormat="true" Name="TOC Heading"/&gt;  &lt;/w:LatentStyles&gt; &lt;/xml&gt;&lt;![endif]--&gt;&lt;!--[if gte mso 10]&gt; &lt;style&gt; /* Style Definitions */ table.MsoNormalTable {mso-style-name:"Tabla normal"; mso-tstyle-rowband-size:0; mso-tstyle-colband-size:0; mso-style-noshow:yes; mso-style-priority:99; mso-style-qformat:yes; mso-style-parent:""; mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt; mso-para-margin:0cm; mso-para-margin-bottom:.0001pt; mso-pagination:widow-orphan; font-size:11.0pt; font-family:"Calibri","sans-serif"; mso-ascii-font-family:Calibri; mso-ascii-theme-font:minor-latin; mso-fareast-font-family:"Times New Roman"; mso-fareast-theme-font:minor-fareast; mso-hansi-font-family:Calibri; mso-hansi-theme-font:minor-latin; mso-bidi-font-family:"Times New Roman"; mso-bidi-theme-font:minor-bidi;}&lt;/style&gt; &lt;![endif]--&gt;  &lt;br /&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;La manzana de Poz. Capítulo veinte (y último). (Cont.) &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿No es, Ariadna, una mujer increíble, Juan?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Literalmente, José. Letra a letra…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -O sea, que, si no capto mal el retintín, no podemos creerla al pie de la ídem.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Ni podemos ni debemos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Luego hay misterio.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Como las meigas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Viéndoos en acción, con esa facilidad de comunicación que se traducía en un ritmo dialéctico casi frenético, he tenido la impresión de estar ante dos viejos amigos que, tras años sin verse, siguen manteniendo intacta su complicidad, que saben no solo de qué pie cojea cada uno, sino también de cuál calza…; me ha parecido algo tan extraordinario que, a su manera ha suplido con creces el mortecino escrutinio que mi torpe imaginación había sobredimensionado. Ya veo que, como no podía ser de otra manera, es más instructivo hablar con una persona que con sus libros…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Aquí viene que ni pintiparada una cita de Unamuno, aunque sea hecha con la infidelidad de una memoria tan devastada como la mía: &lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt;"&gt;Quien hable como un libro será incapaz de escribir un libro que hable como un hombre&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;, o algo muy parecido, pero ya ves que no estás solo, que es de lo que se trata: sentirse en buena compañía…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -A veces pienso, y lo digo por el concepto de &lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt;"&gt;desencajado&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt; que usaste antes, que ése, y no otro, ha sido mi mal: escoger los libros en vez de la vida. Tan convencido estaba de que necesitaba un cambio radical en mi carrera de escritor que lance al contenedor un diario en el que trabajaba, como es preceptivo, día sí y al otro también. Lo titulé, pomposamente, &lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt;"&gt;Diario de un artista desencajado&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;, y, con no poco desgarro del alma, lo dejé abandonado junto a un contenedor, ahí justamente, en esa esquina. Estaba tan inseguro de mí mismo que no tardé en arrepentirme y volver a rescatarlo, y no lo creerás, pero ¡había desaparecido! ¿Te imaginas, Juan? En menos de un cuarto de hora mi original había cambiado de manos como por arte de magia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Algún chamarilero…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¡O algún chamán…!, porque me sentí, desde aquel momento, como el destinatario de un particular vudú ejercido sobre mis paginas, en vez de sobre un muñeco de serrín o de paja.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Eso podría ser el germen de una narración…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿No te ha ocurrido a ti que lo que vives con una intensidad excepcional, con una emoción inefable, no lo consideras apto para trasladarlo al papel? Sé que es extraño lo que digo, porque parece dicho por el gusto de llevar la contraria, pero me es imposible convertir en literatura lo que me desborda emocionalmente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -En el verdadero escritor todo es alquimia…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Al principio, y esto sí que tenía ganas de decírtelo desde que nos conocimos, me imaginé que habías sido tú el ladrón…, bueno, el sustractor…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿…?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Me cogí un cabreo tremendo, y te miraba desde nuestro antiguo piso con verdadero resentimiento y mala leche, y hasta con un odio que me desconcertó, porque no te conocía en absoluto, y es difícil odiar de esa manera atroz aquello que se desconoce; pero luego, a medida que me fui calmando, le fui dando la vuelta a la situación, como si fuera un abrigo reversible, mi padre, por cierto, estaba orgullosísimo del que tenía y lo conservaba como una joya de la familia, y, al final, acabé justo en el punto contrario: agradeciendo que hubieras sido tú el depositario de mis locos devaneos de juventud, de mis risibles angustias de escritor novel y pretencioso… Ahí nació la corriente de simpatía y afecto que, desde la irrupción de Adriad…, ¡pero bueno, otra vez! ¡Se me enreda la lengua entre los dientes…! Pues eso, que desde que A-ri-ad-na, ¡ahora!, apareció en nuestras vidas, aquella corriente de afecto se ha transformado en lo que hoy es: auténtica amistad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¡Menuda imaginación, José! Ahí hay madera, desde luego… Con todo, una legítima vuelta de tuerca sería que hubiese sido nuestra querida A-dri-ad-na… –se mofó Poz con delicadeza y puntada con hilo– la que hubiese hallado ese diario y, tras su atenta lectura, y quién sabe si análisis, hubiera tomado la decisión de aparecer en nuestra manzana, hasta entonces tan tranquila, tan hecha al ritmo de los acontecimientos verosímiles y de los insospechados, porque esta manzana, como todas las del mundo, es una acabada muestra de la complejidad de lo real. No es que nada sea lo que parezca, sino que las apariencias nunca encubren la nada, sino misterios como viejos tesoros que no siempre se dejan encontrar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¡Imposible!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Qué seguridad…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Adriana llegó hasta mí a través de mi administrador, debido a su extraordinario interés por alquilar un piso, tu piso…, que no figuraba a nombre del inquilino, como podía leerse fácilmente en el contrato de arrendamiento, como tú bien sabes…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿…?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿…?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Has dicho que Adriana llegó hasta ti…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Parece que haya resuelto el trabalenguas a favor de Adriana, entones… Ariadna, quería decir, está claro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¡Ojalá!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿…?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Ojalá estuviera tan claro como tú dices. ¿Sabías que Ariadna y Adriana se parecen como las tópicas dos gotas de agua? ¿Sabías que cuando nos encontramos en el Roma me fue imposible creer lo que, al final, he acabado creyendo, que se trata de una coincidencia nada extraordinaria, como nos lo demuestran los dobles de famosos que, incluso, como los de Hemingway, participan en concursos para ser elegidos el &lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt;"&gt;auténtico&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt; doble del divo?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -De ahí, así pues, tus recelos, y tu estrategia…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¡Nada menos que estrategia!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¡A ver si no! Soy joven, Juan, pero no subestimes mi intuición…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -En modo alguno.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Poz…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El recurso al cognombre detuvo en seco, como una reconvención paterna, el ritual hipócrita de las disculpas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿Qué era, si no, ese cruce de floretes afilados que le cortaban las alas a una mosca en pleno vuelo? Tardé un poco en caer, pero al final lo hice con toda la impedimenta. Comencé a atar cabos y he tejido un hermoso tapiz cuyo tema central me vas a permitir que lo hurte a tu curiosidad, siquiera de momento…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Suena al &lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt;"&gt;continuará…&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt; de los viejos folletines por entregas, pero no me sorprende. Si algo he aprendido en este año sabático ha sido precisamente eso: la vida siempre tiene un &lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt;"&gt;continuará…&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;; siempre se nos presenta por entregas, a diferencia de la literatura,&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;o de la novela al menos, que exige un final, contraviniendo las exigencias del autentico realismo: no acabar la historia, dejarla en el aire, ofrecer un &lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt;"&gt;continuará…&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt; que no necesariamente será obra de quien llevó la historia hasta él.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Creo que te entiendo. La historia de mi propio diario sería un ejemplo de lo que dices, ¿no?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Así es.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Supongamos, un mero suponer…, que te hubieras quedado tú con aquellos papeles y que, sin otra cosa mejor que escribir en aquellos momentos, hubieras decidido darles continuación.., de eso hablamos, ¿no?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -De eso. El primer antecedente de esta actitud en nuestra literatura fue el enigmático Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, en cuyo &lt;i&gt;Libro de buen amor&lt;/i&gt; el poeta dejó escrito que quien supiera versificar podría añadir e incluso enmendar su obra, y la concluye pidiendo que el libro circule, que vaya de mano en mano, que llegue a todo el mundo que se preste, que ni se guarde ni se venda…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Anticapitalista total, el buen Arcipreste…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Evangelizador, diría yo… Con todo, ¡qué invectivas sabrosas no lanzaría hoy el Arcipreste contra&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;una Iglesia que ha convertido el cristianismo en artículo de consumo! Pequeño dejaría al Lazarillo e insignificante al pseudomaldito Goytisolo…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¡Si yo tuviera la certeza de que tú te hubieras quedado con mi diario! &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -La literatura, como la vida, es una suma de ambigüedades, no de certezas… En otro tiempo, el oscuro de ajado y deleznable malditismo, no hubiera dudado ni una milésima de segundo: dicho &lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt;"&gt;certeza&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;, hubiera improvisado, &lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt;"&gt;ipso&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt;"&gt;facto&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;, un juego conceptual con corteza, lleno de brillos de bisutería. Ahora, sin embargo, me complace prevenirte contra los fuegos de artificio de las juegos lingüísticos que solo impresionan a los ignaros. Ariadna tenía razón, en efecto: todo en la vida es retórica; pero, por eso mismo, no hay que empeñarse en sobrecargarla. Hay que dejar que la realidad respire a su aire, a su gusto, a su ritmo…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿Quieres decir que…?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Sí. Si tu diario ha caído en buenas manos, y manos cercanas, solo nos queda esperar que regrese, por sus pasos contados, como la realidad disponga que sea. Fabular cómo haya de ser ese regreso, si es que se produce, no nos conduciría sino a la insatisfacción, al desengaño, a la malenconía…, que se decía en un antes muy lejano… Tú renunciaste a él, como yo he renunciado a mi estúpido malditismo, y ese es el buen camino: la renuncia. La vida también está hecha de renuncias, sin duda. Y si la lección se aprende tan pronto como tú lo has hecho, se abre ante uno un prometedor futuro…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿Futuro! ¡Pero si nos estás anclando al presente sin perspectivas, al aquí y ahora, y nada más, denso como un aleph!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Tú lo has dicho: ahí está el epicentro de la felicidad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -No sé…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¡Ahí, ahí le has dado otra vez: &lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt;"&gt;no sé&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;! De eso se trata: de no saber, sino de ser, de ser y de estar que, aunque suene todo a paradoja barata y de pacotilla, no es, evidentemente, lo mismo. Hay una ebriedad del saber, como la hay del poder; y conviene desnudarlo, al saber, de sus pomposos y remilgados atributos, ponerlo en su lugar, y no dejarse intimidar ni por el uno ni por el otro, el poder:&lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt;"&gt; La razón no se doblega, las rodillas sí&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿Te importa si tomo nota de tu última frase?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -No es mía, José, como casi nada de lo que tengo, o de lo con que me acompaño. Es un lugar común del género aforístico que quizás no hayas frecuentado como deberías, tú que tan buena madera tienes de discípulo… Y si el Arcipreste era un prototipo de la obra abierta, Montaigne lo es del estudio del yo: la lectura de sus Ensayos es la principal cura de humildad en la procelosa República de las Letras, donde se decapitan méritos y necios como pollos en un matadero municipal…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿Y a ti, Tigre, bonito, qué te parece de estas disquisiciones a la luz de la luna y al frío de la estación? Tú levantas la pata, chorreas el árbol y te desahogas marcando el territorio…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -No lo provoques, porque este animal te responde y, además, para ponerte en tu sitio; no se anda por las ramas, como ves, sino a ras de tierra, bien anclado en ella… A veces tengo la impresión de que ha heredado una sabiduría telúrica que, como los viejos refranes, está hecha de estaciones, latidos, magnetismos y todo tipo de fenómenos climáticos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Sería lo propio, que se sumara a este coloquio de los perros con que le hemos dado la vuelta a la manzana…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Que también es reversible como el abrigo de tu padre…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Con qué atención escuchas Juan.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Con la del nuevo en el oficio, José.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -No te desmiento, pero no lo parece…, aunque lo de las apariencias y la realidad tratándose de ti, de Ariadna y de esta manzana, más vale ponerlo entre paréntesis, dejarlo en suspenso o simplemente renunciar a entenderlo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Mira cómo te observa Tigre.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿…?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Te dice que no te compliques la vida, que te limites a vivirla, independientemente de que la entiendas o no.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿Necesita trujamán?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Si hablase contigo, como lo hace conmigo, el único territorio que ibas tú a marcar, en justa correspondencia, serían las perneras del pantalón…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿Milagro o mitología?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Quizás prodigio…, hijo de su compasión. Tigre es un amigo severo que no te deja caer en la autocompasión. La huele y le repele, y te saca de ella con un par de frases que te clavan en el sentido común… He aprendido mucho de él, y espero que tú te beneficies de ese aprendizaje.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Yo, Juan, estoy dispuesto a aprender hasta del diablo…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Toda ayuda es poca.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿Devolvemos la fiera razonadora a su madriguera y nos retiramos?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Devolvamos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cumplida la vuelta a la manzana, los solitarios escritores llegaron al origen y mientras Mies intentaba retener no pocas ideas que consideraba trascendentales, Poz subió a Tigre para reintegrarlo a su casa habitada. Ariadna había dejado la puerta entreabierta y siguió con sus ocupaciones sin salir a recibirlos. Poz desató a Tigre y lo dejó a sus anchas, como si Ariadna lo hubiese cuidado desde que llegó al piso, pues tal era la naturalidad con que el can había aceptado la suerte de divorcio de mutuo acuerdo y&lt;span style="mso-spacerun: yes;"&gt;&amp;nbsp; &lt;/span&gt;la responsabilidad compartida que significaba su cuidado. Finalmente, cuando Poz ya enfilaba el camino de salida, la silueta de Ariadna se recortó, a contraluz, bajo el dintel de la puerta de acceso al salón y dejó caer un naturalísimo: &lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt;"&gt;¿te apetece quedarte?&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;, tan descuidado como efectivo. Poz se sintió cubierto por un sudor frío de pies a cabeza y se limitó a decir que José lo esperaba abajo. &lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt;"&gt;Como quieras, otro día&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;, se despidió Ariadna. &lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt;"&gt;Otro día, sí&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;, confirmó Poz con afectadísima naturalidad, y cerró la puerta tras él antes de desordenarse estrepitosamente y, perdidos los estribos, y sacado de todos los quicios, intentar hacer confesar a Ariadna que representaba una obra envenenada que lo estaba volviendo loco, una escena tan humillante para él que no le hubiera dejado volver a presentarse ante ella, por eso respiró profundamente y se congratuló de no haber cedido a su turbación.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿Todo bien?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Como la seda, dentro de lo que cabe… ¡o de lo que quepa!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Mies captó perfectamente que el &lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt;"&gt;cabe&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt; no era un cabo del que halar para seguir pegando la hebra, por más que la noche fría decembrina invitara a calentarse como lo habían hecho hasta entonces, con una conversación que exigía involucrarse en ella con ardor febril y juicioso sosiego al tiempo. Los dos hombres se retiraron en silencio hacia el oriente de la manzana, donde tenían su nuevo hogar, puesto que ambos los estrenaron casi al tiempo. Poz excusó la sobremesa de la cena con sus anfitriones debido al compromiso de la exigente labor que se había impuesto y que ya se acercaba al punto final, y cuyo heroico cumplimiento, jornada tras jornada, le parecía a la mujer de Poz, Marina, una obra maestra del compromiso y la más extravagante muestra de coleccionismo que había conocido, ella que tan amante era de abrir colecciones exóticas, como la de los sobres de azúcar de los bares, la de las cabeceras de diarios y de revistas o la de bolsas de pipas de girasol, entre otras muchas que sin duda Poz iría descubriendo en el transcurso de su armónica convivencia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;Sin embargo, Poz no secundó su proclamada iniciativa: estaba absolutamente ciego: se asomó a las ventanas del diario y rebotaba su mirada contra una pared que la desviaba hacia el otro lado del patio, donde seguía, sin enmascaramiento ninguno, las andanzas de Ariadna por la casa de ambos como en puridad debía considerarse, a juzgar por una hospitalidad que dejaba chico el concepto y abierta de par en par la puerta de entrada y salida y entrada y salida y entrada… De terraza a terraza de ambos pisos parecía que salvara el vacío del patio condominal un puente de oro por el que iban y venían con la valiente familiaridad de que había hecho gala Ariadna, y con la seguridad de que no se ultrajaba intimidad ninguna al presentarse unos y otros en la casa, para cada cual, del otro lado. La postrera invitación, además, hecha como de soslayo, como dando por sentado que ni era necesario hacerla, había conseguido impresionar tanto a Poz que no se veía en condiciones de clonar ni una sola hoja del ramillete de ellas con que había querido puntear su aventura realista.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%; mso-bidi-font-size: 13.0pt; mso-bidi-font-style: italic;"&gt;Nunca se había interrogado por el sentido de esa obligación que afrontaba con una pluralidad de ánimos y una multiplicidad de reacciones con las que podría escribirse un manual de etiología humana. Había decidido que era un contrapeso de su nueva fe de carbonero en lo real y así lo había mantenido hasta el presente, tan próximo ya al termino de la aventura: ninguna realidad más inventada que la recogida en los diarios. ¿Ninguna realidad más inventada que la recogida por él en su manzana? Ariadna le había dejado sin respuesta. Por primera vez en los doce meses de su reto, iba a dejar la redacción de la clónica para el día siguiente. Próximo a soltar la amarra para su nueva travesía de mentor anacrónico, el de por sí escaso interés de la realidad prensada se multiplicaba hasta hacerlo caer en la desidia contra la que había triunfado a lo largo de once meses y medio. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19755418-8608833474140800837?l=diariodeunartistadesencajado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/feeds/8608833474140800837/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19755418&amp;postID=8608833474140800837&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/8608833474140800837'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/8608833474140800837'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/2011/10/normal-0-21-false-false-false-es-x-none_31.html' title=''/><author><name>Juan  Poz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17503156474886831961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_u6w_IJ9Oots/SiEgEn1IS5I/AAAAAAAAACU/QX5Bv7W6OOA/S220/IMGP0156.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19755418.post-7603499169326107822</id><published>2011-10-25T21:02:00.001+02:00</published><updated>2011-10-25T21:05:05.386+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;La manzana de Poz. Capítulo veinte (y último). (Cont.) &lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¡Pero tú has triunfado, Juan!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿…?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¡Ya lo creo! –extravasó el joven novel la abundancia de entusiasmo que rebosaba su corazón, mayor aún&amp;nbsp; cuando oyó de labios de Poz, sin que esa mención le hiciera sospechar nada en absoluto, que se consideraba un artista desencajado por el dolor de la envidia del triunfo ajeno–. ¡Ariadna tiene razón, toda la razón! Y nosotros, ella y yo, somos los testigos afortunados de ese triunfo, ¿verdad, Ariadna?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Así es. No podemos, como se dice, “gritarlo a los cuatro vientos” para que estos esparzan en todas direcciones la extraordinaria nueva, porque perderías tu condición de autor secreto o, si lo prefieres maldito; pero José y yo nos sentimos orgullosos de ser, como él dice, testigos vivos de tu triunfo…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Si no habéis leído…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿Quién necesita leer nada de un maldito, querido Poz? Su reputación me parece tan establecida que pretender avalarla con la lectura de cualquier obra es tan ocioso como…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿Flaqueó la comparativa o el sentido del humor…?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¡Serás son…!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Adri…, digo Ariadna, tiene razón de nuevo. Te hemos oído, Juan, te hemos conocido, o te vamos conociendo, mejor dicho, y todo nos confirma, a los dos, que tu severa crítica al malditismo está hecha desde dentro, desde el único punto de vista que es legítimo hacerla. Yo sé que tú no me lo vas a dar, pero es consejo manido para los noveles como yo que han de escribir sobre lo que conozcan. Está claro, ¿no? &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Aceptamos que tu renuncia pueda suponer un distanciamiento, una fase autocrítica, e incluso una rebelión en toda regla contra lo que puede haber acabado convirtiéndose en un amaneramiento; pero tienes que admitir, Juan, que, vista desde fuera de ti, tu persona encaja de todas todas en lo que podemos entender, con todos los peros que se te ocurran, por un autor maldito. Yo apenas te conozco, aunque a veces tengo la impresión de que nos conocemos desde el paleolítico…; pero José, que te ha observado, diría yo que incluso con espíritu científico, puede dar razón, con los famosos pelos y señales, del triunfo de laurel que hemos ceñido a tus sienes…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -A laurel para una escabeche…, me suena a mí esta conjura loorosa…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿Has tomado nota, José? Lo que tú, por ti mismo, puedas aprender de él será lo que él te pueda enseñar y no hay más.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Vinimos para hacer un escrutinio cervantino y un poco más y acabamos escribiendo a tres voces una escurridiza teoría de lo literario para la que me temo que Tigre ha agotado su paciencia. Quizás debamos dejar para otra ocasión esa revisión de los anaqueles, ¿no te parece, Juan?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;-Ya sabes que puedes venir a revisarlos cuando te dé la gana, José –se adelantó Ariadna al mentor interpelado– Decirte: “esta es tu casa”, no es, en este caso, un juego de palabras, sino una hermosa realidad que me emociona haber podido conocer: ¡qué insospechados son los caminos de las relaciones humanas! ¿Quién me iba a decir a mí que a mi edad iba a acabar teniendo perro y tres amigos con quienes compartir mi casa y buena parte de mi vida de esta manera tan inaudita, a medio camino entre las viejas y enternecedoras comunas y los lejanos salones literarios de otros países y otras lenguas? Me tiene admirada, sobre todo, la naturalidad con que un profundo sentimiento familiar se ha apoderado de mí, como si se tratara de un hechizo… A veces pienso si, por obra de ese filtro mágico, no me he convertido en otra persona distinta cuya vida voy recuperando a cada momento, como si en esta nueva vida hubiera descubierto al Juan José a quien ya conocía, aunque ahora a los dos nos cueste reconocernos, como si nos doliera, ignoro por qué, sufrir la anagnórisis de la que habló Juan, la mitad del Juan José al que aún tengo que descubrir. Ahora estáis aquí y tengo la poderosa sensación de que formáis parte de este espacio desde siempre, que pertenecéis a él porque lo habéis impregnado de vuestra esencia. Sobre todo tú, Juan, pero no por haber vivido en él…; en fin, creo que estoy intentando hablar sobre lo inefable, de ahí mi fracaso… Con todo, quiero que sepas, Juan, que, tan gataza como he sido yo siempre, bendigo esta nueva experiencia de lo familiar y que, como empecé diciéndole a José, decirte que esta casa es tu casa es una obviedad como una catedral de grande, por eso has de saber que para ti está abierta día y noche, insisto, día y noche…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¡Te tomo la palabra! –levantó Poz, no sin gracejo, el índice como una espada que ponía a Ariadna contra la pared.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Yo te la doy –concluyó la mujer con una seriedad que confundió al joven novel.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿Soy testigo de bodas? –terció Mies, saliendo de su breve estupor, con la intuición de que no erraba el derrotero que había acabado tomando el diálogo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;La risa de Ariadna y de Poz, porque solo fue una, en distintos tonos, perfectamente acompasados, deshizo el deje de solemnidad que había acabado apoderándose de los circunstantes.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Lo que yo no sabía Adriadna… -se multiplicó la risa de los supuestos contrayentes– era que tenías las dotes de maga, hechicera, bruja, médium o lo que sea con que nos has hecho tu exhibición…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¡Huy, maga yo, por Dios!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿Cómo se explica, entonces, que hayas sabido que yo nací en esta casa, que en ella viví mi primer año de vida hasta que mis padres se trasladaron a otra, en otro barrio de la ciudad?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;De nuevo otro silencio, como los que puntean las melodías musicales para que estas alcancen sentido. El joven novel esperaba explicaciones. Poz miraba con incredulidad a la oferente hechicera y ésta colmó las medidas del asombro en la balanza de las sorpresas. Los tres tenían la aguda sensación de haber cerrado los ángulos de un triángulo escaleno al que el paso golpeaba oportunamente para transformarlo en uno isósceles.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Me dejas de piedra, José.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Ya somos dos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Pues conmigo vamos a parecer los tres un rincón de la Ciudad Encantada de Cuenca. ¿No serás conquense, verdad…?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Entonces no tendría mérito.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿Tu adivinación?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -No hombre, lo de quedarme de piedra…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; El humor blanco fue el mejor antídoto contra la escondida magia negra de Ariadna, pero tanto Juan como José tomaron buena nota del indudable misterio que acababan de presenciar, un potente imán que, en lo sucesivo, les atraería hacia aquella casa con la oculta esperanza de que lo extraordinario se manifestara en ella y los tuviera a ellos como agradecidos testigos. Imantados ya se sentían, desde que Ariadna se instaló hacía ya un par de semanas, pero la explícita invitación de la mujer a compartir no solo su vivienda, sino también su vida, había multiplicado la atracción.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; Cuando el lloriqueo de Tigre puso fin a la escena, desmintiendo el desenlace de que Ariadna se hubiera metamorfoseado en Éride, los dos hombres salieron a la calle con el apurado animal inmersos en un silencio solo comparable al del arrebato de los creadores, cuando suspenden la ejecución&amp;nbsp; de la obra y se sumergen en una dimensión distinta por completo de la realidad en la que se hallan. De repente la hoja, la pluma, la tablilla de metal, las piernas que con los pies apoyados en la mesa la sostienen, la mano que retiene la pluma y el resto del cuerpo y del estudio del creador desaparecen como si se enfrascara, con lógica redomada, en una severa reclusión voluntaria de la que no saldrá hasta que la continuación de lo que escribía fluya sola con la asombrosa naturalidad de la respiración acompasada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/19755418-7603499169326107822?l=diariodeunartistadesencajado.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/feeds/7603499169326107822/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=19755418&amp;postID=7603499169326107822&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/7603499169326107822'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/19755418/posts/default/7603499169326107822'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://diariodeunartistadesencajado.blogspot.com/2011/10/normal-0-21-false-false-false-es-x-none.html' title=''/><author><name>Juan  Poz</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17503156474886831961</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://2.bp.blogspot.com/_u6w_IJ9Oots/SiEgEn1IS5I/AAAAAAAAACU/QX5Bv7W6OOA/S220/IMGP0156.JPG'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-19755418.post-634442997309379345</id><published>2011-10-22T10:38:00.000+02:00</published><updated>2011-10-22T10:38:29.026+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;b&gt;&lt;span style="font-size: x-large;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;La manzana de Poz. Capítulo veinte (y último). (Cont.)&amp;nbsp; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Nos conviertes en los dioscuros, Ariadna…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿…?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Castor y Póllux, José –se anticipó Ariadna a “su” interlocutor, porque poco a poco el diálogo había dejado de ser a tres para convertirse en a dos teniendo a Mies casi como paradójica carabina, dada su juventud–, o Géminis, si te atrae la astrología.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Nada en absoluto.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Sin embargo, solo uno de los dos, a pesar de ser gemelos, era inmortal..&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Pues acaba de comparecer en el escenario Éride, con su famosa manzana, la de la discordia… -iluminó Poz a su tutorando con un expresivo retintín que fue acogido con una amplia sonrisa por Ariadna.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Imposible, Juan. Los dos hermanos jamás pelearon entre sí, aunque uno de ellos era un consumado pugilista, y sí que se ayudaron, sin embargo, para liberar a Helena de su primer secuestrador, Teseo, a quien mi tocaya en mala hora ayudó…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿Y como he de entender yo este pavoneo?, ¿como una introducción enigmática a &lt;i&gt;Las metamorfosis&lt;/i&gt;? Voy tomando nota mental, desde luego, pero no creo que retenga nada. A vosotros, sin embargo, se os ve muy puestos en la materia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¡Ah, las transformaciones! ¡Ese es el núcleo duro de la existencia! ¿Qué somos, sino cambio constante, mutación perpetua, metamorfosis continua? Ser, y dejar de ser. Aparecer y desaparecer y reaparecer…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; En ese punto del retorno fue donde Poz perdió pie, resbaló y cayó de bruces contra la divisa de Fabrizio Salina: cambiarlo todo para que nada cambie. Al pronto no recordó siquiera su propia narración, &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="line-height: 150%;"&gt;La gata parda&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;, pero no tardó en convencerse, cuando recaló en ella, de que en la materia helénica había algo más que trampa y cartón, y que Adriana había llevado muy lejos su osadía, o quizás era justo lo contrario: la había llevado hasta el punto exacto de maduración en que, entregada la vela del entierro de Ariadna, Poz debía corresponder con la excepcional actuación que se esperaba de él: saber y no saber, osar y no atreverse, despedirse acongojado y recibir alborozado, creer y descreer, oscilar entre la duda y la resolución, dar por sentado y sorprenderse, ir con pies de plomo o irrumpir como el lobo en el aprisco, intuir como el tahúr y cegarse como Eros… Todo menos un manual de instrucciones, a fe. Y le costaría mover las altas montañas que Ariadna había plantado ante él bien como un reto bien como una frontera cuya verdadera naturaleza aún estaba por determinar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -No hay yo al que agarrarse, así pues…; navegamos sin ancla y a la deriva…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Al contrario, José: son muchísimos los yoes a los que estamos en exceso apegados. Tantos son que buena parte de nuestra vida consiste en liberarnos de ellos, de su abrazo mortal, como se libera una serpiente de su piel muerta: son nuestra figuraciones.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿Y el mandato clásico: &lt;/span&gt;&lt;span style="line-height: 150%;"&gt;conócete a ti mismo&lt;/span&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;? ¿En qué queda? ¿En pura retórica?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Todo, José, en esta vida es &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span style="line-height: 150%;"&gt;pura retórica&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;, es decir, contradicción absoluta. De la retórica puede decirse cualquier cosa, menos que sea pura, ese es el único atributo que le está vedado. Y ella puede decirlo todo, incuso lo que puede considerarse su negación. Estoy convencida de que Juan pienso conmigo a ese respecto.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -¿Contigo o como tú?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Me temo, José, que Ariadna está haciendo honor a su nombre y ha decidido meternos en un laberinto de paradojas del que solo se puede salir como Alejandro cuando le plantaron ante sí el célebre nudo gordiano: cortando por lo sano.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="MsoBodyTextIndent2" style="line-height: 150%;"&gt;&lt;span style="font-style: normal; line-height: 150%;"&gt;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp;&amp;nbsp; -Tuyo se
